Una idea central...

Somos La Iglesia católica


Nuestra familia está compuesta por personas de toda raza. Somos jóvenes y ancianos, ricos y pobres, hombres y mujeres, pecadores y santos.

Nuestra familia ha perseverado a través de los siglos y establecido a lo ancho de todo el mundo.

Con la gracia de Dios hemos fundado hospitales para poder cuidar a los enfermos, hemos abierto orfanatorios para cuidar de los niños, ayudamos a los más pobres y menos favorecidos. Somos la más grande organización caritativa de todo el planeta, llevando consuelo y alivio a los más necesitados.Educamos a más niños que cualquier otra institución escolar o religiosa.

Inventamos el método científico y las leyes de evidencia. Hemos fundado el sistema universitario.

Defendemos la dignidad de la vida humana en todas sus formas mientras promovemos el matrimonio y la familia.

Muchas ciudades llevan el nombre de nuestros venerados santos, que nos han precedido en el camino al cielo.

Guiados por el Espíritu Santo hemos compilado La Biblia. Somos transformados continuamente por Las Sagradas Escrituras y por la sagrada Tradición, que nos han guiado consistentemente por más de dos mil (2’000) años.

Somos… La Iglesia católica.

Contamos con más de un billón (1’000’000’000) de personas en nuestra familia compartiendo los Sacramentos y la plenitud de la fe cristiana. Por siglos hemos rezado por ti y tu familia, por el mundo entero, cada hora, cada día, cada vez que celebramos La Santa Misa.

Jesús de Nazaret ha puesto el fundamento de nuestra fe cuando dijo a Simón-Pedro, el primer Papa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella» (Mt. XVI, 18).

Durante XX siglos hemos tenido una línea ininterrumpida de Pastores guiando nuestro rebaño, La Iglesia universal, con amor y con verdad, en medio de un mundo confuso y herido. Y en este mundo lleno de caos, problemas y dolor, es consolador saber que hay algo consistente, verdadero y sólido: nuestra fe católica y el amor eterno que Dios tiene y ha tenido por toda la creación.

Si has permanecido alejado de La Iglesia católica, te invitamos a verla de un modo nuevo hoy, visita www.catolicosregresen.org.

Somos una familia unida en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Somos católicos, bienvenido a Casa...

Contenido del Blog

La gran "apostasía" de La Iglesia

Por José Miguel Arráiz 

Tomado prestado de www.apologeticacatolica.org 

Si bien hay notables diferencias entre las distintas denominaciones protestantes, todas sin excepción han abrazado la teoría de que la Iglesia se fue corrompiendo paulatinamente cuando tradiciones “humanas” y falsas enseñanzas fueron poco a poco infiltrándose en la Iglesia cristiana al punto de desplazar las verdades contenidas en la Escritura. 

Es en esta situación donde Dios “decide” renovar la Iglesia refundándola en un nueva “Iglesia”, “grupo” u “organización que si es capaz de mantenerse fiel a la verdad, y no es casualidad que ellos afirmen ser ese grupo. 

Así, estos grupos no piensan ser cismáticos o apóstatas porque su fundador ha salido de la Iglesia Católica o de algún otro grupo salido de ella, sino “reformadores”. Si salieron de la Iglesia fue porque esta se “corrompió”, y si salieron de otra denominación cristiana es porque este también se “corrompió”. Es en este contexto donde se hace necesario una y otra vez “refundar” la Iglesia convirtiéndose así el cisma en un círculo vicioso que degenera en las miles de sectas y denominaciones protestantes como las conocemos hoy y que continúa en continuo crecimiento.

Pero si bien todos estos grupos pueden estar de acuerdo en esto, hay diferencias incluso en el momento en que ellos afirman que la Iglesia comenzó a deslizarse hacia la apostasía. Algunos son partidarios de ubicar esta corrupción en la Edad Media, otros a raíz de que el emperador romano Constantino el Grande concedió libertad de culto en el Edicto de Milán, y los más osados señalan una fecha mucho más temprana llegando incluso a ubicar su comienzo con la muerte del último apóstol. 

También hay diferencias en lo que ellos consideran “apostasía”. Para los adventistas por ejemplo, la apostasía comienza cuando la Iglesia deja de guardar el sábado como día del Señor y lo sustituye por el domingo. Para los testigos de Jehová comienza al abrazar doctrinas como la divinidad de Cristo y la Trinidad. Para los protestantes más tradicionales el argumento suele ser que la Iglesia olvidó que la salvación es “Solo por Fe” y se volvió pelagiana. Y así para cada denominación hay “algo” que la distingue sustancialmente de las otras y es la razón por la cual ellos -y no los otros- son la Iglesia “verdadera”. Por supuesto, todo esto condimentado con las típicas menciones a la inquisición, las cruzadas y la vida corrupta de algunos miembros del clero católico. 

Pero aunque esta “teoría” pueda ser fácilmente digerida por personas con algún grado de sentimientos anticatólicos, o inclusive con falta de preparación bíblica o histórica, lo cierto es que dicha interpretación se da de tortas tanto con la Biblia como con la historia. 

1. Se da tortas con la Biblia

Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia que es columna y fundamento de la verdad

Mucho de lo que sabemos de Jesús lo sabemos por medio del testimonio de la Escritura y es precisamente por ella que vemos a Jesús profetizando una y otra vez acontecimientos que estaban próximos a ocurrir, sin embargo, no solo no se puede encontrar ningún texto en la Escritura que analizado seriamente permita inferir ni que Jesús o los apóstoles pensaron que la Iglesia se corrompería al punto de deslizarse a una gran apostasía. Ocurre más bien lo contrario, toda la evidencia bíblica apunta en sentido contrario tal como veremos a continuación. 

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” Mateo 16,18 

En el pasaje anterior Jesús promete que las fuerzas del infierno no prevalecerían contra la Iglesia. Un protestante podría alegar que finalmente no prevalecerían porque vendría el fundador de su “iglesia” a reformarla y renovarla, pero no tiene mucho sentido interpretar estas palabras de esta manera, pues significaría que el mal prevaleció en la Iglesia por más de 16 siglos (en el caso de las sectas más recientes como testigos de Jehová, adventistas y mormones durante más de 18 siglos). ¿Cómo podría ocurrir esto a la Iglesia que la misma Biblia llama “columna y fundamento de la verdad? 

“pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad” 1 Timoteo 3,15 

¿Cómo podría Cristo que prometió estar con su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo permitir que la apostasía prevaleciera durante todos esos siglos en perjuicio de todas las personas que vivieron durante esa época? 

Es Jesús mismo quien ora para que la fe de Pedro, a quien entrega las llaves del Reino de los cielos, no desfallezca: 

“«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»” Lucas 22,31-32 

Es a la Iglesia a quien Jesús promete que les enviaría el Espíritu Santo para guiarlos a la verdad completa: 

“Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.” Juan 16,13 

¿Qué clase de guía hubiese sido una que solo duraría hasta que el último apóstol muriese? ¿Es sensato creer que el Espíritu Santo tomó unas “vacaciones por más de 1600 años hasta la venida de un tal Martín Lutero o Juan Calvino, por no mencionar líderes de sectas más recientes como Charles Rusell, Ellen White o José Smith?. 

Si esto fuera así, en vano Jesús mandó a la Iglesia a bautizar a todas las naciones y a enseñarles a guardar todo lo que Él les enseño, pues hubiese sabido que les terminarían enseñando una falsa doctrina. 

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»” Mateo 28,19-20 

Es la Iglesia Católica y no otra la que ha llevado el evangelio a todo el mundo. Y si algún grupo religioso intenta atribuirse la misma obra, bastará preguntársele donde estuvo los primeros 16 siglos de la historia cristiana. 

Es precisamente al estudiar la Biblia que encontramos la clara intención de los apóstoles de que la enseñanza de la Iglesia se mantuviera incorrupta de generación en generación, y para ello la orden era encontrar hombres fieles capaces de instruir a otros: 

“Tú, pues, hijo mío, mantente fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros.” 2 Timoteo 2,1-2 

Los malos cristianos dentro de la Iglesia – El trigo y la cizaña

Muchos de los protestantes que sostienen la teoría de la gran apostasía suelen citar en su favor la parábola del trigo y la cizaña, pues allí se dice que dentro de la Iglesia habría falsos cristianos: 

“Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” El les contestó: “Algún enemigo ha hecho esto.” Dícenle los siervos: “¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?” Díceles: “No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»” Mateo 13,24-30 

Pero que hayan y habrán falsos cristianos en la Iglesia no implica que la Iglesia apostataría y su doctrina se corrompería. Es precisamente este uno de los textos que permite mostrarles a los protestantes su error, sobre todo si se lee la explicación de la parábola que luego Jesús da a sus apóstoles: 

“Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.» El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. Mateo 13,26-43 

Obsérvese en primer lugar, que Jesús establece como un hecho que el trigo y la cizaña siempre estarán mezclados en la Iglesia. Siempre habrá mejores y peores cristianos. 

Obsérvese en segundo lugar, que esto no es excusa para dividir la Iglesia, pues cuando dice uno de los ciervos que van a recoger la cizaña, el dueño de la siembra contesta que la dejen crecer juntas no sea que al arrancar la cizaña arranquen también el trigo. Ya sería en el juicio final cuando Jesús enviará a sus ángeles y separará uno de los otros. 

Los mismos grupos protestantes que se dividen pensando fundar una Iglesia sin pecadores terminan descubriendo que dentro de ellos también hay pecadores, porque una Iglesia sin pecadores no existe. 

Lo que distingue a estos falsos cristianos

Pero si estudiamos todavía más a fondo la Escritura encontraremos que esta identifica precisamente a estos falsos cristianos con aquellos que con una actitud cismática abandonaron la Iglesia a fundar la propia: 

“Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.” 1 Juan 2,18-19 

El apóstol llega al extremo de llamar a los que abandonaron la Iglesia “anticristos” . No deja de resultar curioso que sectas como los testigos de Jehová, adventistas y mormones aplican esos textos a quienes abandonan sus filas, olvidando precisamente que sus respectivas denominaciones fueron fundadas por hombres que a su vez abandonaron sus antiguas denominaciones, cumpliéndose así el proverbio coloquial de “cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo” . Ellos fueron cismáticos al abandonar la Iglesia fundada por Cristo, y luego tienen el tupé de acusar de cismáticos a quienes les abandonan a ellos. 

En una ocasión hablando con un pastor protestante, este intentaba justificar las divisiones que aquejan al protestantismo alegando que eran beneficiosas porque había pluralidad y libertad de opiniones, pero la Escritura en cambio sostiene que son precisamente quienes dividen la Iglesia quienes carecen del Espíritu Santo: 

“En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu.” Judas 1,17-19 

Las divisiones son llamadas por el apóstol una “obra de la carne” al mismo nivel que las orgías, idolatrías, fornicaciones, etc. 

“Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.” Gálatas 5,19-21 

La orden dada a los cristianos era por el contrario mantener la unidad doctrinal: Un solo Señor, un solo bautismo y una sola fe: 

“Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos” Romanos 16,17 

“Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio” 1 Corintios 1,10 

Si el árbol se reconoce por su fruto, no puede ser el sistema protestante dividido hasta verse convertido en un monstruo de mil cabezas el legítimo representante de la Iglesia de Cristo. Se cumple así lo que había ya sido profetizado: 

“Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” 2 Timoteo 4,3-4 

Póngase a pensar la situación de hoy y compárela con lo que en ese texto se había profetizado: 

1. Miles de denominaciones que alegan ser la única iglesia verdadera mientras califica al resto de heréticas. 
2. Cada una con sus propios “maestros” que predica en base a su propio entendimiento de la Biblia. 
3. Las doctrinas en algunos casos son propiamente fábulas que terminan afectando la vida de miles de personas: Y si no vea el continuo ridículo que sectas como adventistas y testigos de Jehová han hecho profetizando el fin del mundo, la resurrección de los patriarcas, el juicio investigador, la coronación de Cristo en Octubre de 1914 y cualquier cantidad de disparates que usted se pueda imaginar. 

2. Se da tortas con la historia

Pero así como la teoría de la hipótesis de la gran apostasía de da de tortas con la Biblia, también se da de tortas con la historia. Quienes se animan a estudiar que creían aquellos que recibieron el evangelio directamente de sus apóstoles o sucesores se encuentran con la gran sorpresa de que los primeros cristianos profesaban doctrinas esencialmente iguales que las que profesan hoy los católicos. 

Incluso aquellos que optan por la teoría de que la apostasía ocurrió luego de Constantino se encuentran con el problema de que no hay cambios sustanciales entre lo que creían los cristianos antes y después de su reinado. 

La razón de que algunas sectas hayan ubicado la fecha de la apostasía en fechas tan tempranas como la muerte del último apóstol es que son incapaces de encontrar en un período de más de 1600 años un grupo de cristianos con cuyas doctrinas ellos puedan identificarse. No les queda otra alternativa que colocarles el saco de apóstatas, una actitud bastante arrogante, como si antes de ellos no hubo verdaderos cristianos. 

Así, si uno de sus adeptos se llega a encontrar con algunos textos patrísticos primitivos (Las cartas de Ignacio de Antioquía quien fue discípulo de los apóstoles Pedro y Pablo, la epístola de Clemente, quien fue a su vez ordenado por el propio Pedro, etc.), y se llega a dar cuenta de que ya allí se puede observar como estos cristianos creían doctrinas que ellos hoy rechazan, ya estarán condicionados para pensar que esto ocurre porque eran apóstatas. 

En pocas palabras, terminan haciéndoles creer que es más confiable la interpretación de las Escrituras del fundador de su organización, nacido miles de años después de Cristo, y que a su vez no conoció ni a Cristo ni a los apóstoles y se puso a leer la Biblia por cuenta propia, que la de aquellos que fueron enseñados por los propios apóstoles. Una forma de pensar a todas luces ilógica pero que el condicionamiento sectario logra imponer. 

Si alguien les objeta alegarán que “Dios revela sus secretos a los humildes” y los oculta a los “soberbios”. Allí se ve la enorme “humidad” que tienen al colocarse ellos en el lugar de los humildes y colocar a los primeros cristianos como apóstatas y soberbios. 

Le animo a comparar la fe de la Iglesia primitiva, inclusive siglos antes de Constantino con la que cree la Iglesia hoy y lo que creen estos grupos cismáticos: 

La Trinidad y la Iglesia primitiva 

La Eucaristía y la Iglesia primitiva 

El Primado de Pedro en la Iglesia primitiva 

La Tradición versus la Sola Escritura en la Iglesia primitiva 

La Salvación por la “Fe Sola” y la Iglesia primitiva 

El Sacramento de la penitencia y la Iglesia primitiva 

El bautismo de infantes en la Iglesia primitiva 

El purgatorio en la Iglesia primitiva 

El infierno en la Iglesia primitiva 

La virginidad de María en la Iglesia primitiva 

No se deje engañar por estas ideologías que inducen a los cristianos a apartarse de la única Iglesia fundada por Jesús. No se puede negar que entre ellos hay cristianos que sinceramente creen estar en la verdad, pero son víctimas de un sistema que les ha engañado y les convierte a su vez en herramienta para captar más prosélitos que aumenten el número de sus adeptos. 

Otros han sido tan contaminados con prejuicios que tienden a maximizar las cosas malas que escuchan de la Iglesia, en algunos casos llegando a propagar la leyenda negra, y al mismo tiempo son incapaces de reconocer lo bueno que es mucho (Ver Las buenas obras de la Iglesia Católica).

Francisco, un papa para el mundo

Por P. Robert Brisman


Todavía no salimos del asombro y la sorpresa que estamos siendo testigos de las palabras y acciones de nuestro recién elegido Papa Francisco.

Si no a todos, pero sí a una gran parte de la humanidad, nos sigue provocando un sinnúmero de comentarios las pocas intervenciones que nuestro pastor universal ha tenido desde el día 13, cuando fue elegido sucesor del apóstol Pedro.

A pocos días de su elección estamos descubriendo el norte de su pontificado y el que nosotros, sus ovejas aquí en la tierra, debemos de seguir y acompañarle; porque un pastor no es pastor si no tiene un rebaño que cuidar y guiar.

Desde el anuncio de su elección y presentación en el balcón del Vaticano, se le han endilgado un sinnúmero de acusaciones y señalamientos basados en la mentira. Mentiras que se han ido derrumbando con el mismo ímpetu que han ido apareciendo en la palestra pública.

Muchos de los que hacen opinión, creyentes y no creyentes, indiferentes, de otras confesiones religiosas, no han perdido la oportunidad para seguir diciendo cuantas barbaridades se les vienen a la mente. Se les nota que no tienen ni guardan la más mínima profesionalidad ética en el oficio del periodismo. El Papa acaba de decir que “el trabajo periodístico implica una atención especial de respeto a la verdad, bondad y belleza”. Quieren hacer de todo un espectáculo.

Mucho se ha hablado y se sigue hablando de que el recién elegido Papa Francisco, ahora sí, es el que va a poner a la Iglesia, -sobre todo la Iglesia jerárquica-, en su sitio. Es el que va a trabajar en las grandes y profundas reformas que necesita la curia vaticana. Es el que le va a enseñar a los jerarcas católicos cuál es el verdadero sentido del evangelio y que sean verdaderos testigos de Cristo en el mundo. Es el que va a conducir a la Iglesia a ser una Iglesia más cercana a los pobres.

Es el que va a poner a tono con los tiempos modernos una Iglesia “atrasada”, que a lo mejor “rescatará” el verdadero papel de la mujer dentro de ella; que cambiará el pensamiento o línea de la enseñanza sobre el aborto, el matrimonio sacramental de los homosexuales, la enseñanza sobre los divorciados vueltos a casar, el celibato sacerdotal, etcétera. Hay que entender que el Papa podrá cambiar lo que se pueda cambiar; pero la enseñanza moral del evangelio y la tradición de la Iglesia, es inmutable. Y lo es porque la Iglesia es depositaria de esa enseñanza, no su inventora; y el Papa es el fiel custodio y promotor de que así siga siendo. Los Papas no tienen autoridad para “reinventar o reescribir” el evangelio. La doctrina y la moral han sido dadas a la Iglesia por Cristo.

Bueno, todo aquel que esté pensando que el Papa Francisco será el Papa que cambiará el evangelio, que será el Papa que romperá con la enseñanza y tradición de más dos mil años de la Iglesia católica le recomiendo que busque de las mejores sillas que existen para que se siente y no se vaya a cansar esperando lo que no va a llegar.

Estos periodistas no saben ni se han dado cuenta de que estos temas no están en discusión dentro de la Iglesia. La Iglesia ha transmitido su enseñanza al respecto y aquel que no quiera asumirla en su caminar de fe, tiene todo el derecho a buscar otro camino; como también aquel que esté convencido de que esta es la enseñanza que tiene que seguir, aunque duela, encontrará su salvación. Cristo no vino a acomodarnos las cosas ni a decirnos que todo lo que hacemos está bien. El Papa Francisco ha dado señales, desde su trabajo pastoral en la Argentina y ahora, en las pocas intervenciones que ha tenido, de cuál es la línea de pensamiento y trabajo pastoral-eclesial que va a seguir. Él ha sido muy claro en recordarnos que la Iglesia no es suya, sino de Cristo. Cristo es el que va marcando el camino a seguir por inspiración del Espíritu Santo. Los que hablan de estas cosas en realidad demuestran que no conocen al Papa Francisco.

En su reciente audiencia con los medios de comunicación en la sala Pablo VI, el Papa dijo que “tuvo la inspiración de elegir el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, “hombre símbolo de la paz y de la relación positiva con lo creado”. ¿Qué le dice el Papa Francisco a la Iglesia? Nos recuerda ese deseo profundo de Cristo cuando mandó a sus discípulos a anunciar la buena noticia, recordándoles que debían de ser hombres de paz; que cuando entraran a una casa, que su saludo fuera “la paz a esta casa, y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos su paz. Y si no, ese deseo volverá a ustedes” (Lc 10, 5-7). El mismo Jesús, después de su resurrección, cuando se les aparecía a los discípulos, sus primeras palabras eran “la paz sea con ustedes”. La paz no es ausencia de guerra ni de conflictos. Tenemos que vivirla y experimentarla tal como Cristo nos la transmitió: como un don que nace en lo más profundo de nuestro interior; paz en medio de la tormenta, -dice la canción.

Pero, ¿esta paz es sólo para la Iglesia? ¿El mundo no necesita paz también? San Francisco de Asís es el santo de la paz. El Papa Francisco es el Papa de la paz. Pero esta paz también tiene que ser anhelo del mundo, que cada día más se enfrasca en una nueva guerra. El mundo no sabe ni quiere dialogar. Todo lo quiere hacer por medio de las armas, de las bombas nucleares. Las sociedades no quieren dialogar. Todos quieren imponer. Los gobiernos nos imponen a los pueblos sus criterios, sin tomar en cuenta el parecer de los pueblos; muchos son comerciantes de la verdad, la venden al mejor postor; como ejemplo, pensemos en la imposición que se está dando en muchas sociedades con la “nueva ideología de género”, ¿a base de qué se imponen? Y todo porque se quiere estar a tono con la modernidad. Muchos sabemos qué es lo que se mueve detrás de esos grupos de instituciones para poder lograr esas aberraciones en las sociedades, y algunas de ellas en donde la Iglesia católica tiene una fuerte presencia.

El mundo es creación de Dios. Todo cuanto existe viene de la mano de Dios; y Dios puso en nuestras manos la creación. Pero, ¿qué hemos hecho con la creación? ¿Qué tienen que decir las sociedades a esto? Sabemos muy bien cómo está avanzando el deterioro ecológico mundial. Sabemos del famoso calentamiento global, causado por el abuso que los humanos hemos hecho de ese “señorío” mal entendido.

Fijémonos qué actitudes asumimos en el maltrato al medio ambiente cuando tiramos basura a las calles. Miremos ahora lo que está sucediendo con el agua, cómo la desperdiciamos; bien dicen los expertos, que dentro de unos años más, la gran riqueza por la que la humanidad se peleará será por el agua, porque ese recurso natural y vital se está agotando, ¿y quién es el culpable? ¿La Iglesia? ¿El Papa? ¿Los obispos, cardenales, sacerdotes, diáconos, etcétera? No.

El Papa Francisco quiere una “Iglesia pobre para los pobres”. Este es el gran reto nuestro, ya que se funda en la misma enseñanza de Cristo, que “vino a anunciarles la buena noticia del evangelio a los pobres” (Lc 4, 18), pero no “solo” a los pobres. Este no es un anuncio “excluyente”, sino “incluyente”. Pero, ¿qué dice el mundo al respecto de los pobres? ¿Es la Iglesia la culpable de que halla en el mundo tantos pobres y pobreza? ¿Es la Iglesia la causante de la tanta hambre? ¿Es la Iglesia la culpable de que se haya preferido aumentar el uso de las armas y no alimentar a tantos seres humanos hambrientos? En nuestra sociedad, ¿es la Iglesia la culpable de que haya tantos hombres y mujeres deambulando por nuestras calles pidiendo unos centavos para subsistir? ¿Qué tienen que decir los gobiernos al respecto? Si la Iglesia tuviera los recursos que tienen los Estados, grandes obras haríamos en beneficio para la humanidad. Pero lamentablemente no es así. La Iglesia, con lo poco que tiene, hace importantes obras. Cierto que nunca serán suficientes, pero de brazos cruzados no está.

El Papa ha invitado a todos esos detractores de la Iglesia, a esos que quisieran ver una Iglesia adecuada a los criterios del mundo, a que se acerquen más para conocer su naturaleza, su camino y misión en el mundo; también con sus pecados. La Iglesia, como ninguna otra institución, ha reconocido y pedido perdón por sus fallos y pecados, y esto la engrandece. Las sociedades no pueden actuar como Pilatos cuando estaba interrogando a Jesús sobre la procedencia de “su Reino”.

El Reino de Cristo no es de este mundo, porque si fuera así no podría sanar a un mundo que está enfermo por el pecado de todos sus habitantes. Nadie puede “lavarse las manos” y hacerse el desentendido ante la problemática que nos aqueja en todos los estratos. En la Iglesia, con el Papa a la cabeza, estamos comprometidos con hacer de este mundo un verdadero y sano lugar de convivencia pacífica y más humano. Pero esto es tarea nada más nuestra. Es de todos los hombres y mujeres, creyentes y no creyentes.

Por todo lo dicho anteriormente, -y falta más-, me atrevo a decir y asegurar que, el Papa Francisco no es sólo un Papa para la Iglesia, sino también un Papa para el mundo.

Timo, superstición o idolatría


Por P. J. Gines - ReL

El padre Gareth Leyshon (www.drgareth.info) combina una amplitud de visión especial para examinar asuntos ligados al Reiki, “las energías espirituales” o la “Nueva Era”. Por un lado, es científico: doctor en Física. Por otro, es sacerdote católico de la diócesis de Cardiff,

Gales. Como asesor espiritual de la Renovación Carismática Católica en la diócesis no es ajeno a la exploración de lo sobrenatural. Y como capellán de la Universidad de Glamorgan conoce las inquietudes de los jóvenes en búsqueda espiritual.

Todo ello le ha llevado a analizar las terapias de sanación “Reiki” y a concluir que, independientemente de que parezcan sanar o no, son incompatibles con la fe cristiana.

Canalizar y sintonizar el ki

Aunque hay infinidad de maestros y grupos de Reiki, todos coinciden en unos elementos básicos:

-El Reiki consiste en manipular o canalizar una “energía espiritual” llamada ki (chi, en China; prana, en India) para lograr sanar o curar.

-Los practicantes de Reiki, aquellos que canalizan esta energía, deben ser iniciados por otros practicantes de nivel más elevado en un ritual de “armonización” o“sintonización” que usa símbolos (objetos, técnicas) secretos.

Como doctor en Física, el padre Leyshon comenta: “en el lenguaje de la Ciencia, energía tiene un significado preciso: puede ser medida y convertida de una forma a otra”.

Pero en su “Crítica Católica al Arte Sanador del Reiki”, Leyshon va directamente a lo pastoral, pensando en los cristianos que se sienten atraídos por el Reiki. “No voy a intentar identificar la realidad ontólogica del ki”, afirma, porque la ciencia necesitará un análisis serio y empírico para dar una conclusión, para saber si cura o no cura y por qué. Pero las posibilidades son claras:

1) Si el ki no existe, si no hay evidencia de su existencia, cualquier intento de manipularlo es una superstición, “un pecado según el artículo 2111 del Catecismo de la Iglesia Católica”.

2) Si se encontrase evidencia de que hay propiedades curativas en el cuerpo humano que la medicina occidental desconoce, y se le llamase a eso “ki” y se pudiese manipular, sería una propiedad física, como otras de la ciencia, sin mayores problemas morales. Pero esto no se ha establecido, y los practicantes de Reiki no hablan del ki como algo físico, sino espiritual. Incluso cuando dicen que es algo “natural” no quieren decir que sea sólo físico, porque en las filosofías orientales no hay clara distinción entre lo natural y lo sobrenatural.

3) Hay quien dice que el ki y su manipulación, el Reiki, es algo espiritual, no físico, y que viene de Dios; pero el padre Leyshon considera que no se puede probar que venga de Dios, que podría venir de fuentes demoníacas, y que ya tan sólo arriesgarse a una manipulación así sin la seguridad que da la Revelación ya es pecado de “tentar a Dios”. Y más, existiendo en el cristianismo los sacramentos, los sacramentales y la oración por los enfermos.

“En ningún sitio la Escritura nos enseña a canalizar energía como hace el Reiki y suponer que Dios nos asistirá de una forma que Él no ha revelado que sea voluntad suya es un pecado de tentar a Dios”, escribe el capellán de la universidad galesa.

4) Incluso si el ki no tuviese que ver con actividad demoníaca sino con un poder psíquico especial, el Catecismo lo prohíbe en su punto 2117, porque consistiría en “domesticar poderes ocultos para colocarlos al propio servicio y tener un poder sobrenatural sobre otros, aunque sea para restaurar su salud” (según describe el Catecismo).

De todas formas, el padre Leyshon recuerda que la inmensa mayoría de practicantes de Reiki admite que lo que hacen es canalizar hacia sus clientes/pacientes una “energía espiritual que viene de más allá de ellos mismos”, no creen que sea una habilidad psíquica propia.

¿Rituales de enlace? Eso es idolatría

Más aún: para ser practicante de Reiki hay que pasar un ritual de iniciación. Hay autores, como Diane Stein en su libro “Essential Reiki”, que aseguran que en los niveles elevados de Reiki se “invocan” maestros espirituales, “guías”, seres no visibles pero que conducen al practicante. Evidentemente, esto es invocación de espíritus, algo prohibido por el cristianismo, haya o no espíritus o demonios que respondan o no a la llamada.

Pero incluso en el primer nivel del Reiki, el hecho de que sea necesario un ritual para “sintonizarse” o “entrar en armonía” demuestra que no se trata de una simple terapia. Usar rituales para “enlazar” (es decir, “religión”, del latin “religare”) es una actividad religiosa, y una actividad religiosa sin el Dios cristiano es paganismo o idolatría, incompatible con el cristianismo.

Lo que dicen los exorcistas

Más allá de la teoría, como asesor de la Renovación Carismática y estudioso de la temática, el padre Lesión tiene evidencias por el trabajo de exorcistas diocesanos y equipos de oración de liberación de que personas sometidas a un “toque curativo”, que era Reiki aunque a veces no se dijese al paciente, luego han mostrado síntomas de actividad demoníaca en grado de “opresión”. 

El sacerdote cita sobre esto los casos del manual Deliverance from Evil Spirits, de Francis MacNutt, y Deliverance from Evil Spirits, de Scanlan & Corner; todos ellos autores católicos con experiencia en el tema. Leyshon insiste en que esta apertura a lo demoníaco “es una vulnerabilidad, no una certeza, para aquellos que se exponen de esta forma”.

El enfoque pastoral

Aunque como doctor en física al padre Leyshon le podría tentar decir simplemente a sus feligreses o a los chicos de la universidad que “según la Ciencia no hay evidencia alguna de que exista esa energía ki”, no siempre será la respuesta pastoral más eficaz.

“Los pastores pueden prescindir del tema de si el Reiki funciona o no y de cuál es su mecanismo, simplemente insistiendo en que los cristianos estamos comprometidos a no buscar ninguna fuente espiritual que no sea el Dios Trino y Uno, quien no ha revelado que el Reiki sea una forma de administrar Su Poder”.

Menos prohibir y más sanar


“Oponerse al Reiki puede ser una oportunidad para evangelizar: hay que poner menos énfasis en lo prohibido y más en el verdadero poder sanador de Cristo, al que se puede acceder con los sacramentos, a través de los mecanismos de cuidado pastoral de la comunidad y mediante ministerios de oración de sanación explícitamente cristianos”, propone.

También recomienda la confesión sacramental para reparar el contacto con el Reiki,  incluso si por ignorancia no hubo pecado formal. Propone que “el confesor debe estar listo para orar por liberación de influencias espirituales opresivas –algo que puede hacerse de forma inaudible- usando las directivas actuales del Vaticano, si hay evidencias de ‘obsesión’, a menudo en forma de una tentación recurrente en un área particular” (se remite al Canon 1172 del código de 1983, “interpretado a la luz de la carta de Doctrina de la Fe de 1985 Inde ab aliquot annis). Casos más complejos que esos, recuerda, “están reservados al exorcista diocesano”.

La misa y el dinero

En misa, abundan las lecturas sobre adorar sólo a Dios, o sobre el poder curador de Cristo: estas son ocasiones para hablar contra el uso del Reiki, comenta Leyshon.

Y el sacerdote plantea un punto más inquietante que lo demoníaco: ¡el dinero!Si un parroquiano está realizando prácticas de Reiki y otras terapias “sanadoras” para ganarse la vida o redondeando ingresos en su farmacia, tienda de flores o de perfumes… ¿le puede ofrecer la comunidad cristiana apoyo económico o laboral que le facilite abandonar esa línea de negocio, que en época de crisis puede ser crucial? 

En cuanto al trato con las autoridades civiles, considera que la mejor estrategia es conseguir que éstas obliguen a etiquetar al Reiki en publicidad y folletos como una “práctica espiritual”, no una terapia.

Y a los cristianos, insistirles: no deben acudir a ningún poder espiritual que no sea Jesucristo el Salvador, Dios Padre bueno y el Espíritu Santo, la Santa Trinidad.

La elección de un nuevo Papa

Por Mons. Francisco José Arnaiz S.J.


La elección de un nuevo Papa se hace hoy de acuerdo a la Constitución “Universi Dominici gregis” promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996. Los dos Cónclaves anteriores obedecieron a la Constitución “Romano Pontifici eligendo” promulgada el 1 de octubre de 1975 por Pablo VI, tres años antes de morir.

Al redactar Juan Pablo II la nueva constitución escribió en el proemio de ella que la razón que le movía a ello no era la poca estima de las normas existentes sino por lo contrario el deseo de confirmarlas substancialmente, la conciencia del cambio de situación que hoy vive la Iglesia; y la necesidad de tener presente la revisión hecha de la Ley canónica en el nuevo Código de Derecho canónico tanto en la Iglesia Occidental como en la Oriental.

En toda lectura es muy importante saber leer entre líneas. Leyendo así la Constitución Universi Dominici gregis de Juan Pablo II, uno percibe que todo apunta ante todo a lograr un profundo recogimiento espiritual y un aislamiento total en orden a promover un fuerte ambiente de seriedad, de concentración a lo que han sido llamados (elección de un nuevo Papa), y de libertad e independencia al margen de toda interferencia, influencia o presión ajena (eclesial o civil; de poderes públicos o de los medios de comunicación). Y se entiende finalmente que se prohíba durante el cónclave a los cardenales el uso de celulares, radio y televisión y el acceso a todo tipo de prensa.

Se entiende así que durante el cónclave se conceda tanto tiempo a orar. A orar en común todos ellos y a orar y meditar personalmente. A orar que es ponerse en comunicación con Dios para hablarle y escucharle, para expresarle nuestras dudas, perplejidades y deseos y para conocer su voluntad y pedirle poder cumplirla. Se entiende también que se conceda tiempo a pensar, a reflexionar cada uno consigo mismo, en recogimiento y soledad; sobre los problemas existentes y el papel de la Iglesia en ellos y sobre las cualidades que debe tener el que sea llamado a ser Pastor Universal, y que se conceda tiempo a intercambiar seriamente ideas sobre la situación del mundo y de la Iglesia y sobre los retos de la Iglesia ante el mundo actual en el que está inserta.

Se entiende también que se prohíba durante el cónclave el uso de celulares, radio y televisión; y acceso alguno a la prensa; y que un religioso de probada espiritualidad, al entrar en el cónclave, haga a todos los cardenales electores una exhortación espiritual.

Los cardenales, a la hora de votar, lo único que deben buscar es la gloria de Dios y el mayor bien de la Iglesia y de la humanidad, Palpita en toda esta dinámica el hondo principio de San Ignacio de Loyola: “Hay que poner todos los medios humanos como si no existiesen los divinos y después confiar solamente en los divinos como si no hubieran sido puestos los humanos”.

Para la elección del nuevo Sumo Pontífice se procederá así. Ya en la Capilla Sixtina y cada Cardenal en su sitio, el eclesiástico, escogido para esta misión les hará una exhortación espiritual. En ella les hablará de la grave función que les incumbe y cómo deberán actuar con rectísima intención, para bien de la Iglesia Universal y teniendo presente solamente a Dios”.

Concluida la plática, los Cardenales harán un juramento. En él prometerán, se obligarán y jurarán observar todo lo prescrito en la Constitución vigente para elegir el Sumo Pontífice; desempeñar fielmente (aquel que sea elegido) su ministerio petrino de Pastor Universal; consolidar y defender íntegra y decididamente los derechos espirituales y temporales, y la libertad de la Santa Sede; observar seriamente el secreto respecto a todo lo que se refiere a la elección; y no prestar apoyo a interferencia alguna de favor, de oposición o de cualquier forma con que la autoridad civil de cualquier orden o grado o de cualquier grupo o personas que quisieran inmiscuirse en la elección del Pontífice.

Los reporteros y analistas de los Medios de Comunicación social, en su afán de lucirse y adquirir méritos ante las empresas que representan y a las que sirven, o deseando hacer esto con la mejor voluntad, es natural que se rebelen contra la prohibición de su presencia en el lugar de las elecciones y contra el secreto impuesto.
Uno, sin embargo, intuye el caos que se produciría en la Capilla Sixtina o en otro lugar si se dejase entrar a ella a esa variopinta multitud de camarógrafos, filmadores, entrevistadores y cronistas sociales e intuye el entorpecimiento que supondría para una elección seria, libre y personalmente responsable de los cardenales electores el bombardeo sobre ellos de las cábalas, conjeturas y suposiciones sesgadas de los que se llaman y son llamados observadores y analistas.

Llegado ya el momento de la elección, esta tiene tres momentos: el pre-escrutinio, el escrutinio y el postescrutinio.

En el preescrutinio se hacen rápidamente dos operaciones: entregar a cada uno las papeletas de votación y echar a suerte entre todos los Cardenales presentes la elección de tres escrutadores, de tres que se encargarán de recoger el voto de los cardenales enfermos que estén en sus habitaciones y de tres revisores.

El escrutinio abarca tres operaciones: la votación de cada Cardenal depositando su voto en la urna colocada sobre el alta; la mezcla y conteo de todos los votos depositados y la proclamación del número de votos depositados.

La votación se realiza así: cada uno de los Cardenales, por orden de precedencia, después de haber llenado su papeleta y haberla doblado, teniéndola en alto de modo visible, la lleva hasta el altar sobre el cual está la urna. Llegado allí pronuncia su juramento: “Pongo por testigo a nuestro Señor Jesucristo, que me ha de juzgar, que mi voto ha sido dado a aquel que según Dios debe ser elegido. Y, dicho esto, introduce su voto en la urna, hace una inclinación al altar y retorna a su lugar. Si el número de papeletas depositadas en la urna no coincide con el número de Cardenales electores, la votación es nula y se procede a una nueva votación o escrutinio.

El Tercer momento o “postescrutinio” comprende tres operaciones: conteo de los votos que cada Cardenal votado ha obtenido; reconocimiento de esos votos por parte de los revisores; y quema de los votos. Si algún Cardenal ha obtenido dos tercios de los votos emitidos, la elección es canónicamente válida. Si nadie los ha obtenido, no hay elección de Papa y hay que proceder a una nueva elección.

Las votaciones deberán ser hechas todos los días por la mañana y por la tarde después de las celebraciones de las sagradas funciones y rezos establecidas en el Ordo rituum Conclavis. Tanto por la mañana como por la tarde se harán siempre dos votaciones.

Si en los tres primeros días no se ha llegado a la elección del Papa, se suspenden las votaciones por un día como máximo y se dedica ese día a orar intensamente, a hablar los cardenales entre sí y a escuchar una exhortación espiritual que la hará el Primer Cardenal Diácono (los cardenales están divididos en tres órdenes: Cardenales diáconos; presbíteros y obispos). El primero quiere decir el más antiguo en haber sido electo Cardenal de todos los Cardenales diáconos.

Concluida esta pausa, se reemprenden las votaciones. Si al cabo de siete votaciones, todavía ninguno ha obtenido las dos terceras partes de los votos, se vuelven a suspender las votaciones y se vuelve a orar, a intercambiar pareceres y a escuchar una nueva exhortación espiritual dictada esta vez por el Primer Cardenal Presbítero.

Si concluidas esas siete votaciones, no se ha logrado aún la votación del Papa, de nuevo se hace una pausa para orar, intercambiar pareceres y oír ya la última exhortación espiritual que la hará el Primer Cardenal Obispo.

A partir de este momento ya no se requerirán las dos terceras partes sino que bastará la mayoría absoluta. Los Cardenales escogerán uno de dos modos posibles de hacer esta elección por mayoría absoluta: o votando teniendo presentes a todos los posibles candidatos, o limitándose en la votación a aquellos dos que en la votación última hubieren obtenido el mayor número de votos.

Al que salga elegido, en esta última fase o anteriormente, Juan Pablo II en su Constitución “Universi Dominici gregis”, le RUEGA que no renuncie al cargo al que ha sido llamado por temor sino que se someta humildemente al designio divino y añade textualmente: “Dios, al poner sobre sus hombros tal carga, lo sostendrá con su poder para que sea capaz de soportarla y al darle esa misión le llenará de su fortaleza para que no sucumba ante su magnitud ”.

Consumada ya canónicamente la elección, el Camarlengo o el primero de los Cardenales por orden y ancianidad, en nombre de todo el Colegio Cardenalicio, le preguntará: “¿Acepta su elección canónica a Sumo Pontífice?”, Y oído su consentimiento le interrogará: “¿Y cómo quiere ser llamado?”.

En el caso de que el que hubiere sido elegido careciese del carácter episcopal deberá ser previamente ordenado Obispo.

Realizadas ya todas las formalidades, los Cardenales ofrecerán al electo su voluntad y compromiso de lealtad y obediencia. Al mismo tiempo, el primero de los Cardenales Diáconos anunciará al pueblo romano y a todo el mundo la elección hecha y el nombre que usará el nuevo Pontífice. Y este desde la Logia de la Basílica Vaticana impartirá “urbi et orbi”, a la ciudad de Roma y al mundo entero” su Bendición Apostólica”.

''Rasguen su corazón y no sus vestidos''


Mensaje de Cuaresma del papa Francisco, como arzobispo de Buenos Aires, el Miércoles de Ceniza, escrito el 13 de febrero de 2013, cuando ya el Papa Benedicto había anunciado su renuncia dos días antes.

Poco a poco nos acostumbramos a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor y en nuestra propia carne. El drama está en la calle, en el barrio, en nuestra casa y, por qué no, en nuestro corazón. Convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos en tantos países del mundo. Convivimos con la envidia, el odio, la calumnia, la mundanidad en nuestro corazón. El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos más frágiles no nos son tan lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como la droga, la corrupción, la trata de personas - incluso de niños - junto con la miseria material y moral son moneda corriente. 

La destrucción del trabajo digno, las emigraciones dolorosas y la falta de futuro se unen también a esta sinfonía. Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan fuera de este gran panorama. Los egoísmos más personales justificados, y no por ello más pequeños, la falta de valores éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las familias, en la convivencia de los barrios, pueblos y ciudades, nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades destructoras.

La trampa de la impotencia nos lleva a pensar: ¿Tiene sentido tratar de cambiar todo esto? ¿Podemos hacer algo frente a esta situación? ¿Vale la pena intentarlo si el mundo sigue su danza carnavalesca disfrazando todo por un rato? Sin embargo, cuando se cae la máscara, aparece la verdad y, aunque para muchos suene anacrónico decirlo, vuelve a aparecer el pecado, que hiere nuestra carne con toda su fuerza destructora torciendo los destinos del mundo y de la historia.
La Cuaresma se nos presenta como grito de verdad y de esperanza cierta que nos viene a responder que sí, que es posible no maquillarnos y dibujar sonrisas de plástico como si nada pasara. Sí, es posible que todo sea nuevo y distinto porque Dios sigue siendo “rico en bondad y misericordia, siempre dispuesto a perdonar” y nos anima a empezar una y otra vez. Hoy nuevamente somos invitados a emprender un camino pascual hacia la Vida, camino que incluye la cruz y la renuncia; que será incómodo pero no estéril. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos.
En este día, son fuertes y desafiantes las palabras del profeta Joel: Rasguen el corazón, no los vestidos: conviértanse al Señor su Dios. Son una invitación a todo pueblo, nadie está excluido.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una penitencia artificial sin garantías de futuro.

Rasguen el corazón y no los vestidos de un ayuno formal y de cumplimiento que nos sigue manteniendo satisfechos.

Rasguen el corazón y no los vestidos de una oración superficial y egoísta que no llega a las entrañas de la propia vida para dejarla tocar por Dios.

Rasguen los corazones para decir con el salmista: “hemos pecado”. 

“La herida del alma es el pecado: ¡Oh pobre herido, reconoce a tu Médico! Muéstrale las llagas de tus culpas. Y puesto que a Él no se le esconden nuestros secretos pensamientos, hazle sentir el gemido de tu corazón. Muévele a compasión con tus lágrimas, con tu insistencia, ¡importúnale! Que oiga tus suspiros, que tu dolor llegue hasta Él de modo que, al fin, pueda decirte: El Señor ha perdonado tu pecado.” (San Gregorio Magno) 

Ésta es la realidad de nuestra condición humana. Ésta es la verdad que puede acercarnos a la auténtica reconciliación… con Dios y con los hombres. No se trata de desacreditar la autoestima sino de penetrar en lo más hondo de nuestro corazón y hacernos cargo del misterio del sufrimiento y el dolor que nos ata desde hace siglos, miles de años… desde siempre.

Rasguen los corazones para que por esa hendidura podamos mirarnos de verdad.

Rasguen los corazones, abran sus corazones, porque sólo en un corazón rasgado y abierto puede entrar el amor misericordioso del Padre que nos ama y nos sana.

Rasguen los corazones dice el profeta, y Pablo nos pide casi de rodillas “déjense reconciliar con Dios”. Cambiar el modo de vivir es el signo y fruto de este corazón desgarrado y reconciliado por un amor que nos sobrepasa.
Ésta es la invitación, frente a tantas heridas que nos dañan y que nos pueden llevar a la tentación de endurecernos: Rasguen los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena la suavidad de la ternura de Dios.

Rasguen los corazones para sentir ese eco de tantas vidas desgarradas y que la indiferencia no nos deje inertes.

Rasguen los corazones para poder amar con el amor con que somos amados, consolar con el consuelo que somos consolados y compartir lo que hemos recibido.
Este tiempo litúrgico que inicia hoy la Iglesia no es sólo para nosotros, sino también para la transformación de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra Iglesia, de nuestra Patria, del mundo entero. Son cuarenta días para que nos convirtamos hacia la santidad misma de Dios; nos convirtamos en colaboradores que recibimos la gracia y la posibilidad de reconstruir la vida humana para que todo hombre experimente la salvación que Cristo nos ganó con su muerte y resurrección.
Junto a la oración y a la penitencia, como signo de nuestra fe en la fuerza de la Pascua que todo lo transforma, también nos disponemos a iniciar igual que otros años nuestro “Gesto cuaresmal solidario”. Como Iglesia en Buenos Aires que marcha hacia la Pascua y que cree que el Reino de Dios es posible necesitamos que, de nuestros corazones desgarrados por el deseo de conversión y por el amor, brote la gracia y el gesto eficaz que alivie el dolor de tantos hermanos que caminan junto a nosotros. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande». (San Juan Crisóstomo)
Este año de la fe que transitamos es también la oportunidad que Dios nos regala para crecer y madurar en el encuentro con el Señor que se hace visible en el rostro sufriente de tantos chicos sin futuro, en la manos temblorosas de los ancianos olvidados y en las rodillas vacilantes de tantas familias que siguen poniéndole el pecho a la vida sin encontrar quien los sostenga.
Les deseo una santa Cuaresma, penitencial y fecunda Cuaresma y, por favor, les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Sede vacante ¡Küng for Pope!

Cortesía de Hispanidad (Eulogio López - eulogio@hispanidad.com)


Hasta los más vaticanólogos aproximadamente bien pensantes, o sea, que piensan de vez en cuando, elaboran el retrato robot del Papa que necesita la cristiandad. Todo ello por el bien de la Iglesia, como pueden imaginarse. Digo yo que sería más eficiente implorar al Santo Espíritu, que es el encargado de elegir a su lugarteniente, pero, claro, tampoco podemos caer en una postura lamentablemente integrista. Ya lo dijo el genial Goscinny: esto de que los dioses se comporten como si fuesen amos tiene que acabarse. Que se atengan, como todo quisqui, a los procedimientos democráticos.

Por tanto, los vaticanistas -los bien pensantes, claro; los otros, modestos ellos, tan modestos como don Hans, sólo buscan un antipapa- deben preocuparse, antes de nada, en asesorar a los cardenales electores acerca del tipo de Pontífice que la Iglesia necesita en estos momentos. En España la cosa es sencilla: todo ibero lleva dentro un obispo y un seleccionador nacional de fútbol. Todo carpetovetónico, sabe, con certeza, qué es lo que está bien y lo que está mal, así como la alineación que, indubitablemente, se hará con el título en el próximo Mundial de Río. Por tanto, lo de decidir quién es el papable más adecuado está chupado. 

Pero fuera podría darse una menor capacidad de discernimiento hispano. Por esa razón, atengámonos a la sabiduría, virtud ésta que siempre nos adviene de la mano de la humildad. Si ustedes leen el artículo de Hans Küng (en la imagen), ¿Una ‘primavera vaticana’?, ecuánime pieza del mejor periodismo, publicada en el más ecuánime de los diarios en materia eclesial -El País- descubrirán ustedes, no el tipo de Papa que la Iglesia necesita, sino el personaje mismo. Desde estas pantallas, pido a los cardenales electores que elijan al teólogo Küng Papa de Roma. No lo duden: es el Pontífice que Iglesia necesita. Estoy seguro de que si entronizamos al profeta Hans conseguiremos la primavera vaticana, incluso con menos muertos que la Primavera Árabe, porque el Vaticano es pequeño (aunque la cristiandad es grande, no sé, no sé).

Además, de este modo, se logra encauzar el controvertido dogma de la infalibilidad pontificia. Es de todos conocido que, en su inefable modestia, Küng nunca ha querido ser Papa para no perder el don de la infalibilidad que adorna su figura, y que, en su caso particular, más que don es conquista. Vamos, que todo el mérito es suyo.

Su primera encíclica -¿quién puede dudarlo?- de Pedro II -¡qué menos!- llegaría, por procedimientos estrictamente racionales y científicos, a la conclusión de que Dios no existe y el verdadero Dios es el hombre. La autoridad teológica y patrística -sobre todo patrística- más citada en la primera encíclica del nuevo Papa Küng, sería, naturalmente, la cumbre de la filosofía contemporánea: José Luis Rodríguez Zapatero.
Más ventajas. Si nombramos a Küng armará tal zapatiesta que el Nuevo Orden Mundial (NOM) dejará en paz a los católicos, más que nada porque los únicos católicos que quedarán estarán en la catacumbas: ¡Küng for Pope, please!

Posdata: Me sigo divirtiendo una barbaridad con todas las tontunas que se dicen y escriben sobre el cónclave, pero no me divierto nada con la lentitud en el proceso de elección de un hombre que, insisto, además de Papa, está llamado a ser mártir. Es el “rien va plus”.

Jorge Mario Bergoglio: las sectas y la Nueva Era

Tomado de Infocatólica

Desde hace unos días, el argentino Jorge Mario Bergoglio es el nuevo Papa, sucesor de San Pedro, con el nombre de Francisco. Antes de llegar a la sede de Roma, fue obispo auxiliar de Buenos Aires desde 1992, y arzobispo desde 1998. Durante su episcopado en la capital de Argentina, tuvo algunas alusiones al fenómeno de las sectas y de la nueva religiosidad en sus intervenciones. De hecho, se trata de uno de los temas que más preocupan a los pastores de Iberoamérica.

Las sectas y los vacíos de la Iglesia

En 2005, durante su intervención en la Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, en la que habló sobre la situación de la homilía dominical en este continente, el cardenal Bergoglio fue desgranando algunos de los elementos de la religiosidad popular destacados por el Documento del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de Puebla, y cuando se refirió a la centralidad de Cristo en la devoción del pueblo, afirmó que “las cruces revestidas de gloria siguen hablando al corazón de nuestro pueblo más que los ‘pare de sufrir’ de las sectas”, en clara alusión al reclamo popular que emplea la iglesia universal del Reino de Dios, uno de los grupos sectarios más extendidos en Iberoamérica.

Para finalizar esta reflexión, el purpurado dijo que el desafío “que se nos sigue planteando es el de una nueva evangelización”, y lo ilustró con unas palabras del Documento de Puebla que consideró proféticas: “si la Iglesia no reinterpreta la religión del pueblo latinoamericano, se producirá un vacío que lo ocuparán las sectas, los mesianismos políticos secularizados, el consumismo que produce hastío y la indiferencia o el pansexualismo pagano. Nuevamente la Iglesia se enfrenta con el problema: lo que no asume en Cristo, no es redimido y se constituye en un ídolo nuevo con malicia vieja”.

En el centro, la persona y su trascendencia

La siguiente referencia de Jorge Mario Bergoglio al fenómeno sectario la encontramos en un documento similar al anterior: su intervención en la Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina de 2007, titulada “Parroquia y familia”. En sus palabras hay una afirmación fundamental de la centralidad del creyente como discípulo y misionero, “aquella persona bautizada que va a gestar la cultura cristiana, que va a ser evangelizadora y que va a promover a sus hermanos, sobre todo a los más marginales”.

Y en este momento citaba a Juan Pablo II, cuando en la inauguración de la conferencia del CELAM en Santo Domingo dijo: “al preocupante fenómeno de las sectas hay que responder con una acción pastoral que ponga en el centro de todo a la persona, su dimensión comunitaria y su anhelo de una relación personal con Dios. Es un hecho que allí donde la presencia de la Iglesia es dinámica, como es el caso de las parroquias en las que se imparte una asidua formación en la Palabra de Dios, donde existe una liturgia activa y participada, una sólida piedad mariana, una efectiva solidaridad en el campo social, una marcada solicitud pastoral por la familia, los jóvenes y los enfermos, vemos que las sectas o los movimientos para-religiosos no logran instalarse o avanzar”.

Comentando este texto del magisterio pontificio, el cardenal Bergoglio afirmaba: “es inspirador el remedio que discierne el Papa contra la acción disolvente de las sectas: poner en el centro de todo a la persona en su dimensión comunitaria y de apertura a lo trascendente. Por eso es que vemos el remedio que propone Juan Pablo II no sólo como apropiado contra las sectas sino también para hacer frente a un aspecto de la globalización que tiende a disolver valores e instituciones intermedias para tratar a las personas como individuos aislados, más fáciles de manipular, tanto para el consumo como para la política clientelista. Contra este peligro, la parroquia y la familia son ámbitos comunitarios privilegiados de la relación entre persona, cultura y fe”.

Sectas y vivencias espirituales alternativas

Por otro lado, también citó el desafío de las sectas en una intervención que tuvo en 2007 en la conferencia del CELAM en Aparecida (asamblea que fue inaugurada por Benedicto XVI, quien también se refirió al fenómeno sectario con aquella ocasión). En ella habló sobre los tres grandes desafíos de la Iglesia en Iberoamérica, el primero de los cuales es “la ruptura en la trasmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico”. Aquí dijo que, a pesar de la vigencia de la piedad popular, “en la últimas décadas notamos un cierta desidentificación con la tradición católica, la falta de su trasmisión a las nuevas generaciones y el éxodo hacia otras comunidades (en los más pobres hacia el evangelismo pentecostal y algunas sectas nuevas) y experiencias (en las clases medias y altas hacia vivencias espirituales alternativas) ajenas al sentido de la Iglesia y su compromiso social”. Ante esto, reclamó “nuevos caminos para comunicar la fe”.

Un año después de la conferencia de Aparecida, el cardenal Bergoglio escribió una reflexión titulada “Religiosidad popular como inculturación de la fe”, que inició citando las palabras inaugurales de Benedicto XVI en aquella asamblea episcopal: “se percibe (…) un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo, al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudoreligiosas”. Además, en este documento llamaba a evitar la discriminación y la segregación, llegando a decir que “hay muchas maneras de ser fundamentalistas, aunque no nos inscribamos en sectas o ideologías de tipo clausurado”.

Cuando la espiritualidad se convierte en bienestar

El mundo de la religiosidad alternativa no ha quedado fuera del magisterio del anterior arzobispo de Buenos Aires, más allá de la referencia a las nuevas espiritualidades de los ricos. En un mensaje a las comunidades educativas escrito en el año 2001, Jorge Mario Bergoglio afirmaba lo siguiente: “el primado ‘postmoderno’ de la experiencia trajo consigo una religiosidad de corazón, una búsqueda más personal de Dios y una nueva valoración de la oración y la contemplación, pero también una especie de ‘religión a la carta’, una subjetivización unilateral de la religión que la posiciona no tanto en una dimensión de adoración, compromiso y entrega sino como un elemento más de ‘bienestar’, similar en gran medida, a las diversas ofertas new age, mágicas o pseudopsicológicas”. Para el prelado, este reduccionismo “deja de lado la infinita riqueza de la Palabra de Dios”.

Otro momento en el que se refirió a la Nueva Era fue, de nuevo, esta carta a las comunidades educativas de su diócesis, pero en su versión de 2004. Denunció sin ambages el fenómeno según el cual la fe cristiana, o algún aspecto concreto del misterio de Cristo, “termina reduciéndose a una especie de elitismo del espíritu, a una experiencia extática de ‘elegidos’ que rompe con la historia real y concreta”. Y citó el caso de Corinto en los comienzos de la Iglesia, cuando San Pablo tuvo que frenar esa religiosidad reductiva sin compromiso, “esa suerte de ‘cristianismo espiritual’ que perdía conexión con la vida cotidiana en el plano concreto”.

Y añadió: “se trata de una concepción más apta para desarrollar lo que hoy llamaríamos una religiosidad new age que una auténtica fe en Jesús de Nazaret y su Buena Noticia. En tiempos de orfandad y falta de sentido, como los que hoy vivimos, esta unilateralidad de lo ‘místico’ constituye una experiencia sin duda consoladora y benéfica. Pero lo cierto es que, al cabo de un tiempo, el misterio de la condición pecadora del ser humano desmiente las pretensiones de ‘elevación por encima de lo mundano’ que esta deficiente espiritualidad implica, y le obliga a revelar su faceta oculta de mentira y autoengaño”.

¿Bodas new age?

Por último, podemos aludir a una breve carta del cardenal Bergoglio a los párrocos de Buenos Aires, fechada en 2006, sobre cosas bien concretas en la celebración del sacramento del matrimonio. En ella llamaba a realizar el rito de acuerdo con las normas litúrgicas de la Iglesia (mantener las palabras del consentimiento, emplear sólo música religiosa, presidir dignamente, celebrarlo con la eucaristía). Y aclaraba que no era una indicación “meramente disciplinaria”, sino que “nace de una preocupación pastoral que, muchas veces, me hace sufrir al contemplar cómo los casamientos se van deslizando hacia una atmósfera light, más propia de una telenovela o de un rito de New Age que de la expresión eclesial del Misterio Grande de Cristo y su Iglesia”.