Una idea central...

"Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica.

¿Quién dice esto? Parece que uno solo. Pero veamos si es uno solo: Te invoco desde los confines de la tierra con el corazón abatido. Por tanto, no se trata de uno solo, a no ser en el sentido de que Cristo, junto con nosotros, sus miembros, es uno solo. ¿Cómo puede uno solo invocar a Dios desde los confines de la tierra? Quien invoca desde los confines de la tierra es aquella herencia de la que se ha dicho al Hijo: Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra. Por tanto, esta posesión de Cristo, esta herencia de Cristo, este cuerpo de Cristo, esta Iglesia única de Cristo, esta unidad que formamos nosotros es la que invoca al Señor desde los confines de la tierra. ¿Y qué es lo que pide? Lo que hemos dicho antes: Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te invoco desde los confines de la tierra, esto es, desde todas partes.

¿Y cuál es el motivo de esta súplica? Porque tiene el corazón abatido. Quien así clama demuestra que está en todas las naciones de todo el mundo no con grande gloria, sino con graves tentaciones.

Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones.

Aquel que invoca desde los confines de la tierra está abatido, mas no queda abandonado. Pues quiso prefigurarnos a nosotros, su cuerpo, en su propio cuerpo, en el cual ha muerto ya y resucitado, y ha subido al cielo, para que los miembros confíen llegar también adonde los ha precedido su cabeza.

Así pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás. Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti.

Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo;pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla."

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Sobre la homosexualidad

Por Luis Fernández Cuervo (luchofcuervo@gmail.com)

LOS CASOS INDIVIDUALES

Toda persona humana tiene una dignidad esencial, muy por encima del resto de los seres vivos, por el hecho de tener una inteligencia racional, abstractiva, capaz de conocer verdades universales y así descubrir en su conciencia las leyes de la moral universal (las leyes que rigen la ecología humana). Pero como también tiene una voluntad libre, puede elegir rebelarse contra esas leyes y buscar, con error, la felicidad donde a él le parece que está.

Entender y respetar las decisiones libres que hacen las personas solo tiene el límite cuando algunas de esas decisiones son abiertamente perjudiciales para el propio individuo o para las demás personas. Por eso es lícito oponerse al suicidio y a los delitos sociales.

En el caso de la homosexualidad es de vital importancia distinguir lo individual de lo colectivo y dentro de esto último distinguir los grupos que se asocian libremente (sin otras pretensiones que las de vivir en su ambiente) del llamado homosexualismo político (mas bien imperialista) o lobby LGBT.

En los casos individuales hay que distinguir la tendencia homosexual de la distinta actitud ante esta tendencia: rechazarla, tratar de curarla o aceptarla. Ya dije que nadie es culpable por encontrar que tiene esa tendencia afectivo-sexual, porque su origen, según todos los estudios y experiencias científicas, los culpables son el padre, la madre o ambos, porque fallaron en su rol paternal y familiar. Dato que demuestra, junto con otros muchos, la importancia social de la buena salud mental y moral de los matrimonios estables, sus hogares y la educación de sus hijos.

Los homosexuales que aceptan su homosexualidad y la practican, diciendo estar contentos con ella, hay derecho a pensar que han elegido el camino equivocado para su felicidad, pero hay que respetar su libertad. No pueden ser objeto de desprecio o violencia. Mantener con ellos amistad requiere suma prudencia, personalidad firme, madura y alguna posibilidad de ayuda (por parentesco, amistad anterior, etc.). Si aceptan, hay que tratar, con afecto y paciencia, que acudan a un psiquiatra especializado. Si no aceptan, hay que valorarlos en la convivencia diaria, como a los heterosexuales, por sus valores intelectuales, profesionales, sociales, etc.. Hay derecho a no simpatizar con algunos como hay derecho a no simpatizar con tanto heterosexual.

Los que practican la homosexualidad, mejor si la mantienen donde debe tenerla todo el mundo: en la intimidad. Hoy día es una vergüenza, socialmente nociva, todo el alarde publicitario de los vaivenes de la vida heterosexual u homosexual de tantas figuras de la farándula del cine, la tele y la música popular. Y cae una seria responsabilidad sobre los Medios informativos, hablar de ello con tono de normalidad o incluso de admiración, desvalorizando las nobles palabras de “novio”, “novia” y “matrimonio” para lo que en realidad son solo concubinatos o enganches amatorios pasajeros.

Aquellas personas que no están contentas con su tendencia o su conducta homosexual, por las razones que sean (religiosas, morales, familiares, sociales, etc.), insisto en que con violencia o desprecio no se arregla nada sino que se agrava la angustia e infelicidad que padecen. Hay que decirles, contra los dogmas falsos de la propaganda del lobby LGBT, que la homosexualidad, en efecto es una anormalidad pero que tiene curación. No sirve de nada, casarse. Tampoco suele bastar acudir solamente a los medios espirituales, religiosos, aunque son una ayuda importante si el sacerdote o pastor son gente de genuina vida espiritual, pero su atención debe consensuarse con la que tiene que dar el psicólogo o psiquiatra experto en este tipo de pacientes.

La propaganda homosexual millonaria que hoy padece el país es solo el comienzo de una política imperial claramente anticristiana, destructiva de la familia y de la moral natural universal, porque destruye las leyes que rigen la naturaleza humana. Bien está luchar por conservar y mejorar la ecología de animales y plantas, pero mas importante es conservar y mejorar la ecología humana.