Una idea central...
Somos La Iglesia católica
Nuestra familia está compuesta por personas de toda raza. Somos jóvenes y ancianos, ricos y pobres, hombres y mujeres, pecadores y santos.
Nuestra familia ha perseverado a través de los siglos y establecido a lo ancho de todo el mundo.
Con la gracia de Dios hemos fundado hospitales para poder cuidar a los enfermos, hemos abierto orfanatorios para cuidar de los niños, ayudamos a los más pobres y menos favorecidos. Somos la más grande organización caritativa de todo el planeta, llevando consuelo y alivio a los más necesitados.Educamos a más niños que cualquier otra institución escolar o religiosa.
Inventamos el método científico y las leyes de evidencia. Hemos fundado el sistema universitario.
Defendemos la dignidad de la vida humana en todas sus formas mientras promovemos el matrimonio y la familia.
Muchas ciudades llevan el nombre de nuestros venerados santos, que nos han precedido en el camino al cielo.
Guiados por el Espíritu Santo hemos compilado La Biblia. Somos transformados continuamente por Las Sagradas Escrituras y por la sagrada Tradición, que nos han guiado consistentemente por más de dos mil (2’000) años.
Somos… La Iglesia católica.
Contamos con más de un billón (1’000’000’000) de personas en nuestra familia compartiendo los Sacramentos y la plenitud de la fe cristiana. Por siglos hemos rezado por ti y tu familia, por el mundo entero, cada hora, cada día, cada vez que celebramos La Santa Misa.
Jesús de Nazaret ha puesto el fundamento de nuestra fe cuando dijo a Simón-Pedro, el primer Papa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella» (Mt. XVI, 18).
Durante XX siglos hemos tenido una línea ininterrumpida de Pastores guiando nuestro rebaño, La Iglesia universal, con amor y con verdad, en medio de un mundo confuso y herido. Y en este mundo lleno de caos, problemas y dolor, es consolador saber que hay algo consistente, verdadero y sólido: nuestra fe católica y el amor eterno que Dios tiene y ha tenido por toda la creación.
Si has permanecido alejado de La Iglesia católica, te invitamos a verla de un modo nuevo hoy, visita www.catolicosregresen.org.
Somos una familia unida en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Somos católicos, bienvenido a Casa...
Nuestra familia ha perseverado a través de los siglos y establecido a lo ancho de todo el mundo.
Con la gracia de Dios hemos fundado hospitales para poder cuidar a los enfermos, hemos abierto orfanatorios para cuidar de los niños, ayudamos a los más pobres y menos favorecidos. Somos la más grande organización caritativa de todo el planeta, llevando consuelo y alivio a los más necesitados.Educamos a más niños que cualquier otra institución escolar o religiosa.
Inventamos el método científico y las leyes de evidencia. Hemos fundado el sistema universitario.
Defendemos la dignidad de la vida humana en todas sus formas mientras promovemos el matrimonio y la familia.
Muchas ciudades llevan el nombre de nuestros venerados santos, que nos han precedido en el camino al cielo.
Guiados por el Espíritu Santo hemos compilado La Biblia. Somos transformados continuamente por Las Sagradas Escrituras y por la sagrada Tradición, que nos han guiado consistentemente por más de dos mil (2’000) años.
Somos… La Iglesia católica.
Contamos con más de un billón (1’000’000’000) de personas en nuestra familia compartiendo los Sacramentos y la plenitud de la fe cristiana. Por siglos hemos rezado por ti y tu familia, por el mundo entero, cada hora, cada día, cada vez que celebramos La Santa Misa.
Jesús de Nazaret ha puesto el fundamento de nuestra fe cuando dijo a Simón-Pedro, el primer Papa: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella» (Mt. XVI, 18).
Durante XX siglos hemos tenido una línea ininterrumpida de Pastores guiando nuestro rebaño, La Iglesia universal, con amor y con verdad, en medio de un mundo confuso y herido. Y en este mundo lleno de caos, problemas y dolor, es consolador saber que hay algo consistente, verdadero y sólido: nuestra fe católica y el amor eterno que Dios tiene y ha tenido por toda la creación.
Si has permanecido alejado de La Iglesia católica, te invitamos a verla de un modo nuevo hoy, visita www.catolicosregresen.org.
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¿Qué es la info-ética?
50 preguntas y respuestas sobre infoética
http://multimedios.org/docs/d001973
Según los últimos documentos de la Iglesia sobre las Comunicaciones Sociales
“Es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad. Más de uno piensa que es necesaria una “infoética”, así como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida” (Benedicto XVI)
JESÚS es el modelo y el criterio de nuestra comunicación. Para quienes están implicados en la comunicación social —responsables de la política, comunicadores profesionales, usuarios, sea cual sea el papel que desempeñen— la conclusión es clara: «Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. (...) No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen» (Ef 4,25.29). Servir a la persona humana, construir una comunidad humana fundada en la solidaridad, en la justicia y en el amor, y decir la verdad sobre la vida humana y su plenitud final en Dios han sido, son y seguirán ocupando el centro de la ética en los medios de comunicación. (Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales. Ética en las Comunicaciones Sociales, 33).
Prólogo
Al recordar en su mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales el importante papel que los medios de comunicación han adquirido en la sociedad actual, el Santo Padre Benedicto XVI da un paso decisivo más al reclamar la inclusión de la comunicación social en la que denomina “cuestión antropológica” y reivindicar que, para preservar la defensa de la dignidad de la persona humana por parte de los medios, “es necesaria una “infoética”, así como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida”.
La Iglesia, fiel su vocación de servicio a la humanidad, tiene, en este sentido, una gran aportación que hacer al mundo de la comunicación: “Su contribución especial a las realidades humanas, incluyendo el mundo de las comunicaciones sociales, es «precisamente el concepto de la dignidad de la persona, que se manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado» (Centesimus annus, 47). Como afirma el Concilio Vaticano II, «Cristo el Señor, Cristo el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación» (Gaudium et spes, 22)” (PCCS. Ética en las comunicaciones Sociales, n. 5).
La cuestión antropológica reclama ineludiblemente la consideración ética y moral: la “infoética”, como la denomina el Papa. En desarrollar esta consideración y ayudar a ponerla en práctica a los actores implicados en los procesos comunicativos (comunicadores, empresarios, autoridades, público, etc,) tienen los cristianos –pastores y fieles- una de sus tareas más importantes y urgentes en el apostolado de las comunicación, ineludible para la propia Iglesia que no sólo ha de atender este ámbito pastoral, sino que todas su acciones han de ser más comunicativas en la sociedad de la información que nos ha tocado vivir.
Para contribuir humildemente a esta importante tarea que el Papa Benedicto XVI nos señala, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española ha elaborado, con la importante colaboración del profesor Jesús Manuel Conderana, de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, este fascículo titulado “50 preguntas y respuestas sobre Infoética”.
Su carácter es divulgativo y en absoluto quiere ser exhaustivo, sino una ayuda para difundir entre los fieles la gran riqueza de los últimos documentos de la Iglesia sobre las comunicaciones sociales, muchas veces desconocidos no sólo por el gran público, sino también por los profesionales de la comunicación.
José María Gil TamayoDirector del Secretariadode la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social
1. Misión de la Iglesia y medios de comunicación
1. ¿Por qué la Iglesia ha mostrado y muestra tanto interés por los medios de comunicación?
Porque son “el primer areópago de los tiempos modernos” ya que en ellos “la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. La Iglesia los utiliza también para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, considerando su uso como una respuesta al mandato del Señor: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’” (Mc 16, 15)” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3. 7).
2. ¿No es verdad que la Iglesia se sitúa frecuentemente ante los medios de comunicación con una actitud negativa y de condena?
No. "La Iglesia asume los medios de comunicación social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante. No se limita simplemente a pronunciar juicios y condenas; por el contrario, considera que estos instrumentos no sólo son productos del ingenio humano, sino también grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos (cf. Inter mirifica, 1; Evangelii nuntiandi, 45; Redemptoris missio, 37). La Iglesia desea apoyar a los profesionales de la comunicación, proponiéndoles principios positivos para asistirles en su trabajo, a la vez que fomenta un diálogo en el que todas las partes interesadas —hoy está implicada una gran parte de la humanidad— puedan participar” (Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (PCCS). Ética en las comunicaciones sociales, 4).
3. ¿Por qué la Iglesia siente el deber de ofrecer orientaciones morales en el ámbito de los medios de comunicación social?
"La Iglesia, que es maestra de humanidad en virtud del mensaje de salvación confiado por su Señor, siente el deber de dar su propia contribución en aras de una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades que conlleva el actual desarrollo de las comunicaciones sociales" porque éstas "influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman su mentalidad y determinan su visión de las cosas". Además, debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, se hace preciso un sistema de gestión que pueda salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, la primacía de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 10).
4. ¿Cuál es la aportación que la Iglesia hace al campo de la ética de la comunicación social?
“La contribución especial que la Iglesia ofrece al debate en este campo consiste en una visión de la persona humana, de su incomparable dignidad y de sus derechos inviolables, y en una visión de la comunidad humana cuyos miembros están unidos en virtud de la solidaridad con vistas al bien común de todos. La necesidad de estos dos conceptos es especialmente urgente «cuando se está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo efímero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar el verdadero sentido de la existencia»; al faltar esas visiones, «muchos llevan una vida casi hasta el límite de la ruina, sin saber bien lo que les espera» (Fides et ratio, 6)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 30).
5. ¿Qué bienes pueden aportarse mutuamente la Iglesia y los medios de comunicación?
“La cultura del memorial de la Iglesia puede salvar a la cultura de la fugacidad de la "noticia" que nos trae la comunicación moderna, del olvido que corroe la esperanza; los medios, en cambio, pueden ayudar a la Iglesia a proclamar el Evangelio en toda su perdurable actualidad, en la realidad de cada día de la vida de las personas. La cultura de sabiduría de la Iglesia puede salvar a la cultura de información de los mass-media de convertirse en una acumulación de hechos sin sentido; y los medios pueden ayudar a la sabiduría de la Iglesia a permanecer alerta ante los impresionantes nuevos conocimientos que ahora emergen. La cultura de alegría de la Iglesia puede salvar la cultura de entretenimiento de los medios de convertirse en una fuga desalmada de la verdad y la responsabilidad; y los medios pueden ayudar a la Iglesia a comprender mejor cómo comunicar con la gente de forma atractiva y que a la vez deleite. Estos son algunos ejemplos de cómo una cooperación más estrecha en un espíritu de amistad y a un nivel más profundo puede ayudar a ambos, la Iglesia y los medios de comunicación social, a servir a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo en su búsqueda del sentido y la realización” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
6. Algunos acusan a la Iglesia de querer imponer sus puntos de vista morales. Cuando la Iglesia se pronuncia, por ejemplo, sobre los principios morales que deberían regir Internet, ¿qué pretende hacer?
La Iglesia católica desea participar junto con otras organizaciones en un diálogo público sobre estas cuestiones. “La Iglesia no pretende dictar estas decisiones y estas elecciones, sino que trata de proporcionar una verdadera ayuda, indicando los criterios éticos y morales aplicables a este campo, criterios que se encontrarán en los valores a la vez humanos y cristianos”. “La Iglesia no puede imponer sus respuestas, pero puede y debe proclamar al mundo las respuestas que posee; y hoy, como siempre, ofrece la única respuesta totalmente satisfactoria a los interrogantes más profundos de la vida: Jesucristo, que ‘manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación’” (PCCS. Ética en Internet,18).
2. Medios al servicio de la persona y del bien común
7. Hablamos de “medios de comunicación". ¿Debemos entenderlos como “medios” para conseguir “fines”?
Pues sí, dado que “a pesar de su inmenso poder, los medios de comunicación son y seguirán siendo sólo medios, es decir, instrumentos, herramientas disponibles tanto para un uso bueno como para uno malo. A nosotros corresponde elegir” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
8. Entonces, los medios de comunicación, justamente como medios que son, ¿pueden ser usados para el bien y para el mal? ¿Qué fines generales hacen que los medios de comunicación no perviertan su propia naturaleza?
“Los medios de comunicación pueden a veces reducir a los seres humanos a simples unidades de consumo, o a grupos rivales de interés; también pueden manipular a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos meras cifras de las que se obtienen ventajas, sea en venta de productos sea en apoyo político. Y todo ello destruye la comunidad. La tarea de la comunicación es unir a las personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas. Los medios de comunicación social, usados correctamente, pueden ayudar a crear y apoyar una comunidad humana basada en la justicia y la caridad; y, en la medida en que lo hagan, serán signos de esperanza” (Juan Pablo II, Mensaje para la 32ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales. Año 1998, n. 4).
9. ¿Cuál es la finalidad última de los medios de comunicación?
"Los medios de comunicación están llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 6).
10. Hemos dicho que los medios de comunicación han de estar al servicio de la dignidad de la persona humana, pero ¿qué beneficios concretos le aportan?
1. Económicos. El mercado puede servir a la persona "y los medios de comunicación desempeñan un papel indispensable en una economía de mercado. La comunicación social sostiene los negocios y el comercio, contribuye a estimular el progreso económico, el empleo y la prosperidad, promueve mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes y el desarrollo de otros nuevos, fomenta la competencia responsable con vistas al interés público, y permite que la gente haga opciones informadas, dándole a conocer la disponibilidad y las características de los productos".
2. Políticos. "Los medios de comunicación son indispensables en las sociedades democráticas actuales. Proporcionan información sobre cuestiones y hechos, sobre funcionarios y candidatos a cargos públicos. Permiten que los líderes se comuniquen rápida y directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes instrumentos de responsabilidad, llamando la atención sobre la incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen de relieve los casos de competencia, espíritu cívico y cumplimiento del deber".
3. Culturales. Los medios de comunicación social facilitan el acceso a la literatura, al teatro, a la música y al arte y promueven así un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza. Los espectáculos populares sanos y de información útil reúnen a las familias, ayudan a las personas a resolver los problemas diarios, elevan el espíritu de las personas enfermas, solas y ancianas, y alivian el tedio de la vida. "Los medios de comunicación también hacen posible que los grupos étnicos se estimen y celebren sus tradiciones culturales, compartiéndolas con los demás y transmitiéndolas a las nuevas generaciones. En particular introducen a los niños y a los jóvenes en su patrimonio cultural. Los comunicadores, como los artistas, sirven al bien común preservando y enriqueciendo el patrimonio cultural de las naciones y los pueblos (cf. Juan Pablo II, Carta a los artistas, 4)".
4. Educativos. "Los medios de comunicación son importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida. [...] Los medios de comunicación son instrumentos educativos normales en muchas aulas. Y, más allá de las paredes del aula, los medios de comunicación, incluida Internet, superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en conventos, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos, y a muchos otros".
5. Religiosos. "La vida religiosa de mucha gente se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis". Por ejemplo, "a lo largo de los años los medios de comunicación han llevado las palabras y las imágenes de las visitas pastorales del Santo Padre a miles de millones de personas" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 7-11).
11. ¿No es cierto que los medios de comunicación pueden usarse también para perjudicar a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas?
Sí es cierto. En las mismas áreas anteriormente señaladas pueden aparecer perjuicios para la persona.
1. Económicos. “Los medios de comunicación se usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un caso típico: «Haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos, en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos» (Juan Pablo II, Ecclesia in America, 56). En dichas circunstancias, los medios de comunicación, que deben beneficiar a todos, son explotados en provecho de unos pocos”.
2. Políticos. “Los políticos sin escrúpulos usan los medios de comunicación para la demagogia y el engaño, apoyando políticas injustas y regímenes opresivos. Ridiculizan a sus adversarios y sistemáticamente distorsionan y anulan la verdad por medio de la propaganda y de planteamientos falsamente tranquilizadores. En este caso, más que unir a las personas, los medios de comunicación sirven para separarlas, creando tensiones y sospechas que constituyen gérmenes de nuevos conflictos.
Incluso en países con sistemas democráticos, también es frecuente que los líderes políticos manipulen la opinión pública a través de los medios de comunicación, en vez de promover una participación informada en los procesos políticos. Se observan los convencionalismos de la democracia, pero ciertas técnicas copiadas de la publicidad y de las relaciones públicas se despliegan en nombre de políticas que explotan a grupos particulares y violan los derechos fundamentales, incluso el derecho a la vida (cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 70)”.
3. Culturales. “La crítica condena con frecuencia la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían tampoco caer en la vulgaridad o la degradación", pues tienen una ineludible responsabilidad educativa sobre los ciudadanos a los que han de servir en verdad y justicia [...].
El problema presenta diversos aspectos. Uno de ellos se refiere a los temas complejos, cuando en vez de ser presentados con esmero y veracidad, los noticiarios los evitan o los simplifican excesivamente. Otro serían los programas de entretenimiento de tipo corruptor y deshumanizante, que incluyen y explotan temas relacionados con la sexualidad y la violencia. [...]
En el ámbito internacional, el dominio cultural impuesto a través de los medios de comunicación social también constituye un problema cada vez más serio. En algunos lugares las expresiones de la cultura tradicional están virtualmente excluidas del acceso a los medios populares de comunicación y corren el riesgo de desaparecer; mientras tanto, los valores de las sociedades ricas y secularizadas suplantan cada vez más los valores tradicionales de las sociedades menos ricas y poderosas”.
4. Educativos. “En lugar de promover la enseñanza, los medios de comunicación pueden distraer a la gente y llevarla a perder el tiempo. De este modo, los más perjudicados son los niños y los jóvenes, pero los adultos también sufren esa influencia de programas banales e inútiles. Una de las causas de este abuso de confianza por parte de los comunicadores es la avidez, que pone el lucro por encima de las personas.
De igual modo, los medios de comunicación se usan en algunas ocasiones como instrumentos de adoctrinamiento, con la intención de controlar lo que la gente sabe y negarle el acceso a la información que las autoridades no quieren que tenga. Ésta es una perversión de la educación auténtica, que se esfuerza por ampliar el conocimiento y la capacidad de las personas y ayudarles a perseguir propósitos elevados, sin limitar sus horizontes y sin aprovechar sus energías al servicio de ideologías”.
5. Religiosos. “En la relación entre los medios de comunicación social y la religión existen tentaciones por ambas partes.
Entre las tentaciones de los medios de comunicación están el ignorar o marginar las ideas y las experiencias religiosas; tratar a la religión con incomprensión, quizá hasta con desprecio, como un objeto de curiosidad que no merece una atención seria; promover las modas religiosas con menoscabo de la fe tradicional; tratar a los grupos religiosos legítimos con hostilidad; valorar la religión y la experiencia religiosa según criterios mundanos de lo que debe ser; preferir las concepciones religiosas que corresponden a los gustos seculares a las que no corresponden; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de los confines del racionalismo y el escepticismo. Los actuales medios de comunicación reflejan la situación posmoderna del espíritu humano, encerrado « dentro de los límites de su propia inmanencia, sin ninguna referencia a lo trascendente” (Juan Pablo II. Fides et ratio, 81).
Por su parte, la religión puede tener tentaciones como formarse un juicio exclusivamente crítico y negativo de los medios de comunicación; no comprender que los criterios razonables de un buen uso de los medios de comunicación, como son la objetividad y la imparcialidad, pueden excluir un trato especial para los intereses institucionales de la religión; presentar los mensajes religiosos con un estilo emotivo y manipulado, como si fueran productos que compiten en un mercado saturado; usar los medios de comunicación como instrumentos para el control y el dominio; practicar innecesariamente el secreto, por lo demás pecando contra la verdad; minimizar la exigencia evangélica de conversión, arrepentimiento y cambio de vida, sustituyéndola con una religiosidad tibia que pide poco a la gente; e impulsar el integrismo, el fanatismo y el exclusivismo religioso, que fomentan el desprecio y la hostilidad hacia los demás” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14-18).
12. Ya que se trata de "medios", ¿se les puede criticar cuando simplemente "reflejan" los modos de vida habituales de una sociedad?, ¿y si se dejan llevar sólo por una visión “económica” de su actividad ya que los medios necesitan “medios” de financiación para poder existir?
“No sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
“Una concepción de la comunicación... queda seriamente debilitada cuando los medios abandonan el concepto de servicio social o público que le es inherente y se dejan llevar, en cambio, de una lógica puramente mercantilista, que concibe la comunicación simplemente como “industria” o como terreno propicio para la inversión rentable, ya sea en sentido económico o político. Este enfoque “industrial” de la comunicación, especialmente del sector audiovisual, provoca la concentración de empresas informativas en auténticos oligopolios, no exentos de las correspondientes tutelas políticas afines, que condicionan, o al menos limitan, el acceso al mercado informativo de otras instituciones de notable arraigo social, a la par que excluyen también a las minorías.
Aunque en este sistema se mantenga de manera formal la libertad de expresión y de mercado, de hecho se hace muy difícil el acceso al terreno mediático para quienes no posean la solvencia económica necesaria, cada vez más inasequible, o no ofrezcan contenidos “rentables”, como ocurre con los programas religiosos...
En esta concepción de la comunicación prima, además, en lo que se refiere a los contenidos, un perfil basado en la consecución de los máximos beneficios con los mínimos costos y para las mayores audiencias. Para justificarlo, sus promotores argumentan que ofrecen lo que pide el público, pero en realidad lo que se hace es satisfacer demandas previamente inducidas desde los propios medios. Se sacrifican así, en aras del beneficio económico, valores éticos y estéticos elementales, necesarios para conseguir una imprescindible ecología comunicativa.
Alcanzar una comunicación social a la medida de la dignidad de la persona y del bien común es responsabilidad de todos, no sólo de los empresarios y profesionales, sino también de las administraciones públicas, las cuales ciertamente han de garantizar la libertad de mercado y de información, pero, además, han de fomentar la difusión de los valores que favorecen la dignidad humana y dotar a los ciudadanos, especialmente a aquellos que son más débiles, de los medios materiales y legales necesarios para que puedan ejercer de forma real todos los derechos que, como personas, les corresponden” (CEMCS. Mensaje para la 35ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2001. nº 5).
13. Es verdad que los medios de comunicación son precisamente eso, "medios". En consecuencia habrán de ser "neutros" en el sentido de que su misión es referir las cosas "según suceden", sin tomar partido. De este modo serán "objetivos". ¿No debe ser así?
En realidad no. La "neutralidad" en situaciones de graves de injusticias es ya una toma de postura que favorece al injusto. “Frente a graves injusticias, no basta que los comunicadores digan simplemente que su trabajo consiste en referir las cosas tal como son. Eso es indudablemente su tarea. Pero algunos casos de sufrimiento humano son en gran parte ignorados por los medios de comunicación, mientras informan acerca de otros; y en la medida en que esto refleja una decisión de los comunicadores, también refleja una selectividad inadmisible. De forma más fundamental aún, las estructuras y las políticas de comunicación y la distribución de tecnología son factores que hacen que algunas personas sean «ricas en información» y otras «pobres en información», en una época en que la prosperidad, e incluso la supervivencia, dependen de la información. Por tanto, de este modo los medios de comunicación a menudo contribuyen a las injusticias y desequilibrios que causan el sufrimiento sobre el que informan: «Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y naciones— las condiciones básicas que les permitan participar en dicho desarrollo» (Juan Pablo II. Centesimus annus, 35)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14).
"Los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo con verdad y cuidado los acontecimientos, analizando en modo completo las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de verdad y de justicia, en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte donde situar una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3).
3. La regulación de los medios: Principios éticos fundamentales
14. Según la Iglesia, ¿cómo deberían regularse los medios?
“Los comunicadores profesionales deberían participar activamente en la elaboración y aplicación de códigos éticos de comportamiento para su profesión, en colaboración con representantes públicos. Los organismos religiosos y otros grupos también deben participar en este esfuerzo continuo” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 23). Es decir, que la Iglesia se inclina fundamentalmente por la autorregulación de los propios medios, sin negar que puedan o deban existir otros mecanismos de regulación como el control estatal o el del público (cf. PCCS. Ética en Internet, 16).
15. ¿Qué opciones fundamentales deberían tomarse para promover el positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común?
Se imponen tres opciones fundamentales:
1. "Es necesaria una vasta tarea formativa para hacer que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que los medios de comunicación, en lugar de estar al servicio de las personas, lleguen a instrumentalizarlas y condicionarlas gravemente. Esto vale, en modo particular, para los jóvenes que manifiestan una propensión natural a las innovaciones tecnológicas y que, por esto mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación".
2. Sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación corresponsable en su gestión hay que decir que, ‘si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar una mayor participación en su gestión, incluso por medio de medidas legislativas oportunas. Es necesario hacer crecer esta cultura de la corresponsabilidad’.
3. Los medios de comunicación tienen grandes potencialidades para favorecer el diálogo, convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Por ello ‘constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, son un ‘arma’ destructiva si se usan para alimentar injusticias y conflictos’” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 11.
16. ¿Qué principios éticos básicos han de regir la labor de los comunicadores?
Los principios éticos que enunciaremos a continuación atañen al contenido de la comunicación (el mensaje), al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación) y a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?).
1. “El principio ético fundamental consiste en que la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al desarrollo integral de las mismas”.
2. “El segundo principio es complementario del primero: el bien de las personas no puede realizarse independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen. Este bien común debería entenderse de modo íntegro, como la suma total de nobles propósitos compartidos en cuya búsqueda se comprometen todos los miembros de la comunidad, y para cuyo servicio existe la misma comunidad.
Así, mientras la comunicación social se ocupa —y es natural— de las necesidades e intereses de grupos particulares, no debería hacerlo de manera que enfrente a un grupo contra otro: por ejemplo, en nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exagerado, de la supremacía racial, de la limpieza étnica u otros temas similares. La virtud de la solidaridad, que es « la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común» (Juan Pablo II. Sollicitudo rei socialis, 38), debería gobernar todas las áreas de la vida social, económica, política, cultural y religiosa”.
3. El tercer principio es el de la libertad de expresión, porque “’cuantas veces los hombres, según su natural inclinación, intercambian sus conocimientos o manifiestan sus opiniones, están usando de un derecho que les es propio, y a la vez ejerciendo una función social’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 45: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 5). Sin embargo, considerada desde una perspectiva ética, esta presunción no es una norma absoluta e irrevocable. Se dan casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por ejemplo el de la difamación y la calumnia, el de los mensajes que pretenden fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la obscenidad y la pornografía, y las descripciones morbosas de la violencia. Es evidente también que la libre expresión debería atenerse siempre a principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada”.
4. El cuarto principio concierne a la participación pública en la elaboración de decisiones sobre la política de las comunicaciones. “En todos los niveles, esta participación debería ser organizada, sistemática y auténticamente representativa, sin desviarse en favor de grupos particulares. Este principio se aplica siempre y, tal vez de manera especial, cuando los medios de comunicación son de propiedad privada y operan con fines de lucro. En el interés de la participación pública, los comunicadores «deben tratar de comunicarse con la gente, no sólo de hablarle. Eso implica conocer las necesidades de la gente, ser consciente de sus luchas y presentar todas las formas de comunicación con la sensibilidad que la dignidad humana exige» (Juan Pablo II, Discurso a los especialistas en comunicación, Los Ángeles, 15 de septiembre de 1987, n. 4; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p. 12)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 20-24).
17. Los comunicadores profesionales no son los únicos que tienen deberes éticos. También las audiencias —los usuarios— tienen obligaciones. ¿Cuáles son los principales?
El principal “deber de los usuarios de la comunicación social consiste en discernir y seleccionar. Deberían informarse acerca de los medios de comunicación —sus estructuras, su modo de actuar y sus contenidos— y hacer opciones responsables, de acuerdo con sólidos criterios éticos, sobre lo que conviene leer, ver o escuchar”. Este deber exige formarse en el uso de los medios de comunicación (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Es también necesario recordar que la responsabilidad ética en la comunicación no sólo incumbe a los profesionales de los medios, sino también a las empresas mediáticas y al público, al que las nuevas tecnologías están posibilitando un mayor protagonismo en los procesos comunicativos, pudiendo elegir su propio “menú” de contenidos entre la cada vez mayor y más variada oferta de los medios. Siguiendo con este particular “examen de conciencia”, nos preocupa la creciente tendencia a la concentración empresarial, que está haciendo de la comunicación social para el sector financiero uno de sus objetivos más ambiciosos, con el consiguiente peligro para la pluralidad informativa y para el derecho de acceso a los medios de las minorías o de los grupos con menor poder económico.
El carácter de servicio público de todas las comunicaciones sociales no puede perderse de vista sin que se resquebraje la vida democrática de los pueblos. Lo mismo cabe decir de otras peculiaridades del ámbito comunicativo en las que entran en juego también derechos fundamentales de las personas, como es el de la información, que hace necesario que este sector no sea visto, sin más, como una “industria” rentable en la que invertir, sino como un ámbito de la vida social que hay que garantizar. Para disipar en este terreno toda amenaza son necesarios un adecuado sistema legal, que defienda para todos el justo y libre ejercicio del derecho a la información y una diligente vigilancia de las correspondientes Administraciones públicas, que hagan efectivo su cumplimiento” (CEMCS. Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2000. nº 5-6).
4. La regulación de algunos ámbitos y temas
18. Se suele hablar de "nuevas tecnologías de la comunicación" para referirse a los medios de comunicación no tradicionales. ¿No necesitarán una "nueva ética" las "nuevas tecnologías"?
“Los medios de comunicación no exigen una nueva ética; lo que exigen es la aplicación de principios ya establecidos a las nuevas circunstancias” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
4.1. Ética en la Publicidad
19. ¿Qué objetivos persigue la publicidad?
La publicidad posee dos objetivos básicos: informar y persuadir, y - si bien estos dos propósitos son distintos - ambos se encuentran con frecuencia presentes simultáneamente (PCCS. Ética en la publicidad, 2).
20. Por qué ha de ocuparse la Iglesia de la publicidad? ¿No es un asunto técnico que no le compete?
En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un profundo impacto en cómo las personas entienden la vida, el mundo y a sí mismas, especialmente en relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento. Estos son temas en los que Iglesia está y tiene que estar profunda y sinceramente interesada (PCCS. Ética en la publicidad, 1).
La publicidad también tiene un indirecto pero fuerte impacto en la sociedad a través de su influencia sobre los medios. Muchas publicaciones y operaciones radio-televisivas dependen para su supervivencia de los beneficios de la publicidad. Esto es cierto con frecuencia, tanto para los medios confesionales como para los comerciales. Por su parte los publicitarios buscan, naturalmente, conseguir audiencia; y los medios, esforzándose en proporcionársela, deben determinar su contenido para conseguir atraer el tipo de público de la medida y composición demográfica deseadas. Esta dependencia económica de los medios y el poder que confiere sobre los publicitarios comporta serias responsabilidades para ambos (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
21. No es justo criticar a la publicidad por el hecho de que refleje los valores imperantes. Si no lo hace su mensaje no podrá ser escuchado.
No podemos estar de acuerdo con esta afirmación. “Sin duda, la publicidad, como los medios de comunicación social en general, actúa como un espejo. Pero, también como los medios en general, es un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y algunas veces, ofrece una imagen de la misma deformada.
Los publicitarios seleccionan los valores y actitudes que han de ser fomentados y alentados; mientras promocionan unos ignoran otros. Esta selectividad contradice la idea de que la publicidad no hace más que reflejar el entorno cultural (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
22. ¿Está de acuerdo la Iglesia con los críticos que afirman que la actividad publicitaria es una actividad, en último término, parásita, dado que no aporta beneficio social y vive sólo de la riqueza que ella no genera?
Aun existiendo fundamento en algunas críticas la Iglesia sostiene que la publicidad tiene también un significativo potencial para el bien, que algunas veces adquiere formas concretas. Señalamos aquí algunos ejemplos que lo confirman.
Beneficios económicos de la publicidad. La publicidad puede jugar un importante papel en el proceso por el cual un sistema económico, guiado por normas morales y una sensibilidad hacia el bien común, contribuye al desarrollo humano. Esta es una parte esencial del funcionamiento de la moderna economía de mercado. […] En cuanto sistema, la publicidad puede ser un instrumento útil para apoyar honesta y éticamente una responsable competitividad que contribuya al crecimiento económico y al servicio del auténtico desarrollo humano (PCCS. Ética en la publicidad, 5).
Aspectos positivos de la publicidad política. La publicidad política puede hacer una contribución a la democracia análoga a su contribución al bienestar económico en un sistema de mercado guiado por normas morales. Así como los medios, libre y responsablemente, en un sistema democrático, ayudan a contener las tendencias hacia la monopolización del poder por parte de las oligarquías e intereses privados, la publicidad política puede dar su contribución informando a las personas sobre las ideas y propuestas políticas de partidos y candidatos, incluyendo nuevos candidatos desconocidos para el público (PCCS. Ética en la publicidad, 6).
Beneficios culturales de la publicidad. A causa del impacto que la publicidad ejerce sobre los medios que dependen de ella para obtener ingresos, a los publicitarios se les ofrece la oportunidad de ejercer una influencia positiva sobre las decisiones referentes al contenido de los medios. Esto pueden hacerlo sosteniendo las producciones de excelente calidad intelectual, estética y moral de interés público en general. En especial pueden animar y hacer posible la presentación de programas orientados a minorías demasiado a menudo olvidadas (Ética en la publicidad, 7).
Beneficios morales y religiosos de la publicidad. En muchos casos, las instituciones de bienestar social, incluyendo aquellas de naturaleza religiosa, usan la publicidad para comunicar sus mensajes - mensajes de fe, de patriotismo, de tolerancia, de compasión y servicio al prójimo, de caridad hacia el necesitado, mensajes relacionados con la salud y la educación, mensajes constructivos y útiles que educan y motivan a la gente en muchos modos beneficiosos.
Para la Iglesia la participación en actividades relacionadas con los medios, incluyendo la publicidad, es hoy parte necesaria de la pastoral de conjunto Esto incluye tanto los propios medios de la Iglesia - prensa y ediciones católicas, televisión y radiodifusión, películas y producciones audiovisuales, y otros - y también su participación en los medios no confesionales (PCCS. Ética en la publicidad, 8).
23. Dado que la publicidad es un instrumento que no es, por su propia naturaleza, intrínsecamente bueno o malo, ¿puede causar perjuicios?
Si la publicidad presenta al público unos artículos perjudiciales o totalmente inútiles, si se hacen promesas falsas en los productos que se venden, si se fomentan las inclinaciones inferiores del hombre, los difusores de tal publicidad causan un daño a la sociedad humana y terminan por perder la confianza y autoridad. Se daña a la familia y a la sociedad, cuando se crean falsas necesidades, cuando continuamente se les incita a adquirir bienes de lujo cuya adquisición puede impedir que atiendan a las necesidades realmente fundamentales. Por lo cual, los anunciantes deben establecerse sus propios límites de manera que la publicidad no hiera la dignidad humana ni dañe a la comunidad. Ante todo debe evitarse la publicidad que sin recato explota los instintos sexuales buscando el lucro o, que de tal manera afecta al subconsciente, que se pone en peligro la libertad misma de los compradores (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 60).
Perjuicios económicos de la publicidad. La publicidad puede traicionar su papel como fuente de información por la mala representación y ocultando hechos importantes. Algunas veces también, la función de la información de los medios puede ser desnaturalizada por las presiones de los publicitarios en referencia a publicaciones o programas a fin de evitar cuestiones que podrían provocar embarazo o incomodidad.
Frecuentemente, sin embargo, la publicidad se usa no simplemente para informar sino para persuadir y motivar - para convencer a que la gente actúe en cierto modo: mediante la adquisición de ciertos productos o servicios, el patrocinio de ciertas instituciones, etc. Aquí es donde, especialmente, pueden darse abusos (PCCS. Ética en la publicidad, 10).
Perjuicios de la publicidad política. La publicidad política obstaculiza el proceso democrático cuando, por ejemplo, los costos de la publicidad limitan la participación política a los candidatos o grupos ricos o exigen que los candidatos al poder comprometan su integridad e independencia por una excesiva dependencia de intereses especiales hacia quienes aportan los fondos.
Semejante obstáculo al proceso democrático también se da cuando, en lugar de ser vehículo para exposiciones honestas de opiniones y programas de los candidatos, la publicidad política busca distorsionar las opiniones y los programas de los contrarios e injustamente ataca su reputación. Ello sucede cuando la publicidad reclama más las emociones y bajos instintos de las personas –egoísmos, pasiones y hostilidades hacia los demás, prejuicios raciales y étnicos y otros– en lugar de un razonado sentido de justicia y bien para todos (PCCS. Ética en la publicidad, 11).
Perjuicios culturales de la publicidad. “Hemos hablado de los perjuicios económicos que la publicidad puede ocasionar a naciones en desarrollo, cuando ésta fomenta el consumismo y destruye modelos de consumo. Consideremos también el daño cultural hecho a estas naciones y sus pueblos por anuncios cuyo contenido y métodos, que reflejan aquello que predomina en el "primer mundo", están en contraposición con los sanos valores tradicionales y culturas indígenas.
La indirecta, pero poderosa influencia ejercida por la publicidad sobre los medios de comunicación social que dependen de ingresos que proceden de esta fuente, hace nacer otra clase de preocupación cultural. En la lucha por atraer la mejor y más grande audiencia y ponerla a disposición de los publicitarios, los comunicadores pueden encontrar tentados –de hecho presionados, sutilmente o no tan sutilmente– a dejar de lado las normas morales y artísticas y a caer en la superficialidad y mal gusto” así como a “ignorar las necesidades educacionales y sociales de ciertos segmentos de la audiencia --los más jóvenes, los más ancianos, los pobres - que no representan al modelo demográfico (edad, educación, ingresos, hábitos de compra y consumo, etc.) de los tipos de audiencias que los publicitarios desean conseguir”.
Con demasiada frecuencia, la publicidad contribuye a un estereotipo de individuos de grupos particulares que les sitúa en desventaja en relación a otros. A menudo esto es verdad en el modo en que la publicidad trata a las mujeres (PCCS. Ética en la publicidad, 12).
Perjuicios morales de la publicidad. La publicidad es moralmente degradante “cuando apela deliberadamente a móviles como la envidia, status social y codicia. Hoy, también algunos publicitarios buscan conscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos de una suave, perversa, naturaleza pornográfica”.
Tampoco parece moralmente lícita la publicidad que “se usa para promocionar productos e inculcar actitudes y formas de comportamiento contrarias a las normas morales. Esto sucede, por ejemplo, con la publicidad de los contraconceptivos, los abortivos y productos que dañan a la salud, y con los gobiernos patrocinadores de campañas publicitarias en favor del control de la natalidad, también llamada " sexo seguro" y otras prácticas parecidas” (PCCS. Ética en la publicidad, 13).
Perjuicios religiosos de la publicidad. A veces “los publicitarios comerciales incluyen temas religiosos o usan imágenes o personajes religiosos para vender productos. Es posible hacer esto con buen gusto, de modo aceptable; sin embargo, la práctica corriente es detestable y ofensiva cuando implica aprovecharse de la religión o se trata con poca seriedad (PCCS. Ética en la publicidad, 13).
24. Dado que las técnicas publicitarias son medios, ¿existen algunos principios morales que nos aseguren el compromiso de la publicidad con la dignidad de las personas en el marco del bien común?
Se pueden señalar tres principios.
a. Veracidad en la publicidad. La publicidad, como otras formas de expresión, tiene su propio estilo y sus propias convenciones que hay que tener en consideración cuando se habla de la verdad. Se da por sentado lo inevitable de ciertas formar retóricas y exageraciones simbólicas de la publicidad; lo cual se puede permitir dentro de los límites de una práctica reconocida y aceptada.
Pero un principio fundamental consiste en que la publicidad no puede engañar deliberadamente, ni implícita o explícitamente ni por Omisión. "El justo ejercicio del derecho a la información reclama que el contenido de lo que se comunica sea verdad y, dentro de los límites fijados por la justicia y la caridad, completo... Aquí se incluye la obligación de evitar cualquier manipulación de la verdad por cualquier razón" (PCCS. Ética en la publicidad, 15).
b. La dignidad de la persona humana. Un "requisito imperativo" de la publicidad es que "respete la persona humana y su derecho/deber a hacer a hacer una elección responsable, su libertad interior; se vulneran todas estos bienes cuando se explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad de reflexionar y decidir". […] “El reclamo a la lujuria, la vanidad, la envidia y la avaricia, y de las técnicas que manipulan y explotan la debilidad humana” convierte a los anuncios rápidamente en "transmisores de una visión deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidad”. Este problema se hace especialmente agudo cuando están comprometidos grupos o clases de personas particularmente vulnerables: niños y jóvenes, los más ancianos, los pobres, los desaventajados culturalmente (PCCS. Ética en la publicidad, 16).
c. Publicidad y responsabilidad social. La responsabilidad social es un concepto tan amplio podemos señalar aquí sólo algunos de sus muchos problemas y preocupaciones relacionados el tema de la publicidad.
“La cuestión ecológica nos indica una de ellas. La publicidad que fomenta un estilo opulento de vida, que derrocha recursos y daña el medio ambiente infringiendo importantes preocupaciones ecológicas” es contraria a este principio.
La publicidad que reduce el progreso humano a la adquisición de bienes materiales y cultiva un opulento estilo de vida expresa una visión falsa, destructiva, de la persona humana, igualmente perjudicial, tanto para individuos como para sociedades.
Los publicitarios, así como las personas que se ocupan de otras formas de comunicación social, tienen la seria obligación de expresar y fomentar una auténtica visión del desarrollo humano en sus dimensiones material, cultural y espiritual (PCCS. Ética en la publicidad, 17).
25. Los publicitarios se ven tentados muchas veces a no rechazar trabajos contrarios a sus principios morales porque no pueden renunciar a su salario para poder vivir o atender a su familia. ¿Qué se puede hacer para que esto no suceda?
Quienes se ocupan de publicidad, mujeres y hombres, han de poseer una conciencia sensible, altas normas éticas y un robusto sentido de la responsabilidad. Pero incluso para ellos, las presiones externas –desde los clientes que contratan su trabajo hasta la dinámica competencia interna de su profesión– pueden crear una fuerza que los induzca a un comportamiento carente de ética. Lo que subraya la necesidad de estructuras y sistemas externos que soporten y animen prácticas responsables en publicidad y desalienten las irresponsables.
Los códigos éticos surgidos por iniciativa propia en varios lugares son una de las fuentes de ayuda. […] También lo es el compromiso del público. “Representantes del público tendrían que participar en la formulación, aplicación y actualización periódica de los códigos deontológicos”. Así mismo la regulación estatal de la publicidad sería un medio de ayuda siempre que fuera más allá de la prohibición de la publicidad engañosa "promulgando leyes y vigilando su aplicación, las autoridades públicas tendrían que impedir que ‘la moral pública y el progreso social se pongan gravemente en peligro’ a través de los abusos de estos medios" (PCCS. Ética en la publicidad, 18-20).
Sin embargo “allí donde las prácticas carentes de ética se hayan extendido y atrincherado, hay que solicitar a los publicitarios responsables su sacrificio y generosidad personal a fin de corregir la situación. Las personas que desean actuar de modo moralmente recto, tienen que estar dispuestas a sufrir pérdidas y perjuicios personales antes que permitirse una actuación incorrecta. Esto es un deber para los cristianos, pero no solamente para ellos” (PCCS. Ética en la publicidad, 23).
4.2. Ética en Internet
26. ¿Qué principios éticos fundamentales deben regir la comunicación a través de Internet?
Son los mismos principios que ya hemos señalado para los comunicadores. Pero se puede poner de relieve alguno en especial dado que “Internet es el último y, en muchos aspectos, el más poderoso de una serie de medios de comunicación —telégrafo, teléfono, radio y televisión— que durante el último siglo y medio ha eliminado progresivamente el tiempo y el espacio como obstáculos para la comunicación entre un gran número de personas. Tiene enormes consecuencias para las personas, para las naciones y para el mundo” (PCCS. Ética en Internet, 2) y pone de manifiesto de manera muy especial la globalización que se está produciendo en nuestro mundo. Precisamente esta característica hace que resaltemos el bien común como principio que debe ser tenido especialmente en cuenta en Internet. Por “bien común” entendemos “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Vaticano II. Gaudium et Spes, 26).
“La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común es la solidaridad. No se trata de un sentimiento ‘superficial por los males de tantas personas’, sino de ‘una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos’ (SRS 38). Especialmente hoy, la solidaridad tiene una clara y fuerte dimensión internacional; es correcto hablar del bien común internacional, y es obligatorio trabajar por él” (PCCS. Ética en Internet, 3; cf. 15).
27. Algunas personas ven a la Iglesia como una institución tradicional y concluyen que, por este motivo, la Iglesia se opone a las nuevas tecnologías, en especial a Internet, y suele ver en ellas sobre todo fuente de problemas. ¿Es así?
No. La Iglesia no considera Internet "fundamentalmente como una fuente de problemas, sino, más bien, como una fuente de beneficios para la raza humana. Pero estos beneficios sólo se lograrán plenamente si se resuelven los problemas que le son propios". Concretamente "esta tecnología puede ser un medio para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de las personas y crear un mundo regido por la justicia, la paz y el amor. En la actualidad, [...] los medios de comunicación tienen la capacidad de hacer de cualquier persona, en cualquier lugar que se encuentre, un compañero "en los asuntos y dificultades que afectan a la humanidad entera". Esto será así si tomamos la firme determinación de practicar la solidaridad al servicio del bien común tanto dentro de las naciones como entre ellas. Porque "hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos nunca felices y en paz los unos sin los otros; y mucho menos los unos contra los otros". Esto será una expresión de la espiritualidad de comunión, que es "capacidad para ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios", así como capacidad para "saber ‘dar espacio’ al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan" (PCCS. Ética en Internet, 5-6).
“Internet puede dar una contribución muy valiosa a la vida humana. Puede fomentar la prosperidad y la paz, el crecimiento intelectual y estético, y la comprensión mutua entre los pueblos y las naciones a escala mundial” (PCCS. Ética en Internet, 18).
28. Pero no todo es positivo en Internet. ¿Cuál es una de las preocupaciones más importantes que tiene la Iglesia sobre Internet?
“Una de las más importantes se refiere a lo que hoy se denomina ‘brecha digital’, una forma de discriminación que separa a los ricos de los pobres, tanto dentro de las naciones como entre ellas, sobre la base del acceso o no a la nueva tecnología de la información. En este sentido, es una versión actual de la antigua brecha entre ‘ricos en información’ y ‘pobres en información’. […]
Mientras se perfila la nueva economía global, la Iglesia se preocupa de que ‘este proceso sea de la humanidad entera, y no sólo de una élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y los recursos del planeta’, es decir, la Iglesia desea ‘una globalización que esté al servicio de toda la persona y de todas las personas’. La brecha digital va en perjuicio, sobre todo, de la mujer (PCCS. Ética en Internet,10).
29. ¿Qué efectos puede tener esta "brecha digital"?
A la Iglesia le preocupan, sobre todo, los efectos sobre la cultura. “Las nuevas tecnologías de la información e Internet, precisamente como instrumentos poderosos del proceso de globalización, transmiten y ayudan a inculcar un conjunto de valores culturales —modos de pensar sobre las relaciones sociales, la familia, la religión y la condición humana—, cuya novedad y fascinación pueden cuestionar y destruir las culturas tradicionales.
El diálogo y el enriquecimiento intercultural son sin duda alguna muy deseables. [...] Pero esto ha de ser un camino de doble sentido. Las culturas tienen mucho que aprender unas de otras y la imposición a escala mundial de puntos de vista y valores de una cultura a otra no significa diálogo, sino imperialismo cultural.
La dominación cultural es un problema particularmente serio cuando la cultura dominante transmite falsos valores, enemigos del verdadero bien de las personas y grupos. Tal como están las cosas, Internet, junto con los otros medios de comunicación social, está transmitiendo mensajes cargados de valores de la cultura secular occidental a pueblos y sociedades en muchos casos mal preparados para valorarlos y confrontarlos. Esto causa serios problemas, por ejemplo, en el ámbito del matrimonio y la vida familiar, que están experimentando "una crisis generalizada y radical" en muchas partes del mundo” (PCCS. Ética en Internet, 11).
30. Desde luego, lo que no se podrá negar a Internet es que favorece enormemente la libertad de expresión y el libre intercambio de ideas.
Para la Iglesia "la libertad de buscar y conocer la verdad es un derecho humano fundamental, y la libertad de expresión es una piedra angular de la democracia”. Ahora bien, “la ideología de libertad radical es errónea y nociva, al menos para legitimar la libre expresión al servicio de la verdad. El error reside en la exaltación de la libertad ‘hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. [...] De este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de acuerdo con uno mismo’. En esta forma de pensamiento no hay cabida para la auténtica comunidad, el bien común y la solidaridad” (PCCS. Ética en Internet, 12. 14).
31. Ante estos y otros problemas que suscita Internet, ¿qué soluciones propone la Iglesia?
La Iglesia propone cuatro soluciones.
1) Educación. En primer lugar "las escuelas y otras instituciones y programas educativos para niños y adultos deberían proporcionar formación con vistas al uso inteligente de Internet como parte de una educación completa en los medios de comunicación que no sólo incluye la capacitación técnica —primeras nociones de ordenador y otros conocimientos—, sino también la adquisición de una capacidad para evaluar de modo informado y sagaz los contenidos”. En segundo lugar “los padres deberían guiar y supervisar el uso que hacen de él sus hijos”. En tercer lugar “todos los usuarios de Internet deben usarlo de un modo maduro y disciplinado, con propósitos moralmente buenos”.
2) Regulación legal. “Debería evitarse la censura previa de los gobiernos; ‘la censura [...] sólo se debería usar en los casos realmente extremos’”. Ahora bien, "la conducta delictiva en otros contextos es también conducta delictiva en el ciberespacio, y las autoridades civiles tienen el deber y el derecho de hacer cumplir las leyes”. Hacen falta también nuevas leyes para afrontar delitos especiales en Internet, como la difusión de virus de ordenadores, el robo de datos personales almacenados en discos duros, la difamación, el fraude, la pornografía en general y en especial la infantil.
3) Autorregulación. La autorregulación sería lo mejor. “La implementación de códigos éticos puede ser muy útil, con tal de que tengan propósitos serios e impliquen a los representantes del público en su formulación y aplicación, y que, además de dar estímulos positivos a los comunicadores responsables, apliquen penas adecuadas por las violaciones, incluida la censura pública”.
4) Cooperación internacional. “El carácter transnacional de Internet, su peculiaridad de tender puentes sobre las fronteras y su papel en la globalización exigen la cooperación internacional. [...] Por ejemplo, cómo garantizar la privacidad de las personas y los grupos que observan la ley, sin impedir que se aplique la ley y permitiendo que el personal de seguridad vigile sobre delincuentes y terroristas; cómo proteger el derecho de propiedad intelectual sin limitar el acceso de la gente a material de dominio público, y cómo definir el concepto mismo de ‘dominio público’—; cómo establecer y mantener amplios depósitos de información en Internet plenamente accesibles a todos sus usuarios en las diversas lenguas; cómo proteger los derechos de la mujer con respecto al acceso a Internet y otros aspectos de las nuevas tecnologías de la información. En particular, la cuestión de cómo superar la brecha digital entre ricos y pobres en información requiere una atención seria y urgente, en sus aspectos técnicos, educativos y culturales. [Tenemos] una oportunidad única para contribuir a la globalización de la solidaridad" (PCCS. Ética en Internet, 15-17).
4.3. Pornografía y violencia en los medios de comunicación
32. La pornografía y la exaltación de la violencia son viejas realidades de la condición humana, ¿cuál es la novedad que presentan hoy día?
La novedad en nuestros días está en la creciente generalización y difusión en los medios de comunicación: éstos han permitido que sean accesibles al gran público, incluidos niños y jóvenes. Este problema, que quedaba confinado antes en el ámbito de los países ricos, ha comenzado, con la comunicación moderna a corromper los valores morales de las naciones en vías de desarrollo (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 5-6).
“Cuando los demás son presentados en términos hostiles, se siembran semillas de conflicto que pueden fácilmente convertirse en violencia, guerra e incluso genocidio. En vez de construir la unidad y el entendimiento, los medios pueden ser usados para denigrar a los otros grupos sociales, étnicos y religiosos, fomentando el temor y el odio. Los responsables del estilo y del contenido de lo que se comunica tienen el grave deber de asegurar que esto no suceda. Realmente los medios tienen un potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los pueblos, rompiendo el círculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo. En palabras de San Pablo...: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12, 21)” (Juan Pablo II. Mensaje para la 39ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2005. n. 2).
33. ¿Cuáles son los principales efectos de la pornografía y de la violencia?
“La pornografía y la violencia sádica deprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan los individuos –especialmente las mujeres y los niños–, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad”.
“Se ha dicho que puede haber una vinculación sicológica entre la pornografía y la violencia sádica. Quienes ven, escuchan o leen un material así corren el riesgo de introducirlo en el propio comportamiento. De ahí que pueda actuar como agente de incitación o de reforzamiento, un cómplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia, los secuestros y asesinatos”.
“La pornografía –como la droga– puede crear dependencia y empujar a la búsqueda de un material cada vez más excitante”.
“La pornografía, además, cuestiona el carácter familiar de la sexualidad humana auténtica. En la medida en que la sexualidad se considere como una búsqueda frenética del placer individual, más que como una expresión perdurable del amor en el matrimonio, la pornografía aparecerá como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidad”.
“Es evidente que uno de los efectos de la pornografía es el pecado. La participación voluntaria en la producción y en la difusión de estos productos nocivos ha de ser considerada como un serio mal moral. Además, esta producción y difusión no podrían tener lugar si no existiera una demanda. Así, pues, quienes hacen uso de estos productos no sólo se perjudican a sí mismos, sino que también contribuyen a la promoción de un comercio nefasto”.
“Una de las consecuencias fundamentales de la pornografía y de la violencia es el menosprecio de los demás, al considerarles como objetos en vez de personas” (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 10-18).
34. ¿Cuáles son las principales causas de la pornografía y de la violencia?
La causa principal parece ser la propagación de “una moral permisiva, basada en la búsqueda de la satisfacción individual a todo coste. Un nihilismo moral de la desesperación se añade a ello que acaba haciendo del placer la sola felicidad accesible a la persona humana”.
Se pueden señalar también el beneficio económico de esta "industria" que es muy lucrativa, considerar que la libertad de expresión exige tolerancia hacia la pornografía y violencia y la ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no aplicación que protejan el bien común, en particular, la moralidad de los niños y jóvenes (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 19-20).
35. ¿Qué respuestas se pueden dar al problema de la presencia de la pornografía y violencia en los medios de comunicación?
“Profesionales de la comunicación. Se invita encarecidamente a estos profesionales a unirse para elaborar códigos éticos en materia de comunicación social y publicidad, inspirados en el bien común y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos códigos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisión, que permite que las imágenes entren en los hogares, allí donde los niños se encuentran a su aire y sin vigilancia”.
“Padres. Se invita a los padres a que multipliquen sus esfuerzos en orden a una completa formación moral de niños y jóvenes. La cual supone una educación en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la práctica de la autodisciplina. [...] El ejemplo de los padres es determinante en esta materia”.
“Educadores. Son los principales colaboradores de los padres. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores éticos y sociales, de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedad”.
“Jóvenes. Los jóvenes contribuirán a poner muros al avance de la pornografía y la violencia en los media si saben responder, positivamente, a las iniciativas de sus padres y educadores y asumir sus responsabilidades en lo que reclama capacidad de decisión moral, así como en la elección de sus diversiones”.
“El público. Los ciudadanos -incluidos los jóvenes- tienen la tarea de expresar individual y colectivamente su punto de vista respecto a productores, intereses comerciales y autoridades civiles. Se hace urgente mantener un diálogo continuado entre los comunicadores y los representantes del público, a fin de que quienes actúan en las comunicaciones sociales estén al corriente de las exigencias reales e intereses de los usuarios”.
“Autoridad pública. […] Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar las leyes que ya existen. Dadas las implicaciones internacionales que presentan la producción y distribución de material pornográfico, hay que actuar a nivel regional, continental e internacional de cara a controlar con éxito este insidioso tráfico”.
“Iglesia y grupos religiosos. La primera responsabilidad de la Iglesia consiste en la enseñanza constante y clara de la fe y, asimismo de la verdad moral objetiva, incluidas aquellas verdades referentes a la moral sexual. Una era de permisividad y de confusión moral como la nuestra pide que la voz de la Iglesia sea profética, lo que la hará aparecer a menudo como signo de contradicción. […] En donde sea posible, la Iglesia está llamada a colaborar con otras Iglesias cristianas, comunidades y grupos religiosos a fin de enseñar y promover este mensaje. Debe igualmente empeñar a sus personas e instituciones en una acción formativa al uso de los medios de comunicación social y su papel en la vida individual y social. En este campo los padres merecen una asistencia y atención especial” (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 21-29).
4.4. medios de comunicación Y FAMILIA
36. ¿Cuál debe ser el tratamiento adecuado que los medios han de hacer de la familia?
“Por una parte, el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás. Esto vale también para los programas de los medios de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren inevitablemente los matrimonios y las familias "tensiones, conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos", pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la actividad sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad.
Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y los padres” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
5. El compromiso con la EDUCACIÓN
37. Pero, ¿a quién corresponde principalmente proporcionar educación para el uso de los medios de comunicación social?
Sin duda la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación (cf. Vaticano II. Aetatis novae, 28; Comisión pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 107). “’La comunidad, consciente del influjo de los medios de comunicación, se educa para utilizarlos en orden al crecimiento personal y comunitario con la claridad evangélica y la libertad interior de quien ha aprendido a conocer a Cristo (cf. Gal 4,17-23). En efecto, esos medios proponen, y con frecuencia imponen, una mentalidad y un modelo de vida que debe ser confrontado continuamente con el Evangelio. A este propósito desde muchos lugares se pide una profunda formación para la recepción y el uso crítico y fecundo de esos medios’ (Congregación para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Vida fraterna en comunidad, 34)”.
Pero no solo la Iglesia. “De igual modo, los padres tienen el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus facultades críticas (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 76). Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las circunstancias, los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial. Puede ser útil a las familias —padres e hijos juntos— reunirse en grupos para estudiar y discutir los problemas y las ventajas que plantea la comunicación social” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podría resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios de comunicación. Las familias deberían manifestar claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 5).
38. ¿Debe ser positiva la educación en comunicación social?
"La educación para los medios debería ser positiva. Cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento. En este punto, es importante reconocer el valor fundamental del ejemplo de los padres y el beneficio de introducir a los jóvenes en los clásicos de la literatura infantil, las bellas artes y la música selecta. Si bien la literatura popular siempre tendrá un lugar propio en la cultura, no debería ser aceptada pasivamente la tentación al sensacionalismo en los lugares de enseñanza. La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos.
La educación para los medios, como toda labor educativa, requiere la formación del ejercicio de la libertad. Se trata de una tarea exigente. Muy a menudo la libertad se presenta como la búsqueda frenética del placer o de nuevas experiencias. Pero más que de una liberación se trata de una condena. La verdadera libertad nunca condenaría a un individuo - especialmente un niño - a la búsqueda insaciable de la novedad. A la luz de la verdad, la auténtica libertad se experimenta como una respuesta definitiva al "sí" de Dios a la humanidad, que nos llama a elegir lo que es bueno, verdadero y bello, no de un modo discriminado sino deliberadamente. Los padres de familia son, pues, los guardianes de la libertad de sus hijos; y en la medida en que les devuelven esa libertad, los conducen a la profunda alegría de la vida (cf. Discurso en el V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 8 julio 2006)” (Benedicto XVI. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. n. 2).
39. ¿Qué lugar deberían ocupar los conocimientos técnicos en la formación de las audiencias?
“La educación en el uso de los medios de comunicación, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ha de ayudar a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos, que constituyen un aspecto de la formación de la conciencia” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Reconociendo toda la importancia de mantener y continuar poniendo en marcha las medidas de reglamentación y autorregulación, estamos convencidos de que una de las mejores «formas de protección» y de las más duraderas consiste en dotar a los niños de la comprensión y de las capacidades necesarias para poder ser interactivos con los medios con una actitud crítica.
La educación en los medios es el instrumento clave para favorecer no sólo la comprensión crítica de los medios por los jóvenes mediante el análisis, sino también su participación crítica como productores culturales que están en su derecho. Es esencial equiparles para que lleguen a ser participantes activos en la cultura mediática que les envuelve. En este sentido, la educación en los medios puede desarrollar la capacidad propia de los niños para protegerse del entorno mediático más amplio y, lo más importante y positivo, ayudarles a comprender y a saber tratar con este entorno. Los padres tienen una responsabilidad especial que es la de proteger y permitir a sus hijos adoptar este acercamiento crítico a los medios” (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación, Año 2001. n.4).
“El cada vez más importante sector mediático de las “nuevas pantallas” está siendo además favorecido en su expansión por un creciente interés económico ante los beneficios que genera. A ello se une la falta de una completa regulación de las administraciones públicas, especialmente en lo que se refiere a los videojuegos, lo que hace muy vulnerable estos medios a la transmisión de contenidos inadecuadados, cuando no dañinos, para los más pequeños. Algo similar ocurre en el terreno televisivo con la falta de cumplimiento en la parrilla de programación de las normas y acuerdos adoptados sobre emisiones inadecuadas en horas de visionado infantil. A todo esto habrá que poner el remedio que exige una responsable y madura sociedad civil y los ciudadanos han de reclamar, individual o asociadamente. Los derechos a la libertad de expresión y de mercado, que pudieran invocarse para justificar estas prácticas, han de tener en cuenta que sólo son válidos si se armonizan con otros derechos fundamentales. Así lo expresó el Papa Juan Pablo II al afirmar que “no se puede escribir o emitir sólo en función del índice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos... No hay libertad, incluida la libertad de expresión, que sea absoluta: ésta está limitada por el deber de respetar la dignidad y la libertad legítima de los demás” (Discurso con motivo del Jubileo de los periodistas. Roma, 4.06.2000)” (CEMCS. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. nº 3).
40. ¿No sería muy conveniente que quienes tienen responsabilidad pública en la Iglesia se formaran en el uso de los medios de comunicación, como modo de ser más eficaces en la transmisión del mensaje de Cristo?
Sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación. Esto no vale solamente para los seminaristas, para miembros de comunidades religiosas en período de formación y para los jóvenes laicos católicos; vale para todo el personal de la Iglesia. Si los medios de comunicación son «neutrales, abiertos y honrados», ofrecen a los cristianos bien preparados «un papel misionero de primer plano», y es importante que éstos estén «bien formados y se les apoye» (Para una pastoral de la cultura, 34). Los pastores también deberían ofrecer a sus fieles orientación acerca de los medios de comunicación y de sus mensajes, a veces discordantes e incluso destructivos (cf. Código de Derecho Canónico, c. 822, § 2 y 3) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales 26).
6. Los medios de comunicación en la Iglesia
41. Hemos estado hablando de comunicación entre la Iglesia y el resto de la sociedad a través de los medios, pero ¿no sería muy conveniente también la comunicación interna en la Iglesia?
“Un flujo recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del «derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia» (Vaticano II. Aetatis novae, 10; cf. Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 20).
El derecho de expresión debe ejercerse con deferencia a la verdad revelada y a la enseñanza de la Iglesia, y respetando los derechos eclesiales de los demás (cf. Código de derecho canónico, c. 212, § 1, 2 y 3; c. 220)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
42. ¿Puede existir opinión pública en la Iglesia?
Pío XII, "al encontrarse con los editores de periódicos católicos, les decía que algo faltaría en la vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias, y el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, reconoce el derecho a expresar la propia opinión. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a la expresión de las propias valoraciones, no es menos cierto que en otros campos, existe entre los católicos un espacio para el intercambio de opiniones, en diálogo respetuoso con la justicia y la prudencia" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 12).
43. A veces los periodistas hacen preguntas incómodas e incluso provocativas a los representantes de la Iglesia. ¿Cómo debería responderse a estas preguntas?
“Quienes representan a la Iglesia deben ser honrados e íntegros en sus relaciones con los periodistas. Aun cuando «sus preguntas provocan algunas veces perplejidad y desencanto, sobre todo cuando corresponden poco al contenido fundamental del mensaje que debemos transmitir», debemos tener presente que «esos interrogantes desconcertantes coinciden con los de la mayor parte de nuestros contemporáneos» (Para una pastoral de la cultura, 34). Si la Iglesia quiere hablar de modo creíble a la gente de hoy, quienes hablan en su nombre tienen que dar respuestas creíbles y verdaderas a esas preguntas aparentemente incómodas” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
44. ¿Debe la Iglesia ser completamente transparente e informar de lo que sucede en su seno?
“Como sucede en otras comunidades e instituciones, a veces la Iglesia necesita —y en ocasiones tiene el deber— de practicar la reserva y la discreción. Pero no debería hacerlo con miras a la manipulación y al control. Dentro de la comunión de fe, quienes «poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del pueblo de Dios y tienen, por tanto, la verdadera dignidad de cristianos, aspirando al mismo fin, en libertad y orden, lleguen a la salvación» (Vaticano II. Lumen gentium, 18). La práctica correcta de la comunicación es uno de los modos de realizar esta concepción” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
45. La Iglesia tiene medios de comunicación. ¿No debería “predicar con el ejemplo”, en el sentido de que sus medios de comunicación fueran ejemplares en todos los sentidos?
“En primer lugar, y sobre todo, el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros importantes principios y normas. Además de esto, los medios de comunicación de la Iglesia deberían esforzarse por comunicar la plenitud de la verdad acerca del significado de la vida humana y de la historia, especialmente como está contenida en la palabra de Dios revelada y expresada por la enseñanza del Magisterio. Los pastores deberían estimular el uso de los medios de comunicación social para difundir el Evangelio (cf. Código de Derecho Canónico, can. 822, § 1)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
7. El comunicador cristiano
46. ¿Todos los cristianos tenemos la misma responsabilidad en la promoción del uso de los medios de comunicación social con finalidad evangelizadora?
No. A los Pastores corresponde, sobre todo, “hacerse intérpretes de esta exigencia: es importante preocuparse de que la propuesta del Evangelio se haga de modo incisivo y promueva su escucha y acogida (cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Pastores gregis, 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6). Una especial responsabilidad en este campo está reservada a las personas consagradas quienes, desde su propio carisma, adquieren un compromiso en el ámbito de las comunicaciones sociales. Formadas espiritual y profesionalmente, las personas consagradas ‘presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos’. (Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Vita consecrata (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476)” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 8).
47. ¿Pueden los católicos, como católicos, expresarse a través de los medios de comunicación?
“Los católicos, como los demás ciudadanos, tienen el derecho a expresarse libremente y por ello también el de acceder a los medios de comunicación para este fin. El derecho de expresión incluye la posibilidad de manifestar opiniones acerca del bien de la Iglesia, con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral, respeto a los pastores, y consideración por el bien común y la dignidad de las personas (cf. Código de Derecho Canónico, c. 212, § 3; c. 227). Sin embargo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de la Iglesia, ni a implicarla en lo que haga, sin haber sido designado expresamente; y las opiniones personales no deberían presentarse como enseñanza de la Iglesia (cf. ib., c. 227)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
48. ¿Cuáles son las tareas fundamentales del comunicador cristiano?
“El comunicador cristiano en particular tiene una tarea, una vocación profética: clamar contra los falsos dioses e ídolos de nuestro tiempo —el materialismo, el hedonismo, el consumismo, el nacionalismo extremo y otros—, ofreciendo a todos un cuerpo de verdades morales basadas en la dignidad y los derechos humanos, la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, el amor a los enemigos y el respeto incondicional a toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural; y buscando la realización más perfecta del Reino en este mundo, conscientes de que, al final de los tiempos, Jesús restablecerá todas las cosas y las restituirá al Padre (cf. 1 Co 15, 24)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 31).
49. ¿A qué grandes desafíos se enfrenta hoy día el comunicador cristiano?
Tanto el comunicador cristiano como la Iglesia y la sociedad en su conjunto se enfrentan a grandes desafíos actuales en relación con los medios de comunicación.
a. Hay que tomar conciencia del viraje, o incluso del cambio de función que los medios están afrontando. Hoy la comunicación parece tener la pretensión no sólo de representar la realidad, sino también de determinarla. “Se constata, por ejemplo, que con respecto a algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de información, sino para ‘crear’ los acontecimientos mismos” (Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 3).
b. “Hay que evitar que los medios de comunicación social se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético [y del utilitarismo], verdaderas plagas de nuestro tiempo” (Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 5; cf. PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
c. Hay que evitar también que participen “en la contemporánea ‘conjura contra la vida’, ‘creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida’ (Juan Pablo II. Evangelium vitae, 17) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
d. “Es de desear que la comunicación se haga según modelos culturales. Las sociedades pueden y deben aprender unas de otras. Pero la comunicación transcultural no debería realizarse en detrimento de las más débiles” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
e. Es necesario armonizar beneficio con servicio de interés público, entendido según una concepción integral del bien común. “Las decisiones sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían depender sólo del mercado y de factores económicos —los beneficios—, puesto que éstos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su integridad ni tampoco los legítimos intereses de las minorías” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 24).
f. La comunicación social puede unir a las personas en comunidades presididas por la simpatía y los intereses comunes. ¿Estarán dichas comunidades basadas en la justicia, la decencia y el respeto de los derechos humanos? ¿Se comprometerán en favor del bien común? ¿O, por el contrario, serán egoístas e introvertidas, buscando el beneficio de grupos particulares —económicos, raciales, políticos e incluso religiosos— a expensas de los demás? ¿Servirá la nueva tecnología a todas las naciones y a todos los pueblos, respetando las tradiciones culturales de cada uno, o será un instrumento para aumentar la riqueza de los ricos y el poder de los poderosos? Corresponde a nosotros elegir (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 29).
50. Ya que Cristo es el modelo de todo hombre, ¿es también modelo para el comunicador?
“’El mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto comunicador. Por la encarnación se revistió de la semejanza de aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo de hablar y pensar, ya que lo hacía desde su misma situación y condición’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 11: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 3).
Durante la vida pública de Jesús las muchedumbres se reunían para escuchar su predicación y su enseñanza (cf. Mt 8,1.18; Mc 2,2; 4,1; Lc 5,1, etc.); él enseñaba ‘como quien tiene autoridad’ (Mt 7,29; cf. Mc 1,22;Lc 4,32). Les hablaba del Padre y, al mismo tiempo, los dirigía hacia sí mismo, explicando: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’ (Jn14,6) y ‘el que me ha visto a mí, ha visto al Padre’ (Jn 14,9). No perdió tiempo en discursos insustanciales o justificándose a sí mismo, ni siquiera cuando fue acusado y condenado (cf. Mt 26,63; 27,12-14; Mc 15,5; 15,61), pues su ‘alimento’ era hacer la voluntad del Padre que lo había enviado (cf. Jn 4,34); y todo lo que decía y hacía guardaba relación con esa voluntad.
A menudo la enseñanza de Jesús adoptaba la forma de parábolas y relatos coloridos que expresaban profundas verdades con las palabras sencillas que se usaban a diario. No sólo sus palabras, sino también sus obras, especialmente sus milagros, eran actos de comunicación, que revelaban su identidad y manifestaban el poder de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 12). En sus comunicaciones mostraba respeto por sus oyentes, solicitud por su situación y sus necesidades, compasión por su sufrimiento (por ejemplo, véase Lc 7,13), y firme determinación de decirles lo que necesitaban oír, de un modo que debía atraer poderosamente su atención y ayudarles a recibir el mensaje, sin coerción ni componendas, sin engaño ni manipulación. Invitaba a los demás a abrir su mente y su corazón a él, sabiendo que éste era el modo de llevarles hacia él y hacia su Padre (véase, por ejemplo, Jn 3,1-15; 4,7-26).
Jesús enseñaba que la comunicación es un acto moral: ‘De lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado’ (Mt 12,34-37). Criticaba severamente a quienes escandalizaran a los ‘pequeños’, y aseguraba que a quien lo hiciera ‘era mejor que le pusieran al cuello una piedra y lo echaran al mar’ (Mc 9,42; cf. Mt 18,6; Lc17,2). Era completamente sincero; un hombre de quien se podía decir que ‘en su boca no se halló engaño’; y también: ‘al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de aquel que juzga con justicia’ (1 P 2, 22-23). Insistía en la sinceridad y en la veracidad de los demás, al mismo tiempo que condenaba la hipocresía, la inmoralidad y cualquier forma de comunicación que fuera torcida y perversa: Sea vuestro lenguaje: «Sí, sí»; «no, no», pues lo que pasa de aquí viene del maligno’ (Mt 5,37)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 32).
DOCUMENTOS
CONCILIO VATICANO II. Decreto Inter mirifica, (04.12.1963), AAS 56 (1964), pp. 145-
157; EV/1 nn. 245-283.
JUAN PABLO II. El Rápido desarrollo, (24.01.2005) (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20050124_il-rapido-sviluppo_sp.html)
PABLO VI, JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (http://www.pccs.it/Doc_GMCS_spa.htm ).
COMISIÓN PONTIFICIA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Communio et progressio, (23.05.1971), AAS 63 (1971), pp. 593-656; EV/4 nn. 781-967.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Pornografía y violencia en los medios de comunicación social, (07.05.1989), EV/11 nn. 2237-2270.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en la publicidad, (22.02.1997), EV/16 nn. 214-255.
CONSEJO PONTIFICIO PARA LA CULTURA, Por una pastoral de la cultura, (23.05.1999), EV/18 nn. 1036-1134.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en las comunicaciones sociales, (04.06.2000), EV/19 nn. 875-932.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en Internet, (22.02.2002), LEV, Ciudad del Vaticano 2002.
COMISIÓN DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES DE LA COMUNIDAD EUROPEA (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación. Año 2001, n. 4).
COMISIÓN EPISCOPAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL (CEMCS). CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las comunicaciones Sociales. En José Francisco Serrano Oceja (Editor), Los Obispos españoles y las Comunicaciones Sociales. Mensajes de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social a lo largo de su historia. EDICE. Madrid. Año 2000.
http://multimedios.org/docs/d001973
Según los últimos documentos de la Iglesia sobre las Comunicaciones Sociales
“Es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad. Más de uno piensa que es necesaria una “infoética”, así como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida” (Benedicto XVI)
JESÚS es el modelo y el criterio de nuestra comunicación. Para quienes están implicados en la comunicación social —responsables de la política, comunicadores profesionales, usuarios, sea cual sea el papel que desempeñen— la conclusión es clara: «Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. (...) No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen» (Ef 4,25.29). Servir a la persona humana, construir una comunidad humana fundada en la solidaridad, en la justicia y en el amor, y decir la verdad sobre la vida humana y su plenitud final en Dios han sido, son y seguirán ocupando el centro de la ética en los medios de comunicación. (Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales. Ética en las Comunicaciones Sociales, 33).
Prólogo
Al recordar en su mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales el importante papel que los medios de comunicación han adquirido en la sociedad actual, el Santo Padre Benedicto XVI da un paso decisivo más al reclamar la inclusión de la comunicación social en la que denomina “cuestión antropológica” y reivindicar que, para preservar la defensa de la dignidad de la persona humana por parte de los medios, “es necesaria una “infoética”, así como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida”.
La Iglesia, fiel su vocación de servicio a la humanidad, tiene, en este sentido, una gran aportación que hacer al mundo de la comunicación: “Su contribución especial a las realidades humanas, incluyendo el mundo de las comunicaciones sociales, es «precisamente el concepto de la dignidad de la persona, que se manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado» (Centesimus annus, 47). Como afirma el Concilio Vaticano II, «Cristo el Señor, Cristo el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación» (Gaudium et spes, 22)” (PCCS. Ética en las comunicaciones Sociales, n. 5).
La cuestión antropológica reclama ineludiblemente la consideración ética y moral: la “infoética”, como la denomina el Papa. En desarrollar esta consideración y ayudar a ponerla en práctica a los actores implicados en los procesos comunicativos (comunicadores, empresarios, autoridades, público, etc,) tienen los cristianos –pastores y fieles- una de sus tareas más importantes y urgentes en el apostolado de las comunicación, ineludible para la propia Iglesia que no sólo ha de atender este ámbito pastoral, sino que todas su acciones han de ser más comunicativas en la sociedad de la información que nos ha tocado vivir.
Para contribuir humildemente a esta importante tarea que el Papa Benedicto XVI nos señala, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española ha elaborado, con la importante colaboración del profesor Jesús Manuel Conderana, de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, este fascículo titulado “50 preguntas y respuestas sobre Infoética”.
Su carácter es divulgativo y en absoluto quiere ser exhaustivo, sino una ayuda para difundir entre los fieles la gran riqueza de los últimos documentos de la Iglesia sobre las comunicaciones sociales, muchas veces desconocidos no sólo por el gran público, sino también por los profesionales de la comunicación.
José María Gil TamayoDirector del Secretariadode la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social
1. Misión de la Iglesia y medios de comunicación
1. ¿Por qué la Iglesia ha mostrado y muestra tanto interés por los medios de comunicación?
Porque son “el primer areópago de los tiempos modernos” ya que en ellos “la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. La Iglesia los utiliza también para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, considerando su uso como una respuesta al mandato del Señor: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’” (Mc 16, 15)” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3. 7).
2. ¿No es verdad que la Iglesia se sitúa frecuentemente ante los medios de comunicación con una actitud negativa y de condena?
No. "La Iglesia asume los medios de comunicación social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante. No se limita simplemente a pronunciar juicios y condenas; por el contrario, considera que estos instrumentos no sólo son productos del ingenio humano, sino también grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos (cf. Inter mirifica, 1; Evangelii nuntiandi, 45; Redemptoris missio, 37). La Iglesia desea apoyar a los profesionales de la comunicación, proponiéndoles principios positivos para asistirles en su trabajo, a la vez que fomenta un diálogo en el que todas las partes interesadas —hoy está implicada una gran parte de la humanidad— puedan participar” (Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (PCCS). Ética en las comunicaciones sociales, 4).
3. ¿Por qué la Iglesia siente el deber de ofrecer orientaciones morales en el ámbito de los medios de comunicación social?
"La Iglesia, que es maestra de humanidad en virtud del mensaje de salvación confiado por su Señor, siente el deber de dar su propia contribución en aras de una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades que conlleva el actual desarrollo de las comunicaciones sociales" porque éstas "influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman su mentalidad y determinan su visión de las cosas". Además, debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, se hace preciso un sistema de gestión que pueda salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, la primacía de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 10).
4. ¿Cuál es la aportación que la Iglesia hace al campo de la ética de la comunicación social?
“La contribución especial que la Iglesia ofrece al debate en este campo consiste en una visión de la persona humana, de su incomparable dignidad y de sus derechos inviolables, y en una visión de la comunidad humana cuyos miembros están unidos en virtud de la solidaridad con vistas al bien común de todos. La necesidad de estos dos conceptos es especialmente urgente «cuando se está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo efímero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar el verdadero sentido de la existencia»; al faltar esas visiones, «muchos llevan una vida casi hasta el límite de la ruina, sin saber bien lo que les espera» (Fides et ratio, 6)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 30).
5. ¿Qué bienes pueden aportarse mutuamente la Iglesia y los medios de comunicación?
“La cultura del memorial de la Iglesia puede salvar a la cultura de la fugacidad de la "noticia" que nos trae la comunicación moderna, del olvido que corroe la esperanza; los medios, en cambio, pueden ayudar a la Iglesia a proclamar el Evangelio en toda su perdurable actualidad, en la realidad de cada día de la vida de las personas. La cultura de sabiduría de la Iglesia puede salvar a la cultura de información de los mass-media de convertirse en una acumulación de hechos sin sentido; y los medios pueden ayudar a la sabiduría de la Iglesia a permanecer alerta ante los impresionantes nuevos conocimientos que ahora emergen. La cultura de alegría de la Iglesia puede salvar la cultura de entretenimiento de los medios de convertirse en una fuga desalmada de la verdad y la responsabilidad; y los medios pueden ayudar a la Iglesia a comprender mejor cómo comunicar con la gente de forma atractiva y que a la vez deleite. Estos son algunos ejemplos de cómo una cooperación más estrecha en un espíritu de amistad y a un nivel más profundo puede ayudar a ambos, la Iglesia y los medios de comunicación social, a servir a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo en su búsqueda del sentido y la realización” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
6. Algunos acusan a la Iglesia de querer imponer sus puntos de vista morales. Cuando la Iglesia se pronuncia, por ejemplo, sobre los principios morales que deberían regir Internet, ¿qué pretende hacer?
La Iglesia católica desea participar junto con otras organizaciones en un diálogo público sobre estas cuestiones. “La Iglesia no pretende dictar estas decisiones y estas elecciones, sino que trata de proporcionar una verdadera ayuda, indicando los criterios éticos y morales aplicables a este campo, criterios que se encontrarán en los valores a la vez humanos y cristianos”. “La Iglesia no puede imponer sus respuestas, pero puede y debe proclamar al mundo las respuestas que posee; y hoy, como siempre, ofrece la única respuesta totalmente satisfactoria a los interrogantes más profundos de la vida: Jesucristo, que ‘manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación’” (PCCS. Ética en Internet,18).
2. Medios al servicio de la persona y del bien común
7. Hablamos de “medios de comunicación". ¿Debemos entenderlos como “medios” para conseguir “fines”?
Pues sí, dado que “a pesar de su inmenso poder, los medios de comunicación son y seguirán siendo sólo medios, es decir, instrumentos, herramientas disponibles tanto para un uso bueno como para uno malo. A nosotros corresponde elegir” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
8. Entonces, los medios de comunicación, justamente como medios que son, ¿pueden ser usados para el bien y para el mal? ¿Qué fines generales hacen que los medios de comunicación no perviertan su propia naturaleza?
“Los medios de comunicación pueden a veces reducir a los seres humanos a simples unidades de consumo, o a grupos rivales de interés; también pueden manipular a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos meras cifras de las que se obtienen ventajas, sea en venta de productos sea en apoyo político. Y todo ello destruye la comunidad. La tarea de la comunicación es unir a las personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas. Los medios de comunicación social, usados correctamente, pueden ayudar a crear y apoyar una comunidad humana basada en la justicia y la caridad; y, en la medida en que lo hagan, serán signos de esperanza” (Juan Pablo II, Mensaje para la 32ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales. Año 1998, n. 4).
9. ¿Cuál es la finalidad última de los medios de comunicación?
"Los medios de comunicación están llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 6).
10. Hemos dicho que los medios de comunicación han de estar al servicio de la dignidad de la persona humana, pero ¿qué beneficios concretos le aportan?
1. Económicos. El mercado puede servir a la persona "y los medios de comunicación desempeñan un papel indispensable en una economía de mercado. La comunicación social sostiene los negocios y el comercio, contribuye a estimular el progreso económico, el empleo y la prosperidad, promueve mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes y el desarrollo de otros nuevos, fomenta la competencia responsable con vistas al interés público, y permite que la gente haga opciones informadas, dándole a conocer la disponibilidad y las características de los productos".
2. Políticos. "Los medios de comunicación son indispensables en las sociedades democráticas actuales. Proporcionan información sobre cuestiones y hechos, sobre funcionarios y candidatos a cargos públicos. Permiten que los líderes se comuniquen rápida y directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes instrumentos de responsabilidad, llamando la atención sobre la incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen de relieve los casos de competencia, espíritu cívico y cumplimiento del deber".
3. Culturales. Los medios de comunicación social facilitan el acceso a la literatura, al teatro, a la música y al arte y promueven así un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza. Los espectáculos populares sanos y de información útil reúnen a las familias, ayudan a las personas a resolver los problemas diarios, elevan el espíritu de las personas enfermas, solas y ancianas, y alivian el tedio de la vida. "Los medios de comunicación también hacen posible que los grupos étnicos se estimen y celebren sus tradiciones culturales, compartiéndolas con los demás y transmitiéndolas a las nuevas generaciones. En particular introducen a los niños y a los jóvenes en su patrimonio cultural. Los comunicadores, como los artistas, sirven al bien común preservando y enriqueciendo el patrimonio cultural de las naciones y los pueblos (cf. Juan Pablo II, Carta a los artistas, 4)".
4. Educativos. "Los medios de comunicación son importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida. [...] Los medios de comunicación son instrumentos educativos normales en muchas aulas. Y, más allá de las paredes del aula, los medios de comunicación, incluida Internet, superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en conventos, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos, y a muchos otros".
5. Religiosos. "La vida religiosa de mucha gente se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis". Por ejemplo, "a lo largo de los años los medios de comunicación han llevado las palabras y las imágenes de las visitas pastorales del Santo Padre a miles de millones de personas" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 7-11).
11. ¿No es cierto que los medios de comunicación pueden usarse también para perjudicar a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas?
Sí es cierto. En las mismas áreas anteriormente señaladas pueden aparecer perjuicios para la persona.
1. Económicos. “Los medios de comunicación se usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un caso típico: «Haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos, en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos» (Juan Pablo II, Ecclesia in America, 56). En dichas circunstancias, los medios de comunicación, que deben beneficiar a todos, son explotados en provecho de unos pocos”.
2. Políticos. “Los políticos sin escrúpulos usan los medios de comunicación para la demagogia y el engaño, apoyando políticas injustas y regímenes opresivos. Ridiculizan a sus adversarios y sistemáticamente distorsionan y anulan la verdad por medio de la propaganda y de planteamientos falsamente tranquilizadores. En este caso, más que unir a las personas, los medios de comunicación sirven para separarlas, creando tensiones y sospechas que constituyen gérmenes de nuevos conflictos.
Incluso en países con sistemas democráticos, también es frecuente que los líderes políticos manipulen la opinión pública a través de los medios de comunicación, en vez de promover una participación informada en los procesos políticos. Se observan los convencionalismos de la democracia, pero ciertas técnicas copiadas de la publicidad y de las relaciones públicas se despliegan en nombre de políticas que explotan a grupos particulares y violan los derechos fundamentales, incluso el derecho a la vida (cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 70)”.
3. Culturales. “La crítica condena con frecuencia la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían tampoco caer en la vulgaridad o la degradación", pues tienen una ineludible responsabilidad educativa sobre los ciudadanos a los que han de servir en verdad y justicia [...].
El problema presenta diversos aspectos. Uno de ellos se refiere a los temas complejos, cuando en vez de ser presentados con esmero y veracidad, los noticiarios los evitan o los simplifican excesivamente. Otro serían los programas de entretenimiento de tipo corruptor y deshumanizante, que incluyen y explotan temas relacionados con la sexualidad y la violencia. [...]
En el ámbito internacional, el dominio cultural impuesto a través de los medios de comunicación social también constituye un problema cada vez más serio. En algunos lugares las expresiones de la cultura tradicional están virtualmente excluidas del acceso a los medios populares de comunicación y corren el riesgo de desaparecer; mientras tanto, los valores de las sociedades ricas y secularizadas suplantan cada vez más los valores tradicionales de las sociedades menos ricas y poderosas”.
4. Educativos. “En lugar de promover la enseñanza, los medios de comunicación pueden distraer a la gente y llevarla a perder el tiempo. De este modo, los más perjudicados son los niños y los jóvenes, pero los adultos también sufren esa influencia de programas banales e inútiles. Una de las causas de este abuso de confianza por parte de los comunicadores es la avidez, que pone el lucro por encima de las personas.
De igual modo, los medios de comunicación se usan en algunas ocasiones como instrumentos de adoctrinamiento, con la intención de controlar lo que la gente sabe y negarle el acceso a la información que las autoridades no quieren que tenga. Ésta es una perversión de la educación auténtica, que se esfuerza por ampliar el conocimiento y la capacidad de las personas y ayudarles a perseguir propósitos elevados, sin limitar sus horizontes y sin aprovechar sus energías al servicio de ideologías”.
5. Religiosos. “En la relación entre los medios de comunicación social y la religión existen tentaciones por ambas partes.
Entre las tentaciones de los medios de comunicación están el ignorar o marginar las ideas y las experiencias religiosas; tratar a la religión con incomprensión, quizá hasta con desprecio, como un objeto de curiosidad que no merece una atención seria; promover las modas religiosas con menoscabo de la fe tradicional; tratar a los grupos religiosos legítimos con hostilidad; valorar la religión y la experiencia religiosa según criterios mundanos de lo que debe ser; preferir las concepciones religiosas que corresponden a los gustos seculares a las que no corresponden; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de los confines del racionalismo y el escepticismo. Los actuales medios de comunicación reflejan la situación posmoderna del espíritu humano, encerrado « dentro de los límites de su propia inmanencia, sin ninguna referencia a lo trascendente” (Juan Pablo II. Fides et ratio, 81).
Por su parte, la religión puede tener tentaciones como formarse un juicio exclusivamente crítico y negativo de los medios de comunicación; no comprender que los criterios razonables de un buen uso de los medios de comunicación, como son la objetividad y la imparcialidad, pueden excluir un trato especial para los intereses institucionales de la religión; presentar los mensajes religiosos con un estilo emotivo y manipulado, como si fueran productos que compiten en un mercado saturado; usar los medios de comunicación como instrumentos para el control y el dominio; practicar innecesariamente el secreto, por lo demás pecando contra la verdad; minimizar la exigencia evangélica de conversión, arrepentimiento y cambio de vida, sustituyéndola con una religiosidad tibia que pide poco a la gente; e impulsar el integrismo, el fanatismo y el exclusivismo religioso, que fomentan el desprecio y la hostilidad hacia los demás” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14-18).
12. Ya que se trata de "medios", ¿se les puede criticar cuando simplemente "reflejan" los modos de vida habituales de una sociedad?, ¿y si se dejan llevar sólo por una visión “económica” de su actividad ya que los medios necesitan “medios” de financiación para poder existir?
“No sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
“Una concepción de la comunicación... queda seriamente debilitada cuando los medios abandonan el concepto de servicio social o público que le es inherente y se dejan llevar, en cambio, de una lógica puramente mercantilista, que concibe la comunicación simplemente como “industria” o como terreno propicio para la inversión rentable, ya sea en sentido económico o político. Este enfoque “industrial” de la comunicación, especialmente del sector audiovisual, provoca la concentración de empresas informativas en auténticos oligopolios, no exentos de las correspondientes tutelas políticas afines, que condicionan, o al menos limitan, el acceso al mercado informativo de otras instituciones de notable arraigo social, a la par que excluyen también a las minorías.
Aunque en este sistema se mantenga de manera formal la libertad de expresión y de mercado, de hecho se hace muy difícil el acceso al terreno mediático para quienes no posean la solvencia económica necesaria, cada vez más inasequible, o no ofrezcan contenidos “rentables”, como ocurre con los programas religiosos...
En esta concepción de la comunicación prima, además, en lo que se refiere a los contenidos, un perfil basado en la consecución de los máximos beneficios con los mínimos costos y para las mayores audiencias. Para justificarlo, sus promotores argumentan que ofrecen lo que pide el público, pero en realidad lo que se hace es satisfacer demandas previamente inducidas desde los propios medios. Se sacrifican así, en aras del beneficio económico, valores éticos y estéticos elementales, necesarios para conseguir una imprescindible ecología comunicativa.
Alcanzar una comunicación social a la medida de la dignidad de la persona y del bien común es responsabilidad de todos, no sólo de los empresarios y profesionales, sino también de las administraciones públicas, las cuales ciertamente han de garantizar la libertad de mercado y de información, pero, además, han de fomentar la difusión de los valores que favorecen la dignidad humana y dotar a los ciudadanos, especialmente a aquellos que son más débiles, de los medios materiales y legales necesarios para que puedan ejercer de forma real todos los derechos que, como personas, les corresponden” (CEMCS. Mensaje para la 35ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2001. nº 5).
13. Es verdad que los medios de comunicación son precisamente eso, "medios". En consecuencia habrán de ser "neutros" en el sentido de que su misión es referir las cosas "según suceden", sin tomar partido. De este modo serán "objetivos". ¿No debe ser así?
En realidad no. La "neutralidad" en situaciones de graves de injusticias es ya una toma de postura que favorece al injusto. “Frente a graves injusticias, no basta que los comunicadores digan simplemente que su trabajo consiste en referir las cosas tal como son. Eso es indudablemente su tarea. Pero algunos casos de sufrimiento humano son en gran parte ignorados por los medios de comunicación, mientras informan acerca de otros; y en la medida en que esto refleja una decisión de los comunicadores, también refleja una selectividad inadmisible. De forma más fundamental aún, las estructuras y las políticas de comunicación y la distribución de tecnología son factores que hacen que algunas personas sean «ricas en información» y otras «pobres en información», en una época en que la prosperidad, e incluso la supervivencia, dependen de la información. Por tanto, de este modo los medios de comunicación a menudo contribuyen a las injusticias y desequilibrios que causan el sufrimiento sobre el que informan: «Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y naciones— las condiciones básicas que les permitan participar en dicho desarrollo» (Juan Pablo II. Centesimus annus, 35)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14).
"Los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo con verdad y cuidado los acontecimientos, analizando en modo completo las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de verdad y de justicia, en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte donde situar una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3).
3. La regulación de los medios: Principios éticos fundamentales
14. Según la Iglesia, ¿cómo deberían regularse los medios?
“Los comunicadores profesionales deberían participar activamente en la elaboración y aplicación de códigos éticos de comportamiento para su profesión, en colaboración con representantes públicos. Los organismos religiosos y otros grupos también deben participar en este esfuerzo continuo” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 23). Es decir, que la Iglesia se inclina fundamentalmente por la autorregulación de los propios medios, sin negar que puedan o deban existir otros mecanismos de regulación como el control estatal o el del público (cf. PCCS. Ética en Internet, 16).
15. ¿Qué opciones fundamentales deberían tomarse para promover el positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común?
Se imponen tres opciones fundamentales:
1. "Es necesaria una vasta tarea formativa para hacer que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que los medios de comunicación, en lugar de estar al servicio de las personas, lleguen a instrumentalizarlas y condicionarlas gravemente. Esto vale, en modo particular, para los jóvenes que manifiestan una propensión natural a las innovaciones tecnológicas y que, por esto mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación".
2. Sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación corresponsable en su gestión hay que decir que, ‘si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar una mayor participación en su gestión, incluso por medio de medidas legislativas oportunas. Es necesario hacer crecer esta cultura de la corresponsabilidad’.
3. Los medios de comunicación tienen grandes potencialidades para favorecer el diálogo, convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Por ello ‘constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, son un ‘arma’ destructiva si se usan para alimentar injusticias y conflictos’” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 11.
16. ¿Qué principios éticos básicos han de regir la labor de los comunicadores?
Los principios éticos que enunciaremos a continuación atañen al contenido de la comunicación (el mensaje), al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación) y a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?).
1. “El principio ético fundamental consiste en que la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al desarrollo integral de las mismas”.
2. “El segundo principio es complementario del primero: el bien de las personas no puede realizarse independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen. Este bien común debería entenderse de modo íntegro, como la suma total de nobles propósitos compartidos en cuya búsqueda se comprometen todos los miembros de la comunidad, y para cuyo servicio existe la misma comunidad.
Así, mientras la comunicación social se ocupa —y es natural— de las necesidades e intereses de grupos particulares, no debería hacerlo de manera que enfrente a un grupo contra otro: por ejemplo, en nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exagerado, de la supremacía racial, de la limpieza étnica u otros temas similares. La virtud de la solidaridad, que es « la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común» (Juan Pablo II. Sollicitudo rei socialis, 38), debería gobernar todas las áreas de la vida social, económica, política, cultural y religiosa”.
3. El tercer principio es el de la libertad de expresión, porque “’cuantas veces los hombres, según su natural inclinación, intercambian sus conocimientos o manifiestan sus opiniones, están usando de un derecho que les es propio, y a la vez ejerciendo una función social’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 45: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 5). Sin embargo, considerada desde una perspectiva ética, esta presunción no es una norma absoluta e irrevocable. Se dan casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por ejemplo el de la difamación y la calumnia, el de los mensajes que pretenden fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la obscenidad y la pornografía, y las descripciones morbosas de la violencia. Es evidente también que la libre expresión debería atenerse siempre a principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada”.
4. El cuarto principio concierne a la participación pública en la elaboración de decisiones sobre la política de las comunicaciones. “En todos los niveles, esta participación debería ser organizada, sistemática y auténticamente representativa, sin desviarse en favor de grupos particulares. Este principio se aplica siempre y, tal vez de manera especial, cuando los medios de comunicación son de propiedad privada y operan con fines de lucro. En el interés de la participación pública, los comunicadores «deben tratar de comunicarse con la gente, no sólo de hablarle. Eso implica conocer las necesidades de la gente, ser consciente de sus luchas y presentar todas las formas de comunicación con la sensibilidad que la dignidad humana exige» (Juan Pablo II, Discurso a los especialistas en comunicación, Los Ángeles, 15 de septiembre de 1987, n. 4; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p. 12)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 20-24).
17. Los comunicadores profesionales no son los únicos que tienen deberes éticos. También las audiencias —los usuarios— tienen obligaciones. ¿Cuáles son los principales?
El principal “deber de los usuarios de la comunicación social consiste en discernir y seleccionar. Deberían informarse acerca de los medios de comunicación —sus estructuras, su modo de actuar y sus contenidos— y hacer opciones responsables, de acuerdo con sólidos criterios éticos, sobre lo que conviene leer, ver o escuchar”. Este deber exige formarse en el uso de los medios de comunicación (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Es también necesario recordar que la responsabilidad ética en la comunicación no sólo incumbe a los profesionales de los medios, sino también a las empresas mediáticas y al público, al que las nuevas tecnologías están posibilitando un mayor protagonismo en los procesos comunicativos, pudiendo elegir su propio “menú” de contenidos entre la cada vez mayor y más variada oferta de los medios. Siguiendo con este particular “examen de conciencia”, nos preocupa la creciente tendencia a la concentración empresarial, que está haciendo de la comunicación social para el sector financiero uno de sus objetivos más ambiciosos, con el consiguiente peligro para la pluralidad informativa y para el derecho de acceso a los medios de las minorías o de los grupos con menor poder económico.
El carácter de servicio público de todas las comunicaciones sociales no puede perderse de vista sin que se resquebraje la vida democrática de los pueblos. Lo mismo cabe decir de otras peculiaridades del ámbito comunicativo en las que entran en juego también derechos fundamentales de las personas, como es el de la información, que hace necesario que este sector no sea visto, sin más, como una “industria” rentable en la que invertir, sino como un ámbito de la vida social que hay que garantizar. Para disipar en este terreno toda amenaza son necesarios un adecuado sistema legal, que defienda para todos el justo y libre ejercicio del derecho a la información y una diligente vigilancia de las correspondientes Administraciones públicas, que hagan efectivo su cumplimiento” (CEMCS. Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2000. nº 5-6).
4. La regulación de algunos ámbitos y temas
18. Se suele hablar de "nuevas tecnologías de la comunicación" para referirse a los medios de comunicación no tradicionales. ¿No necesitarán una "nueva ética" las "nuevas tecnologías"?
“Los medios de comunicación no exigen una nueva ética; lo que exigen es la aplicación de principios ya establecidos a las nuevas circunstancias” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
4.1. Ética en la Publicidad
19. ¿Qué objetivos persigue la publicidad?
La publicidad posee dos objetivos básicos: informar y persuadir, y - si bien estos dos propósitos son distintos - ambos se encuentran con frecuencia presentes simultáneamente (PCCS. Ética en la publicidad, 2).
20. Por qué ha de ocuparse la Iglesia de la publicidad? ¿No es un asunto técnico que no le compete?
En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un profundo impacto en cómo las personas entienden la vida, el mundo y a sí mismas, especialmente en relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento. Estos son temas en los que Iglesia está y tiene que estar profunda y sinceramente interesada (PCCS. Ética en la publicidad, 1).
La publicidad también tiene un indirecto pero fuerte impacto en la sociedad a través de su influencia sobre los medios. Muchas publicaciones y operaciones radio-televisivas dependen para su supervivencia de los beneficios de la publicidad. Esto es cierto con frecuencia, tanto para los medios confesionales como para los comerciales. Por su parte los publicitarios buscan, naturalmente, conseguir audiencia; y los medios, esforzándose en proporcionársela, deben determinar su contenido para conseguir atraer el tipo de público de la medida y composición demográfica deseadas. Esta dependencia económica de los medios y el poder que confiere sobre los publicitarios comporta serias responsabilidades para ambos (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
21. No es justo criticar a la publicidad por el hecho de que refleje los valores imperantes. Si no lo hace su mensaje no podrá ser escuchado.
No podemos estar de acuerdo con esta afirmación. “Sin duda, la publicidad, como los medios de comunicación social en general, actúa como un espejo. Pero, también como los medios en general, es un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y algunas veces, ofrece una imagen de la misma deformada.
Los publicitarios seleccionan los valores y actitudes que han de ser fomentados y alentados; mientras promocionan unos ignoran otros. Esta selectividad contradice la idea de que la publicidad no hace más que reflejar el entorno cultural (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
22. ¿Está de acuerdo la Iglesia con los críticos que afirman que la actividad publicitaria es una actividad, en último término, parásita, dado que no aporta beneficio social y vive sólo de la riqueza que ella no genera?
Aun existiendo fundamento en algunas críticas la Iglesia sostiene que la publicidad tiene también un significativo potencial para el bien, que algunas veces adquiere formas concretas. Señalamos aquí algunos ejemplos que lo confirman.
Beneficios económicos de la publicidad. La publicidad puede jugar un importante papel en el proceso por el cual un sistema económico, guiado por normas morales y una sensibilidad hacia el bien común, contribuye al desarrollo humano. Esta es una parte esencial del funcionamiento de la moderna economía de mercado. […] En cuanto sistema, la publicidad puede ser un instrumento útil para apoyar honesta y éticamente una responsable competitividad que contribuya al crecimiento económico y al servicio del auténtico desarrollo humano (PCCS. Ética en la publicidad, 5).
Aspectos positivos de la publicidad política. La publicidad política puede hacer una contribución a la democracia análoga a su contribución al bienestar económico en un sistema de mercado guiado por normas morales. Así como los medios, libre y responsablemente, en un sistema democrático, ayudan a contener las tendencias hacia la monopolización del poder por parte de las oligarquías e intereses privados, la publicidad política puede dar su contribución informando a las personas sobre las ideas y propuestas políticas de partidos y candidatos, incluyendo nuevos candidatos desconocidos para el público (PCCS. Ética en la publicidad, 6).
Beneficios culturales de la publicidad. A causa del impacto que la publicidad ejerce sobre los medios que dependen de ella para obtener ingresos, a los publicitarios se les ofrece la oportunidad de ejercer una influencia positiva sobre las decisiones referentes al contenido de los medios. Esto pueden hacerlo sosteniendo las producciones de excelente calidad intelectual, estética y moral de interés público en general. En especial pueden animar y hacer posible la presentación de programas orientados a minorías demasiado a menudo olvidadas (Ética en la publicidad, 7).
Beneficios morales y religiosos de la publicidad. En muchos casos, las instituciones de bienestar social, incluyendo aquellas de naturaleza religiosa, usan la publicidad para comunicar sus mensajes - mensajes de fe, de patriotismo, de tolerancia, de compasión y servicio al prójimo, de caridad hacia el necesitado, mensajes relacionados con la salud y la educación, mensajes constructivos y útiles que educan y motivan a la gente en muchos modos beneficiosos.
Para la Iglesia la participación en actividades relacionadas con los medios, incluyendo la publicidad, es hoy parte necesaria de la pastoral de conjunto Esto incluye tanto los propios medios de la Iglesia - prensa y ediciones católicas, televisión y radiodifusión, películas y producciones audiovisuales, y otros - y también su participación en los medios no confesionales (PCCS. Ética en la publicidad, 8).
23. Dado que la publicidad es un instrumento que no es, por su propia naturaleza, intrínsecamente bueno o malo, ¿puede causar perjuicios?
Si la publicidad presenta al público unos artículos perjudiciales o totalmente inútiles, si se hacen promesas falsas en los productos que se venden, si se fomentan las inclinaciones inferiores del hombre, los difusores de tal publicidad causan un daño a la sociedad humana y terminan por perder la confianza y autoridad. Se daña a la familia y a la sociedad, cuando se crean falsas necesidades, cuando continuamente se les incita a adquirir bienes de lujo cuya adquisición puede impedir que atiendan a las necesidades realmente fundamentales. Por lo cual, los anunciantes deben establecerse sus propios límites de manera que la publicidad no hiera la dignidad humana ni dañe a la comunidad. Ante todo debe evitarse la publicidad que sin recato explota los instintos sexuales buscando el lucro o, que de tal manera afecta al subconsciente, que se pone en peligro la libertad misma de los compradores (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 60).
Perjuicios económicos de la publicidad. La publicidad puede traicionar su papel como fuente de información por la mala representación y ocultando hechos importantes. Algunas veces también, la función de la información de los medios puede ser desnaturalizada por las presiones de los publicitarios en referencia a publicaciones o programas a fin de evitar cuestiones que podrían provocar embarazo o incomodidad.
Frecuentemente, sin embargo, la publicidad se usa no simplemente para informar sino para persuadir y motivar - para convencer a que la gente actúe en cierto modo: mediante la adquisición de ciertos productos o servicios, el patrocinio de ciertas instituciones, etc. Aquí es donde, especialmente, pueden darse abusos (PCCS. Ética en la publicidad, 10).
Perjuicios de la publicidad política. La publicidad política obstaculiza el proceso democrático cuando, por ejemplo, los costos de la publicidad limitan la participación política a los candidatos o grupos ricos o exigen que los candidatos al poder comprometan su integridad e independencia por una excesiva dependencia de intereses especiales hacia quienes aportan los fondos.
Semejante obstáculo al proceso democrático también se da cuando, en lugar de ser vehículo para exposiciones honestas de opiniones y programas de los candidatos, la publicidad política busca distorsionar las opiniones y los programas de los contrarios e injustamente ataca su reputación. Ello sucede cuando la publicidad reclama más las emociones y bajos instintos de las personas –egoísmos, pasiones y hostilidades hacia los demás, prejuicios raciales y étnicos y otros– en lugar de un razonado sentido de justicia y bien para todos (PCCS. Ética en la publicidad, 11).
Perjuicios culturales de la publicidad. “Hemos hablado de los perjuicios económicos que la publicidad puede ocasionar a naciones en desarrollo, cuando ésta fomenta el consumismo y destruye modelos de consumo. Consideremos también el daño cultural hecho a estas naciones y sus pueblos por anuncios cuyo contenido y métodos, que reflejan aquello que predomina en el "primer mundo", están en contraposición con los sanos valores tradicionales y culturas indígenas.
La indirecta, pero poderosa influencia ejercida por la publicidad sobre los medios de comunicación social que dependen de ingresos que proceden de esta fuente, hace nacer otra clase de preocupación cultural. En la lucha por atraer la mejor y más grande audiencia y ponerla a disposición de los publicitarios, los comunicadores pueden encontrar tentados –de hecho presionados, sutilmente o no tan sutilmente– a dejar de lado las normas morales y artísticas y a caer en la superficialidad y mal gusto” así como a “ignorar las necesidades educacionales y sociales de ciertos segmentos de la audiencia --los más jóvenes, los más ancianos, los pobres - que no representan al modelo demográfico (edad, educación, ingresos, hábitos de compra y consumo, etc.) de los tipos de audiencias que los publicitarios desean conseguir”.
Con demasiada frecuencia, la publicidad contribuye a un estereotipo de individuos de grupos particulares que les sitúa en desventaja en relación a otros. A menudo esto es verdad en el modo en que la publicidad trata a las mujeres (PCCS. Ética en la publicidad, 12).
Perjuicios morales de la publicidad. La publicidad es moralmente degradante “cuando apela deliberadamente a móviles como la envidia, status social y codicia. Hoy, también algunos publicitarios buscan conscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos de una suave, perversa, naturaleza pornográfica”.
Tampoco parece moralmente lícita la publicidad que “se usa para promocionar productos e inculcar actitudes y formas de comportamiento contrarias a las normas morales. Esto sucede, por ejemplo, con la publicidad de los contraconceptivos, los abortivos y productos que dañan a la salud, y con los gobiernos patrocinadores de campañas publicitarias en favor del control de la natalidad, también llamada " sexo seguro" y otras prácticas parecidas” (PCCS. Ética en la publicidad, 13).
Perjuicios religiosos de la publicidad. A veces “los publicitarios comerciales incluyen temas religiosos o usan imágenes o personajes religiosos para vender productos. Es posible hacer esto con buen gusto, de modo aceptable; sin embargo, la práctica corriente es detestable y ofensiva cuando implica aprovecharse de la religión o se trata con poca seriedad (PCCS. Ética en la publicidad, 13).
24. Dado que las técnicas publicitarias son medios, ¿existen algunos principios morales que nos aseguren el compromiso de la publicidad con la dignidad de las personas en el marco del bien común?
Se pueden señalar tres principios.
a. Veracidad en la publicidad. La publicidad, como otras formas de expresión, tiene su propio estilo y sus propias convenciones que hay que tener en consideración cuando se habla de la verdad. Se da por sentado lo inevitable de ciertas formar retóricas y exageraciones simbólicas de la publicidad; lo cual se puede permitir dentro de los límites de una práctica reconocida y aceptada.
Pero un principio fundamental consiste en que la publicidad no puede engañar deliberadamente, ni implícita o explícitamente ni por Omisión. "El justo ejercicio del derecho a la información reclama que el contenido de lo que se comunica sea verdad y, dentro de los límites fijados por la justicia y la caridad, completo... Aquí se incluye la obligación de evitar cualquier manipulación de la verdad por cualquier razón" (PCCS. Ética en la publicidad, 15).
b. La dignidad de la persona humana. Un "requisito imperativo" de la publicidad es que "respete la persona humana y su derecho/deber a hacer a hacer una elección responsable, su libertad interior; se vulneran todas estos bienes cuando se explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad de reflexionar y decidir". […] “El reclamo a la lujuria, la vanidad, la envidia y la avaricia, y de las técnicas que manipulan y explotan la debilidad humana” convierte a los anuncios rápidamente en "transmisores de una visión deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidad”. Este problema se hace especialmente agudo cuando están comprometidos grupos o clases de personas particularmente vulnerables: niños y jóvenes, los más ancianos, los pobres, los desaventajados culturalmente (PCCS. Ética en la publicidad, 16).
c. Publicidad y responsabilidad social. La responsabilidad social es un concepto tan amplio podemos señalar aquí sólo algunos de sus muchos problemas y preocupaciones relacionados el tema de la publicidad.
“La cuestión ecológica nos indica una de ellas. La publicidad que fomenta un estilo opulento de vida, que derrocha recursos y daña el medio ambiente infringiendo importantes preocupaciones ecológicas” es contraria a este principio.
La publicidad que reduce el progreso humano a la adquisición de bienes materiales y cultiva un opulento estilo de vida expresa una visión falsa, destructiva, de la persona humana, igualmente perjudicial, tanto para individuos como para sociedades.
Los publicitarios, así como las personas que se ocupan de otras formas de comunicación social, tienen la seria obligación de expresar y fomentar una auténtica visión del desarrollo humano en sus dimensiones material, cultural y espiritual (PCCS. Ética en la publicidad, 17).
25. Los publicitarios se ven tentados muchas veces a no rechazar trabajos contrarios a sus principios morales porque no pueden renunciar a su salario para poder vivir o atender a su familia. ¿Qué se puede hacer para que esto no suceda?
Quienes se ocupan de publicidad, mujeres y hombres, han de poseer una conciencia sensible, altas normas éticas y un robusto sentido de la responsabilidad. Pero incluso para ellos, las presiones externas –desde los clientes que contratan su trabajo hasta la dinámica competencia interna de su profesión– pueden crear una fuerza que los induzca a un comportamiento carente de ética. Lo que subraya la necesidad de estructuras y sistemas externos que soporten y animen prácticas responsables en publicidad y desalienten las irresponsables.
Los códigos éticos surgidos por iniciativa propia en varios lugares son una de las fuentes de ayuda. […] También lo es el compromiso del público. “Representantes del público tendrían que participar en la formulación, aplicación y actualización periódica de los códigos deontológicos”. Así mismo la regulación estatal de la publicidad sería un medio de ayuda siempre que fuera más allá de la prohibición de la publicidad engañosa "promulgando leyes y vigilando su aplicación, las autoridades públicas tendrían que impedir que ‘la moral pública y el progreso social se pongan gravemente en peligro’ a través de los abusos de estos medios" (PCCS. Ética en la publicidad, 18-20).
Sin embargo “allí donde las prácticas carentes de ética se hayan extendido y atrincherado, hay que solicitar a los publicitarios responsables su sacrificio y generosidad personal a fin de corregir la situación. Las personas que desean actuar de modo moralmente recto, tienen que estar dispuestas a sufrir pérdidas y perjuicios personales antes que permitirse una actuación incorrecta. Esto es un deber para los cristianos, pero no solamente para ellos” (PCCS. Ética en la publicidad, 23).
4.2. Ética en Internet
26. ¿Qué principios éticos fundamentales deben regir la comunicación a través de Internet?
Son los mismos principios que ya hemos señalado para los comunicadores. Pero se puede poner de relieve alguno en especial dado que “Internet es el último y, en muchos aspectos, el más poderoso de una serie de medios de comunicación —telégrafo, teléfono, radio y televisión— que durante el último siglo y medio ha eliminado progresivamente el tiempo y el espacio como obstáculos para la comunicación entre un gran número de personas. Tiene enormes consecuencias para las personas, para las naciones y para el mundo” (PCCS. Ética en Internet, 2) y pone de manifiesto de manera muy especial la globalización que se está produciendo en nuestro mundo. Precisamente esta característica hace que resaltemos el bien común como principio que debe ser tenido especialmente en cuenta en Internet. Por “bien común” entendemos “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Vaticano II. Gaudium et Spes, 26).
“La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común es la solidaridad. No se trata de un sentimiento ‘superficial por los males de tantas personas’, sino de ‘una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos’ (SRS 38). Especialmente hoy, la solidaridad tiene una clara y fuerte dimensión internacional; es correcto hablar del bien común internacional, y es obligatorio trabajar por él” (PCCS. Ética en Internet, 3; cf. 15).
27. Algunas personas ven a la Iglesia como una institución tradicional y concluyen que, por este motivo, la Iglesia se opone a las nuevas tecnologías, en especial a Internet, y suele ver en ellas sobre todo fuente de problemas. ¿Es así?
No. La Iglesia no considera Internet "fundamentalmente como una fuente de problemas, sino, más bien, como una fuente de beneficios para la raza humana. Pero estos beneficios sólo se lograrán plenamente si se resuelven los problemas que le son propios". Concretamente "esta tecnología puede ser un medio para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de las personas y crear un mundo regido por la justicia, la paz y el amor. En la actualidad, [...] los medios de comunicación tienen la capacidad de hacer de cualquier persona, en cualquier lugar que se encuentre, un compañero "en los asuntos y dificultades que afectan a la humanidad entera". Esto será así si tomamos la firme determinación de practicar la solidaridad al servicio del bien común tanto dentro de las naciones como entre ellas. Porque "hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos nunca felices y en paz los unos sin los otros; y mucho menos los unos contra los otros". Esto será una expresión de la espiritualidad de comunión, que es "capacidad para ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios", así como capacidad para "saber ‘dar espacio’ al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan" (PCCS. Ética en Internet, 5-6).
“Internet puede dar una contribución muy valiosa a la vida humana. Puede fomentar la prosperidad y la paz, el crecimiento intelectual y estético, y la comprensión mutua entre los pueblos y las naciones a escala mundial” (PCCS. Ética en Internet, 18).
28. Pero no todo es positivo en Internet. ¿Cuál es una de las preocupaciones más importantes que tiene la Iglesia sobre Internet?
“Una de las más importantes se refiere a lo que hoy se denomina ‘brecha digital’, una forma de discriminación que separa a los ricos de los pobres, tanto dentro de las naciones como entre ellas, sobre la base del acceso o no a la nueva tecnología de la información. En este sentido, es una versión actual de la antigua brecha entre ‘ricos en información’ y ‘pobres en información’. […]
Mientras se perfila la nueva economía global, la Iglesia se preocupa de que ‘este proceso sea de la humanidad entera, y no sólo de una élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y los recursos del planeta’, es decir, la Iglesia desea ‘una globalización que esté al servicio de toda la persona y de todas las personas’. La brecha digital va en perjuicio, sobre todo, de la mujer (PCCS. Ética en Internet,10).
29. ¿Qué efectos puede tener esta "brecha digital"?
A la Iglesia le preocupan, sobre todo, los efectos sobre la cultura. “Las nuevas tecnologías de la información e Internet, precisamente como instrumentos poderosos del proceso de globalización, transmiten y ayudan a inculcar un conjunto de valores culturales —modos de pensar sobre las relaciones sociales, la familia, la religión y la condición humana—, cuya novedad y fascinación pueden cuestionar y destruir las culturas tradicionales.
El diálogo y el enriquecimiento intercultural son sin duda alguna muy deseables. [...] Pero esto ha de ser un camino de doble sentido. Las culturas tienen mucho que aprender unas de otras y la imposición a escala mundial de puntos de vista y valores de una cultura a otra no significa diálogo, sino imperialismo cultural.
La dominación cultural es un problema particularmente serio cuando la cultura dominante transmite falsos valores, enemigos del verdadero bien de las personas y grupos. Tal como están las cosas, Internet, junto con los otros medios de comunicación social, está transmitiendo mensajes cargados de valores de la cultura secular occidental a pueblos y sociedades en muchos casos mal preparados para valorarlos y confrontarlos. Esto causa serios problemas, por ejemplo, en el ámbito del matrimonio y la vida familiar, que están experimentando "una crisis generalizada y radical" en muchas partes del mundo” (PCCS. Ética en Internet, 11).
30. Desde luego, lo que no se podrá negar a Internet es que favorece enormemente la libertad de expresión y el libre intercambio de ideas.
Para la Iglesia "la libertad de buscar y conocer la verdad es un derecho humano fundamental, y la libertad de expresión es una piedra angular de la democracia”. Ahora bien, “la ideología de libertad radical es errónea y nociva, al menos para legitimar la libre expresión al servicio de la verdad. El error reside en la exaltación de la libertad ‘hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. [...] De este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de acuerdo con uno mismo’. En esta forma de pensamiento no hay cabida para la auténtica comunidad, el bien común y la solidaridad” (PCCS. Ética en Internet, 12. 14).
31. Ante estos y otros problemas que suscita Internet, ¿qué soluciones propone la Iglesia?
La Iglesia propone cuatro soluciones.
1) Educación. En primer lugar "las escuelas y otras instituciones y programas educativos para niños y adultos deberían proporcionar formación con vistas al uso inteligente de Internet como parte de una educación completa en los medios de comunicación que no sólo incluye la capacitación técnica —primeras nociones de ordenador y otros conocimientos—, sino también la adquisición de una capacidad para evaluar de modo informado y sagaz los contenidos”. En segundo lugar “los padres deberían guiar y supervisar el uso que hacen de él sus hijos”. En tercer lugar “todos los usuarios de Internet deben usarlo de un modo maduro y disciplinado, con propósitos moralmente buenos”.
2) Regulación legal. “Debería evitarse la censura previa de los gobiernos; ‘la censura [...] sólo se debería usar en los casos realmente extremos’”. Ahora bien, "la conducta delictiva en otros contextos es también conducta delictiva en el ciberespacio, y las autoridades civiles tienen el deber y el derecho de hacer cumplir las leyes”. Hacen falta también nuevas leyes para afrontar delitos especiales en Internet, como la difusión de virus de ordenadores, el robo de datos personales almacenados en discos duros, la difamación, el fraude, la pornografía en general y en especial la infantil.
3) Autorregulación. La autorregulación sería lo mejor. “La implementación de códigos éticos puede ser muy útil, con tal de que tengan propósitos serios e impliquen a los representantes del público en su formulación y aplicación, y que, además de dar estímulos positivos a los comunicadores responsables, apliquen penas adecuadas por las violaciones, incluida la censura pública”.
4) Cooperación internacional. “El carácter transnacional de Internet, su peculiaridad de tender puentes sobre las fronteras y su papel en la globalización exigen la cooperación internacional. [...] Por ejemplo, cómo garantizar la privacidad de las personas y los grupos que observan la ley, sin impedir que se aplique la ley y permitiendo que el personal de seguridad vigile sobre delincuentes y terroristas; cómo proteger el derecho de propiedad intelectual sin limitar el acceso de la gente a material de dominio público, y cómo definir el concepto mismo de ‘dominio público’—; cómo establecer y mantener amplios depósitos de información en Internet plenamente accesibles a todos sus usuarios en las diversas lenguas; cómo proteger los derechos de la mujer con respecto al acceso a Internet y otros aspectos de las nuevas tecnologías de la información. En particular, la cuestión de cómo superar la brecha digital entre ricos y pobres en información requiere una atención seria y urgente, en sus aspectos técnicos, educativos y culturales. [Tenemos] una oportunidad única para contribuir a la globalización de la solidaridad" (PCCS. Ética en Internet, 15-17).
4.3. Pornografía y violencia en los medios de comunicación
32. La pornografía y la exaltación de la violencia son viejas realidades de la condición humana, ¿cuál es la novedad que presentan hoy día?
La novedad en nuestros días está en la creciente generalización y difusión en los medios de comunicación: éstos han permitido que sean accesibles al gran público, incluidos niños y jóvenes. Este problema, que quedaba confinado antes en el ámbito de los países ricos, ha comenzado, con la comunicación moderna a corromper los valores morales de las naciones en vías de desarrollo (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 5-6).
“Cuando los demás son presentados en términos hostiles, se siembran semillas de conflicto que pueden fácilmente convertirse en violencia, guerra e incluso genocidio. En vez de construir la unidad y el entendimiento, los medios pueden ser usados para denigrar a los otros grupos sociales, étnicos y religiosos, fomentando el temor y el odio. Los responsables del estilo y del contenido de lo que se comunica tienen el grave deber de asegurar que esto no suceda. Realmente los medios tienen un potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los pueblos, rompiendo el círculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo. En palabras de San Pablo...: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12, 21)” (Juan Pablo II. Mensaje para la 39ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2005. n. 2).
33. ¿Cuáles son los principales efectos de la pornografía y de la violencia?
“La pornografía y la violencia sádica deprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan los individuos –especialmente las mujeres y los niños–, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad”.
“Se ha dicho que puede haber una vinculación sicológica entre la pornografía y la violencia sádica. Quienes ven, escuchan o leen un material así corren el riesgo de introducirlo en el propio comportamiento. De ahí que pueda actuar como agente de incitación o de reforzamiento, un cómplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia, los secuestros y asesinatos”.
“La pornografía –como la droga– puede crear dependencia y empujar a la búsqueda de un material cada vez más excitante”.
“La pornografía, además, cuestiona el carácter familiar de la sexualidad humana auténtica. En la medida en que la sexualidad se considere como una búsqueda frenética del placer individual, más que como una expresión perdurable del amor en el matrimonio, la pornografía aparecerá como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidad”.
“Es evidente que uno de los efectos de la pornografía es el pecado. La participación voluntaria en la producción y en la difusión de estos productos nocivos ha de ser considerada como un serio mal moral. Además, esta producción y difusión no podrían tener lugar si no existiera una demanda. Así, pues, quienes hacen uso de estos productos no sólo se perjudican a sí mismos, sino que también contribuyen a la promoción de un comercio nefasto”.
“Una de las consecuencias fundamentales de la pornografía y de la violencia es el menosprecio de los demás, al considerarles como objetos en vez de personas” (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 10-18).
34. ¿Cuáles son las principales causas de la pornografía y de la violencia?
La causa principal parece ser la propagación de “una moral permisiva, basada en la búsqueda de la satisfacción individual a todo coste. Un nihilismo moral de la desesperación se añade a ello que acaba haciendo del placer la sola felicidad accesible a la persona humana”.
Se pueden señalar también el beneficio económico de esta "industria" que es muy lucrativa, considerar que la libertad de expresión exige tolerancia hacia la pornografía y violencia y la ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no aplicación que protejan el bien común, en particular, la moralidad de los niños y jóvenes (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 19-20).
35. ¿Qué respuestas se pueden dar al problema de la presencia de la pornografía y violencia en los medios de comunicación?
“Profesionales de la comunicación. Se invita encarecidamente a estos profesionales a unirse para elaborar códigos éticos en materia de comunicación social y publicidad, inspirados en el bien común y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos códigos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisión, que permite que las imágenes entren en los hogares, allí donde los niños se encuentran a su aire y sin vigilancia”.
“Padres. Se invita a los padres a que multipliquen sus esfuerzos en orden a una completa formación moral de niños y jóvenes. La cual supone una educación en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la práctica de la autodisciplina. [...] El ejemplo de los padres es determinante en esta materia”.
“Educadores. Son los principales colaboradores de los padres. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores éticos y sociales, de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedad”.
“Jóvenes. Los jóvenes contribuirán a poner muros al avance de la pornografía y la violencia en los media si saben responder, positivamente, a las iniciativas de sus padres y educadores y asumir sus responsabilidades en lo que reclama capacidad de decisión moral, así como en la elección de sus diversiones”.
“El público. Los ciudadanos -incluidos los jóvenes- tienen la tarea de expresar individual y colectivamente su punto de vista respecto a productores, intereses comerciales y autoridades civiles. Se hace urgente mantener un diálogo continuado entre los comunicadores y los representantes del público, a fin de que quienes actúan en las comunicaciones sociales estén al corriente de las exigencias reales e intereses de los usuarios”.
“Autoridad pública. […] Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar las leyes que ya existen. Dadas las implicaciones internacionales que presentan la producción y distribución de material pornográfico, hay que actuar a nivel regional, continental e internacional de cara a controlar con éxito este insidioso tráfico”.
“Iglesia y grupos religiosos. La primera responsabilidad de la Iglesia consiste en la enseñanza constante y clara de la fe y, asimismo de la verdad moral objetiva, incluidas aquellas verdades referentes a la moral sexual. Una era de permisividad y de confusión moral como la nuestra pide que la voz de la Iglesia sea profética, lo que la hará aparecer a menudo como signo de contradicción. […] En donde sea posible, la Iglesia está llamada a colaborar con otras Iglesias cristianas, comunidades y grupos religiosos a fin de enseñar y promover este mensaje. Debe igualmente empeñar a sus personas e instituciones en una acción formativa al uso de los medios de comunicación social y su papel en la vida individual y social. En este campo los padres merecen una asistencia y atención especial” (PCCS. Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales, 21-29).
4.4. medios de comunicación Y FAMILIA
36. ¿Cuál debe ser el tratamiento adecuado que los medios han de hacer de la familia?
“Por una parte, el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás. Esto vale también para los programas de los medios de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren inevitablemente los matrimonios y las familias "tensiones, conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos", pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la actividad sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad.
Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y los padres” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
5. El compromiso con la EDUCACIÓN
37. Pero, ¿a quién corresponde principalmente proporcionar educación para el uso de los medios de comunicación social?
Sin duda la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación (cf. Vaticano II. Aetatis novae, 28; Comisión pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 107). “’La comunidad, consciente del influjo de los medios de comunicación, se educa para utilizarlos en orden al crecimiento personal y comunitario con la claridad evangélica y la libertad interior de quien ha aprendido a conocer a Cristo (cf. Gal 4,17-23). En efecto, esos medios proponen, y con frecuencia imponen, una mentalidad y un modelo de vida que debe ser confrontado continuamente con el Evangelio. A este propósito desde muchos lugares se pide una profunda formación para la recepción y el uso crítico y fecundo de esos medios’ (Congregación para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Vida fraterna en comunidad, 34)”.
Pero no solo la Iglesia. “De igual modo, los padres tienen el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus facultades críticas (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 76). Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las circunstancias, los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial. Puede ser útil a las familias —padres e hijos juntos— reunirse en grupos para estudiar y discutir los problemas y las ventajas que plantea la comunicación social” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podría resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios de comunicación. Las familias deberían manifestar claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada” (Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 5).
38. ¿Debe ser positiva la educación en comunicación social?
"La educación para los medios debería ser positiva. Cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento. En este punto, es importante reconocer el valor fundamental del ejemplo de los padres y el beneficio de introducir a los jóvenes en los clásicos de la literatura infantil, las bellas artes y la música selecta. Si bien la literatura popular siempre tendrá un lugar propio en la cultura, no debería ser aceptada pasivamente la tentación al sensacionalismo en los lugares de enseñanza. La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos.
La educación para los medios, como toda labor educativa, requiere la formación del ejercicio de la libertad. Se trata de una tarea exigente. Muy a menudo la libertad se presenta como la búsqueda frenética del placer o de nuevas experiencias. Pero más que de una liberación se trata de una condena. La verdadera libertad nunca condenaría a un individuo - especialmente un niño - a la búsqueda insaciable de la novedad. A la luz de la verdad, la auténtica libertad se experimenta como una respuesta definitiva al "sí" de Dios a la humanidad, que nos llama a elegir lo que es bueno, verdadero y bello, no de un modo discriminado sino deliberadamente. Los padres de familia son, pues, los guardianes de la libertad de sus hijos; y en la medida en que les devuelven esa libertad, los conducen a la profunda alegría de la vida (cf. Discurso en el V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 8 julio 2006)” (Benedicto XVI. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. n. 2).
39. ¿Qué lugar deberían ocupar los conocimientos técnicos en la formación de las audiencias?
“La educación en el uso de los medios de comunicación, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ha de ayudar a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos, que constituyen un aspecto de la formación de la conciencia” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Reconociendo toda la importancia de mantener y continuar poniendo en marcha las medidas de reglamentación y autorregulación, estamos convencidos de que una de las mejores «formas de protección» y de las más duraderas consiste en dotar a los niños de la comprensión y de las capacidades necesarias para poder ser interactivos con los medios con una actitud crítica.
La educación en los medios es el instrumento clave para favorecer no sólo la comprensión crítica de los medios por los jóvenes mediante el análisis, sino también su participación crítica como productores culturales que están en su derecho. Es esencial equiparles para que lleguen a ser participantes activos en la cultura mediática que les envuelve. En este sentido, la educación en los medios puede desarrollar la capacidad propia de los niños para protegerse del entorno mediático más amplio y, lo más importante y positivo, ayudarles a comprender y a saber tratar con este entorno. Los padres tienen una responsabilidad especial que es la de proteger y permitir a sus hijos adoptar este acercamiento crítico a los medios” (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación, Año 2001. n.4).
“El cada vez más importante sector mediático de las “nuevas pantallas” está siendo además favorecido en su expansión por un creciente interés económico ante los beneficios que genera. A ello se une la falta de una completa regulación de las administraciones públicas, especialmente en lo que se refiere a los videojuegos, lo que hace muy vulnerable estos medios a la transmisión de contenidos inadecuadados, cuando no dañinos, para los más pequeños. Algo similar ocurre en el terreno televisivo con la falta de cumplimiento en la parrilla de programación de las normas y acuerdos adoptados sobre emisiones inadecuadas en horas de visionado infantil. A todo esto habrá que poner el remedio que exige una responsable y madura sociedad civil y los ciudadanos han de reclamar, individual o asociadamente. Los derechos a la libertad de expresión y de mercado, que pudieran invocarse para justificar estas prácticas, han de tener en cuenta que sólo son válidos si se armonizan con otros derechos fundamentales. Así lo expresó el Papa Juan Pablo II al afirmar que “no se puede escribir o emitir sólo en función del índice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos... No hay libertad, incluida la libertad de expresión, que sea absoluta: ésta está limitada por el deber de respetar la dignidad y la libertad legítima de los demás” (Discurso con motivo del Jubileo de los periodistas. Roma, 4.06.2000)” (CEMCS. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. nº 3).
40. ¿No sería muy conveniente que quienes tienen responsabilidad pública en la Iglesia se formaran en el uso de los medios de comunicación, como modo de ser más eficaces en la transmisión del mensaje de Cristo?
Sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación. Esto no vale solamente para los seminaristas, para miembros de comunidades religiosas en período de formación y para los jóvenes laicos católicos; vale para todo el personal de la Iglesia. Si los medios de comunicación son «neutrales, abiertos y honrados», ofrecen a los cristianos bien preparados «un papel misionero de primer plano», y es importante que éstos estén «bien formados y se les apoye» (Para una pastoral de la cultura, 34). Los pastores también deberían ofrecer a sus fieles orientación acerca de los medios de comunicación y de sus mensajes, a veces discordantes e incluso destructivos (cf. Código de Derecho Canónico, c. 822, § 2 y 3) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales 26).
6. Los medios de comunicación en la Iglesia
41. Hemos estado hablando de comunicación entre la Iglesia y el resto de la sociedad a través de los medios, pero ¿no sería muy conveniente también la comunicación interna en la Iglesia?
“Un flujo recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del «derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia» (Vaticano II. Aetatis novae, 10; cf. Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 20).
El derecho de expresión debe ejercerse con deferencia a la verdad revelada y a la enseñanza de la Iglesia, y respetando los derechos eclesiales de los demás (cf. Código de derecho canónico, c. 212, § 1, 2 y 3; c. 220)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
42. ¿Puede existir opinión pública en la Iglesia?
Pío XII, "al encontrarse con los editores de periódicos católicos, les decía que algo faltaría en la vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias, y el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, reconoce el derecho a expresar la propia opinión. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a la expresión de las propias valoraciones, no es menos cierto que en otros campos, existe entre los católicos un espacio para el intercambio de opiniones, en diálogo respetuoso con la justicia y la prudencia" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 12).
43. A veces los periodistas hacen preguntas incómodas e incluso provocativas a los representantes de la Iglesia. ¿Cómo debería responderse a estas preguntas?
“Quienes representan a la Iglesia deben ser honrados e íntegros en sus relaciones con los periodistas. Aun cuando «sus preguntas provocan algunas veces perplejidad y desencanto, sobre todo cuando corresponden poco al contenido fundamental del mensaje que debemos transmitir», debemos tener presente que «esos interrogantes desconcertantes coinciden con los de la mayor parte de nuestros contemporáneos» (Para una pastoral de la cultura, 34). Si la Iglesia quiere hablar de modo creíble a la gente de hoy, quienes hablan en su nombre tienen que dar respuestas creíbles y verdaderas a esas preguntas aparentemente incómodas” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
44. ¿Debe la Iglesia ser completamente transparente e informar de lo que sucede en su seno?
“Como sucede en otras comunidades e instituciones, a veces la Iglesia necesita —y en ocasiones tiene el deber— de practicar la reserva y la discreción. Pero no debería hacerlo con miras a la manipulación y al control. Dentro de la comunión de fe, quienes «poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del pueblo de Dios y tienen, por tanto, la verdadera dignidad de cristianos, aspirando al mismo fin, en libertad y orden, lleguen a la salvación» (Vaticano II. Lumen gentium, 18). La práctica correcta de la comunicación es uno de los modos de realizar esta concepción” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
45. La Iglesia tiene medios de comunicación. ¿No debería “predicar con el ejemplo”, en el sentido de que sus medios de comunicación fueran ejemplares en todos los sentidos?
“En primer lugar, y sobre todo, el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros importantes principios y normas. Además de esto, los medios de comunicación de la Iglesia deberían esforzarse por comunicar la plenitud de la verdad acerca del significado de la vida humana y de la historia, especialmente como está contenida en la palabra de Dios revelada y expresada por la enseñanza del Magisterio. Los pastores deberían estimular el uso de los medios de comunicación social para difundir el Evangelio (cf. Código de Derecho Canónico, can. 822, § 1)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
7. El comunicador cristiano
46. ¿Todos los cristianos tenemos la misma responsabilidad en la promoción del uso de los medios de comunicación social con finalidad evangelizadora?
No. A los Pastores corresponde, sobre todo, “hacerse intérpretes de esta exigencia: es importante preocuparse de que la propuesta del Evangelio se haga de modo incisivo y promueva su escucha y acogida (cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Pastores gregis, 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6). Una especial responsabilidad en este campo está reservada a las personas consagradas quienes, desde su propio carisma, adquieren un compromiso en el ámbito de las comunicaciones sociales. Formadas espiritual y profesionalmente, las personas consagradas ‘presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos’. (Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Vita consecrata (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476)” (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 8).
47. ¿Pueden los católicos, como católicos, expresarse a través de los medios de comunicación?
“Los católicos, como los demás ciudadanos, tienen el derecho a expresarse libremente y por ello también el de acceder a los medios de comunicación para este fin. El derecho de expresión incluye la posibilidad de manifestar opiniones acerca del bien de la Iglesia, con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral, respeto a los pastores, y consideración por el bien común y la dignidad de las personas (cf. Código de Derecho Canónico, c. 212, § 3; c. 227). Sin embargo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de la Iglesia, ni a implicarla en lo que haga, sin haber sido designado expresamente; y las opiniones personales no deberían presentarse como enseñanza de la Iglesia (cf. ib., c. 227)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
48. ¿Cuáles son las tareas fundamentales del comunicador cristiano?
“El comunicador cristiano en particular tiene una tarea, una vocación profética: clamar contra los falsos dioses e ídolos de nuestro tiempo —el materialismo, el hedonismo, el consumismo, el nacionalismo extremo y otros—, ofreciendo a todos un cuerpo de verdades morales basadas en la dignidad y los derechos humanos, la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, el amor a los enemigos y el respeto incondicional a toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural; y buscando la realización más perfecta del Reino en este mundo, conscientes de que, al final de los tiempos, Jesús restablecerá todas las cosas y las restituirá al Padre (cf. 1 Co 15, 24)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 31).
49. ¿A qué grandes desafíos se enfrenta hoy día el comunicador cristiano?
Tanto el comunicador cristiano como la Iglesia y la sociedad en su conjunto se enfrentan a grandes desafíos actuales en relación con los medios de comunicación.
a. Hay que tomar conciencia del viraje, o incluso del cambio de función que los medios están afrontando. Hoy la comunicación parece tener la pretensión no sólo de representar la realidad, sino también de determinarla. “Se constata, por ejemplo, que con respecto a algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de información, sino para ‘crear’ los acontecimientos mismos” (Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 3).
b. “Hay que evitar que los medios de comunicación social se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético [y del utilitarismo], verdaderas plagas de nuestro tiempo” (Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 5; cf. PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
c. Hay que evitar también que participen “en la contemporánea ‘conjura contra la vida’, ‘creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida’ (Juan Pablo II. Evangelium vitae, 17) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
d. “Es de desear que la comunicación se haga según modelos culturales. Las sociedades pueden y deben aprender unas de otras. Pero la comunicación transcultural no debería realizarse en detrimento de las más débiles” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
e. Es necesario armonizar beneficio con servicio de interés público, entendido según una concepción integral del bien común. “Las decisiones sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían depender sólo del mercado y de factores económicos —los beneficios—, puesto que éstos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su integridad ni tampoco los legítimos intereses de las minorías” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 24).
f. La comunicación social puede unir a las personas en comunidades presididas por la simpatía y los intereses comunes. ¿Estarán dichas comunidades basadas en la justicia, la decencia y el respeto de los derechos humanos? ¿Se comprometerán en favor del bien común? ¿O, por el contrario, serán egoístas e introvertidas, buscando el beneficio de grupos particulares —económicos, raciales, políticos e incluso religiosos— a expensas de los demás? ¿Servirá la nueva tecnología a todas las naciones y a todos los pueblos, respetando las tradiciones culturales de cada uno, o será un instrumento para aumentar la riqueza de los ricos y el poder de los poderosos? Corresponde a nosotros elegir (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 29).
50. Ya que Cristo es el modelo de todo hombre, ¿es también modelo para el comunicador?
“’El mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto comunicador. Por la encarnación se revistió de la semejanza de aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo de hablar y pensar, ya que lo hacía desde su misma situación y condición’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 11: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 3).
Durante la vida pública de Jesús las muchedumbres se reunían para escuchar su predicación y su enseñanza (cf. Mt 8,1.18; Mc 2,2; 4,1; Lc 5,1, etc.); él enseñaba ‘como quien tiene autoridad’ (Mt 7,29; cf. Mc 1,22;Lc 4,32). Les hablaba del Padre y, al mismo tiempo, los dirigía hacia sí mismo, explicando: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’ (Jn14,6) y ‘el que me ha visto a mí, ha visto al Padre’ (Jn 14,9). No perdió tiempo en discursos insustanciales o justificándose a sí mismo, ni siquiera cuando fue acusado y condenado (cf. Mt 26,63; 27,12-14; Mc 15,5; 15,61), pues su ‘alimento’ era hacer la voluntad del Padre que lo había enviado (cf. Jn 4,34); y todo lo que decía y hacía guardaba relación con esa voluntad.
A menudo la enseñanza de Jesús adoptaba la forma de parábolas y relatos coloridos que expresaban profundas verdades con las palabras sencillas que se usaban a diario. No sólo sus palabras, sino también sus obras, especialmente sus milagros, eran actos de comunicación, que revelaban su identidad y manifestaban el poder de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 12). En sus comunicaciones mostraba respeto por sus oyentes, solicitud por su situación y sus necesidades, compasión por su sufrimiento (por ejemplo, véase Lc 7,13), y firme determinación de decirles lo que necesitaban oír, de un modo que debía atraer poderosamente su atención y ayudarles a recibir el mensaje, sin coerción ni componendas, sin engaño ni manipulación. Invitaba a los demás a abrir su mente y su corazón a él, sabiendo que éste era el modo de llevarles hacia él y hacia su Padre (véase, por ejemplo, Jn 3,1-15; 4,7-26).
Jesús enseñaba que la comunicación es un acto moral: ‘De lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado’ (Mt 12,34-37). Criticaba severamente a quienes escandalizaran a los ‘pequeños’, y aseguraba que a quien lo hiciera ‘era mejor que le pusieran al cuello una piedra y lo echaran al mar’ (Mc 9,42; cf. Mt 18,6; Lc17,2). Era completamente sincero; un hombre de quien se podía decir que ‘en su boca no se halló engaño’; y también: ‘al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de aquel que juzga con justicia’ (1 P 2, 22-23). Insistía en la sinceridad y en la veracidad de los demás, al mismo tiempo que condenaba la hipocresía, la inmoralidad y cualquier forma de comunicación que fuera torcida y perversa: Sea vuestro lenguaje: «Sí, sí»; «no, no», pues lo que pasa de aquí viene del maligno’ (Mt 5,37)” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 32).
DOCUMENTOS
CONCILIO VATICANO II. Decreto Inter mirifica, (04.12.1963), AAS 56 (1964), pp. 145-
157; EV/1 nn. 245-283.
JUAN PABLO II. El Rápido desarrollo, (24.01.2005) (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20050124_il-rapido-sviluppo_sp.html)
PABLO VI, JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (http://www.pccs.it/Doc_GMCS_spa.htm ).
COMISIÓN PONTIFICIA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Communio et progressio, (23.05.1971), AAS 63 (1971), pp. 593-656; EV/4 nn. 781-967.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Pornografía y violencia en los medios de comunicación social, (07.05.1989), EV/11 nn. 2237-2270.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en la publicidad, (22.02.1997), EV/16 nn. 214-255.
CONSEJO PONTIFICIO PARA LA CULTURA, Por una pastoral de la cultura, (23.05.1999), EV/18 nn. 1036-1134.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en las comunicaciones sociales, (04.06.2000), EV/19 nn. 875-932.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en Internet, (22.02.2002), LEV, Ciudad del Vaticano 2002.
COMISIÓN DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES DE LA COMUNIDAD EUROPEA (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación. Año 2001, n. 4).
COMISIÓN EPISCOPAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL (CEMCS). CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las comunicaciones Sociales. En José Francisco Serrano Oceja (Editor), Los Obispos españoles y las Comunicaciones Sociales. Mensajes de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social a lo largo de su historia. EDICE. Madrid. Año 2000.
Ideología de género y la EpC
www.navarraeducaenlibertad.com/?p=332
El Señor Peces Barba (www.hazteoir.org/node/11886) pretende convencernos de que no hay razones serias para oponerse a la asignatura de "Educación para la Ciudadanía'. Quienes se oponen serían unos melindrosos anticuados que se aferran a un sistema moral confuso y confunden lo público con lo privado.
Vamos a ver si nos aclaramos:
Una asignatura que se limitase a exponer los criterios de convivencia que hemos aprobado los españoles en la Constitución y describiese las principales instituciones mediante las cuales organizamos nuestra convivencia, nos resultaría del todo aceptable. No me parece muy necesaria, porque eso mismo ya se hace en otros momentos, pero sería aceptable.
Pero es que nuestro Gobierno, en el programa de esta asignatura, incluye la ideología de género, que es una carga de profundidad contra los valores morales que rigen nuestra vida y configuran nuestra sociedad.
Desde luego los cristianos no la podemos aceptar, y las personas juiciosas que tengan un buen sentido moral, tampoco.
Veamos por qué.
La ideología de género es un invento del feminismo radical que viene a decir que la diferenciación entre varón y mujer es discriminatoria y opresiva para la mujer. Por lo cual, en una sociedad libre y liberada, hay que prescindir de la diferenciación sexual como factor de relación personal, de ordenamiento social y distribuidor de roles sociales. El sexo como realidad biológica pierde importancia, y la sexualidad pasa a ser un mero papel social que cada uno elige a su gusto. Por eso se habla de "género" y no se habla ya de "sexo'. Cada uno "hace de" hombre o de mujer, o de las dos cosas, según le apetezca. Con lo cual, heterosexualidad, homosexualidad, transexualidad, son situaciones absolutamente normales e intercambiables, según la voluntad de cada uno. En consecuencia, se legitiman todas las formas imaginables de ejercer la sexualidad, y hasta se pretende llegar a "liberar" a la mujer de la "carga" de la maternidad, encomendando la continuidad de la especie a la ingeniería de los laboratorios. Con ello se atomiza la sociedad, al desaparecer el matrimonio y la familia como primer núcleo social, como lugar de arraigo amoroso del ser humano.
Sin matrimonio, sin familia, el hombre deja de ser un ser relacional que nace, crece, vive y muere en un contexto de amor interpersonal, mutuo, generoso, irrevocable, para quedar reducido a un ser aislado y desarraigado, confiado únicamente al intervencionismo asfixiante de un Estado asistencialista y omnipresente.
¿Alguien puede decir que esta revolución cultural y social esté prevista en la Constitución?
Rechazar esto no es poner la voluntad del individuo por encima de la norma aprobada por la mayoría.
Primero, porque esas normas se han ido aprobando de tapadillo, sin explicar lo que significan.
Segundo, porque lo que con la objeción de conciencia se antepone a la norma no es la voluntad del individuo, sino la conciencia moral de la persona, santuario de la libertad personal, anterior y superior a cualquier ley humana.
El orden moral natural es previo y superior a cualquier institución política. Obliga a todos, ciudadanos y gobernantes. Los cristianos nos negamos a que sean las leyes y los legisladores los que definan el bien y el mal moral.
Eso es tiranía.
El Señor Peces Barba intenta resolver el conflicto apelando a la distinción entre ética privada y ética pública. La ética privada es propia del individuo y puede estar regida por su conciencia. La ética pública nace de la soberanía popular, es interpretada por el parlamento y sancionada por las leyes. Esto es lo moderno y lo democrático. La teoría resulta atrayente por su aparente claridad, pero si se examina detenidamente resulta insostenible. Ética privada y pública no son dos éticas independientes y menos opuestas.
La sociedad, de cuya soberanía arranca la ética pública, está compuesta por personas, que tienen su propia ética personal, generalmente de origen religioso, o por lo menos racional y tradicional. En virtud de sus criterios éticos personales, los ciudadanos configuran una ética pública para regir su convivencia, en la que están presentes, con las debidas adaptaciones, los mismos criterios éticos que valen para su vida personal. Y es esa ética común, consensuada entre las personas que forman el pueblo soberano, la que tienen que asumir, respetar y obedecer los legisladores y jueces que están al servicio de la convivencia. No es el Parlamento el que crea la ética pública, sino los ciudadanos a los que tiene que someterse y servir el Parlamento.
¿Acaso hemos aceptado los españoles la ética de la ideología de género como ética pública vigente en nuestra sociedad?
¿Quiénes han formulado esa ética pública con autoridad para imponérnosla?
¿Cuándo y dónde les hemos dado la encomienda para semejante revolución?
Son preguntas capaces de remover los fundamentos de nuestra sociedad. Porque no se trata de defender una "vaga y genérica moralidad" como dice el Sr. Peces Barba. Se trata, a mi juicio, de defender una parte imprescindible de la tradición moral de los españoles y de todo el occidente cristiano.
La tradición occidental, que la revelación y la experiencia cristiana han clarificado y fortalecido, resuelve la tensión entre los sexos recurriendo al amor fiel e irrevocable como motivo y calificación de la relación interpersonal entre varón y mujer. La biología queda asumida y trascendida por un amor personal, libre y fiel, ejemplarizado y enriquecido por el amor de Dios que habita en nuestros corazones. "Vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros'. Entregaos unos a otros con el amor de Cristo. Amaos unos a otros como a vosotros mismos. El sexo no es lo que domina, sino que se convierte en expresión y vehículo de este amor fiel y poderoso que nos rescata de la muerte. Otra antropología, otra manera de ver y vivir la misma humanidad.
+ Fernando Sebastian Aguilar
El Señor Peces Barba (www.hazteoir.org/node/11886) pretende convencernos de que no hay razones serias para oponerse a la asignatura de "Educación para la Ciudadanía'. Quienes se oponen serían unos melindrosos anticuados que se aferran a un sistema moral confuso y confunden lo público con lo privado.
Vamos a ver si nos aclaramos:
Una asignatura que se limitase a exponer los criterios de convivencia que hemos aprobado los españoles en la Constitución y describiese las principales instituciones mediante las cuales organizamos nuestra convivencia, nos resultaría del todo aceptable. No me parece muy necesaria, porque eso mismo ya se hace en otros momentos, pero sería aceptable.
Pero es que nuestro Gobierno, en el programa de esta asignatura, incluye la ideología de género, que es una carga de profundidad contra los valores morales que rigen nuestra vida y configuran nuestra sociedad.
Desde luego los cristianos no la podemos aceptar, y las personas juiciosas que tengan un buen sentido moral, tampoco.
Veamos por qué.
La ideología de género es un invento del feminismo radical que viene a decir que la diferenciación entre varón y mujer es discriminatoria y opresiva para la mujer. Por lo cual, en una sociedad libre y liberada, hay que prescindir de la diferenciación sexual como factor de relación personal, de ordenamiento social y distribuidor de roles sociales. El sexo como realidad biológica pierde importancia, y la sexualidad pasa a ser un mero papel social que cada uno elige a su gusto. Por eso se habla de "género" y no se habla ya de "sexo'. Cada uno "hace de" hombre o de mujer, o de las dos cosas, según le apetezca. Con lo cual, heterosexualidad, homosexualidad, transexualidad, son situaciones absolutamente normales e intercambiables, según la voluntad de cada uno. En consecuencia, se legitiman todas las formas imaginables de ejercer la sexualidad, y hasta se pretende llegar a "liberar" a la mujer de la "carga" de la maternidad, encomendando la continuidad de la especie a la ingeniería de los laboratorios. Con ello se atomiza la sociedad, al desaparecer el matrimonio y la familia como primer núcleo social, como lugar de arraigo amoroso del ser humano.
Sin matrimonio, sin familia, el hombre deja de ser un ser relacional que nace, crece, vive y muere en un contexto de amor interpersonal, mutuo, generoso, irrevocable, para quedar reducido a un ser aislado y desarraigado, confiado únicamente al intervencionismo asfixiante de un Estado asistencialista y omnipresente.
¿Alguien puede decir que esta revolución cultural y social esté prevista en la Constitución?
Rechazar esto no es poner la voluntad del individuo por encima de la norma aprobada por la mayoría.
Primero, porque esas normas se han ido aprobando de tapadillo, sin explicar lo que significan.
Segundo, porque lo que con la objeción de conciencia se antepone a la norma no es la voluntad del individuo, sino la conciencia moral de la persona, santuario de la libertad personal, anterior y superior a cualquier ley humana.
El orden moral natural es previo y superior a cualquier institución política. Obliga a todos, ciudadanos y gobernantes. Los cristianos nos negamos a que sean las leyes y los legisladores los que definan el bien y el mal moral.
Eso es tiranía.
El Señor Peces Barba intenta resolver el conflicto apelando a la distinción entre ética privada y ética pública. La ética privada es propia del individuo y puede estar regida por su conciencia. La ética pública nace de la soberanía popular, es interpretada por el parlamento y sancionada por las leyes. Esto es lo moderno y lo democrático. La teoría resulta atrayente por su aparente claridad, pero si se examina detenidamente resulta insostenible. Ética privada y pública no son dos éticas independientes y menos opuestas.
La sociedad, de cuya soberanía arranca la ética pública, está compuesta por personas, que tienen su propia ética personal, generalmente de origen religioso, o por lo menos racional y tradicional. En virtud de sus criterios éticos personales, los ciudadanos configuran una ética pública para regir su convivencia, en la que están presentes, con las debidas adaptaciones, los mismos criterios éticos que valen para su vida personal. Y es esa ética común, consensuada entre las personas que forman el pueblo soberano, la que tienen que asumir, respetar y obedecer los legisladores y jueces que están al servicio de la convivencia. No es el Parlamento el que crea la ética pública, sino los ciudadanos a los que tiene que someterse y servir el Parlamento.
¿Acaso hemos aceptado los españoles la ética de la ideología de género como ética pública vigente en nuestra sociedad?
¿Quiénes han formulado esa ética pública con autoridad para imponérnosla?
¿Cuándo y dónde les hemos dado la encomienda para semejante revolución?
Son preguntas capaces de remover los fundamentos de nuestra sociedad. Porque no se trata de defender una "vaga y genérica moralidad" como dice el Sr. Peces Barba. Se trata, a mi juicio, de defender una parte imprescindible de la tradición moral de los españoles y de todo el occidente cristiano.
La tradición occidental, que la revelación y la experiencia cristiana han clarificado y fortalecido, resuelve la tensión entre los sexos recurriendo al amor fiel e irrevocable como motivo y calificación de la relación interpersonal entre varón y mujer. La biología queda asumida y trascendida por un amor personal, libre y fiel, ejemplarizado y enriquecido por el amor de Dios que habita en nuestros corazones. "Vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros'. Entregaos unos a otros con el amor de Cristo. Amaos unos a otros como a vosotros mismos. El sexo no es lo que domina, sino que se convierte en expresión y vehículo de este amor fiel y poderoso que nos rescata de la muerte. Otra antropología, otra manera de ver y vivir la misma humanidad.
+ Fernando Sebastian Aguilar
El anticatolicismo está de moda
El nuevo anti-catolicismo de moda en Estados Unidos
¿Y qué se puede decir de las críticas dentro de los círculos católicos?
El anticatolicismo está gozando de un nuevo impulso en Estados Unidos. Así lo afirma Philip Jenkins en su último libro, «The New Anti-Catholicism: The Last Acceptable Prejudice» (Oxford University Press) («El nuevo anticatolicismo: el último prejuicio aceptable»).
Profesor de historia y estudios religiosos en la Universidad estatal de Pennsylvania, Jenkins comienza explicando que abandonó la Iglesia católica y que, desde finales de los años ochenta, pertenece a la Iglesia episcopaliana. «No tengo interés alguno en defender a la Iglesia católica, ni se me puede considerar como un defensor acrítico de las posturas católicas», escribe.
El libro no se anda por las ramas. «Los católicos y el catolicismo son el objetivo final de una gran parte de las críticas sorprendentes de los Estados Unidos de hoy», arguye. Más que el número de asombrosos ataques, lo que resulta más sorprendente son las corrientes mediáticas que minimizan hasta las más violentas acciones anticatólicas, observa Jenkins. Actos parecidos cometidos contra otros grupos habrían recibido mucha más publicidad y hubieran sido criticados como «crímenes odiosos».
En las últimas décadas una mayor sensibilidad cultural ha llevado al abandono de estereotipos sociales sobre grupos étnicos o religiosos. Actualmente, una calumnia antisemita o misógina puede destruir rápidamente una carrera pública. La «única excepción relevante a esta regla» es denigrar a la Iglesia católica.
Por ejemplo, se busca desalentar en las escuelas y universidades las pequeñas representaciones que implican seudo ataques del Ku Klux Klan contra personas de color o contra musulmanes. Por el contrario, se toleran abiertamente las sátiras que ridiculizan a los sacerdotes, al Papa o a la Eucaristía.
La comparación entre las manifestaciones anticatólicas y otros prejuicios revela una diferencia determinante, observa Jenkins. Los ataques contra judíos o personas de color se dirigen generalmente contra una persona o una comunidad, mientras que con frecuencia en el caso de los católicos el objetivo es la institución de la Iglesia. Ahora bien, suele ser una justificación débil decir que un ataque contra una institución no constituye intolerancia. «La institución de la Iglesia es fundamental para la religión católica», explica Jenkins. Las actitudes contra la Iglesia conducen al desprecio por los católicos, quienes --siguiendo este razonamiento-- deben ser débiles y serviles.
No todas las críticas contra la Iglesia o su doctrina son intolerantes, afirma Jenkins. La Iglesia ha cometido muchos errores en el pasado y no todo lo que la Iglesia hace como institución está fuera de discusión. Pero, hay una gran diferencia entre criticar a un obispo o un tema, y un ataque generalizado contra la religión o la institución en cuestión.
¿Y qué se puede decir de las críticas dentro de los círculos católicos?
Jenkins afirma que es un error pensar que los ex católicos no pueden ser culpables de intolerancia. Cuando Andrés Serrano, por ejemplo, exhibió un crucifijo dentro de un bote lleno de orina, sus defensores afirmaron que, como ex católico, sólo estaba explorando el simbolismo católico. Sin embargo, apunta Jenkins, la obra era claramente blasfema.
El libro también distingue entre el debate en la Iglesia sobre cuestiones de doctrina, y los ataques que pueden ser considerados como anticatólicos. El debate interno es común en la Iglesia. Pero cuando este conflicto interno se vuelve virulento, o niega elementos fundamentales de la fe, ya no puede ser considerado como «oposición leal». Un ejemplo es un libro reciente del ex sacerdote James Carroll, en el que defiende la abolición de la supremacía papal, rechaza la idea de la expiación ofrecida en la muerte de Cristo y, en general, según Jenkins, rechaza virtualmente toda la teología cristiana.
El cambio de los años 60
Los ataques contra la Iglesia católica no son algo nuevo en los Estados Unidos. Jenkins observa que el anticatolicismo del siglo XIX y de principios del XX se basaba principalmente en tensiones entre clases y etnias. El anticatolicismo actual, por el contrario, proviene de los cambios sociales radicales de los años 60. Estos cambios llevaron a que surgieran grupos de interés como las feministas o los activistas homosexuales que se oponen a la Iglesia fundamentalmente por motivos ideológicos.
Esta confrontación entre la Iglesia y la mentalidad liberal es un cambio que puede ser comparado a los años que precedieron a la década de los 60. Jenkins observa que los círculos católicos han sido fieles aliados del Partido Demócrata desde tiempos del New Deal en los años treinta. En muchos temas --sociales, bienestar, derechos civiles, inmigración, intervención gubernamental-- la Iglesia y el liberalismo fueron aliados.
Esta alianza comenzó a resquebrajarse en 1968, con la publicación de la encíclica «Humanae Vitae», que mantuvo la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción. Otra división mayor tuvo lugar con la decisión del Tribunal Supremo en 1973 que legalizaba el aborto. Las batallas que siguieron sobre el divorcio y el feminismo confirmaron la ruptura entre el liberalismo y la Iglesia.
Otro cambio, esta vez interno a la Iglesia, ha añadido leña al fuego de los ataques actuales. En el pasado, los católicos presentaban como un frente unido contra los prejuicios. Ahora, la división dentro de la Iglesia permite que muchas acusaciones tengan audiencia entre los católicos. Esto da a la retórica mayor credibilidad, y posteriormente implica a los medios en sus críticas. Además, los disidentes católicos en Estados Unidos, a diferencia de los que les precedieron, tienen más posibilidades de hacer públicas sus quejas.
Una inesperada alianza
La disensión pública de los católicos encuentra un aliado fácil en los medios liberales que, con frecuencia, son hostiles hacia la Iglesia y sus enseñanzas, observa Jenkins. Añadido a esto está el antagonismo surgido tras el Watergate de los medios de Estados Unidos hacia las instituciones en general. Y los medios pueden encontrar rápidamente ex monjas o ex sacerdotes dispuestos a respaldar sus ataques contra la autoridad.
El libro dedica un capítulo a analizar la hostilidad de las feministas hacia la Iglesia. «La idea de que la Iglesia es un enemigo mortal de las mujeres se acepta comúnmente en los medios de noticias y en la cultura popular», afirma Jenkins. De hecho, mientras la Iglesia discrepa del feminismo radical en algunos aspectos, «la postura católica no tiene nada de reaccionario u obscurantista, como la visión caricaturizada podría sugerir».
Sin embargo, el sacerdocio y la jerarquía reservados a los varones hacen de la Iglesia un blanco fácil para las feministas. Mientras la cólera feminista contra la Iglesia se enfoca con frecuencia en temas específicos, escribe Jenkins, «podemos también ver un elemento religioso inconfundible que desafía enérgicamente todo el fundamento de la Iglesia, y que con frecuencia proporciona una plataforma para el anticatolicismo abierto».
No sería completa la imagen del movimiento anticatólico sin analizar la reciente crisis sobre abusos sexuales atribuidos al clero. El escándalo «dio pie para la amplia expresión pública de un grotesco sentimiento anticatólico y anticlerical, así como para el renacimiento de todos los antiguos estereotipos».
A pesar de todos los casos demasiado verdaderos de abuso sexual del clero y de ocultación episcopal, Jenkins defiende que las críticas a la Iglesia fueron desproporcionadas y fueron usadas por los grupos de interés como una oportunidad para atacar aspectos fundamentales de las creencias católicas. «En la historia moderna, ninguna confesión ha sido atacada de manera tan sistemática, tan pública, y con tanto veneno», escribe. La cobertura de los medios, en ocasiones distorsionada e inexacta, dio la impresión de una institución inundada de escándalos, cuando de hecho los abusos implican a cerca del 2% de los sacerdotes.
Jenkins concluye advirtiendo que los sentimientos y el activismo anticatólico tardará en desaparecer. Ahora bien, los católicos son conscientes de las palabras de Jesús, que dijo: «Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros».
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El anticatolicismo es una forma de discriminación, hostilidad o prejuicio contra la Iglesia Católica Romana. El término también se aplica a la persecución de los católicos romanos.
http://es.wikipedia.org/wiki/Anticatolicismo
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El nuevo anticatolicismo. El último prejuicio aceptable.
http://www.vozcatolica.org/63/anticat.htm
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El anticatolicismo de moda
http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul286.htm
¿Y qué se puede decir de las críticas dentro de los círculos católicos?
El anticatolicismo está gozando de un nuevo impulso en Estados Unidos. Así lo afirma Philip Jenkins en su último libro, «The New Anti-Catholicism: The Last Acceptable Prejudice» (Oxford University Press) («El nuevo anticatolicismo: el último prejuicio aceptable»).
Profesor de historia y estudios religiosos en la Universidad estatal de Pennsylvania, Jenkins comienza explicando que abandonó la Iglesia católica y que, desde finales de los años ochenta, pertenece a la Iglesia episcopaliana. «No tengo interés alguno en defender a la Iglesia católica, ni se me puede considerar como un defensor acrítico de las posturas católicas», escribe.
El libro no se anda por las ramas. «Los católicos y el catolicismo son el objetivo final de una gran parte de las críticas sorprendentes de los Estados Unidos de hoy», arguye. Más que el número de asombrosos ataques, lo que resulta más sorprendente son las corrientes mediáticas que minimizan hasta las más violentas acciones anticatólicas, observa Jenkins. Actos parecidos cometidos contra otros grupos habrían recibido mucha más publicidad y hubieran sido criticados como «crímenes odiosos».
En las últimas décadas una mayor sensibilidad cultural ha llevado al abandono de estereotipos sociales sobre grupos étnicos o religiosos. Actualmente, una calumnia antisemita o misógina puede destruir rápidamente una carrera pública. La «única excepción relevante a esta regla» es denigrar a la Iglesia católica.
Por ejemplo, se busca desalentar en las escuelas y universidades las pequeñas representaciones que implican seudo ataques del Ku Klux Klan contra personas de color o contra musulmanes. Por el contrario, se toleran abiertamente las sátiras que ridiculizan a los sacerdotes, al Papa o a la Eucaristía.
La comparación entre las manifestaciones anticatólicas y otros prejuicios revela una diferencia determinante, observa Jenkins. Los ataques contra judíos o personas de color se dirigen generalmente contra una persona o una comunidad, mientras que con frecuencia en el caso de los católicos el objetivo es la institución de la Iglesia. Ahora bien, suele ser una justificación débil decir que un ataque contra una institución no constituye intolerancia. «La institución de la Iglesia es fundamental para la religión católica», explica Jenkins. Las actitudes contra la Iglesia conducen al desprecio por los católicos, quienes --siguiendo este razonamiento-- deben ser débiles y serviles.
No todas las críticas contra la Iglesia o su doctrina son intolerantes, afirma Jenkins. La Iglesia ha cometido muchos errores en el pasado y no todo lo que la Iglesia hace como institución está fuera de discusión. Pero, hay una gran diferencia entre criticar a un obispo o un tema, y un ataque generalizado contra la religión o la institución en cuestión.
¿Y qué se puede decir de las críticas dentro de los círculos católicos?
Jenkins afirma que es un error pensar que los ex católicos no pueden ser culpables de intolerancia. Cuando Andrés Serrano, por ejemplo, exhibió un crucifijo dentro de un bote lleno de orina, sus defensores afirmaron que, como ex católico, sólo estaba explorando el simbolismo católico. Sin embargo, apunta Jenkins, la obra era claramente blasfema.
El libro también distingue entre el debate en la Iglesia sobre cuestiones de doctrina, y los ataques que pueden ser considerados como anticatólicos. El debate interno es común en la Iglesia. Pero cuando este conflicto interno se vuelve virulento, o niega elementos fundamentales de la fe, ya no puede ser considerado como «oposición leal». Un ejemplo es un libro reciente del ex sacerdote James Carroll, en el que defiende la abolición de la supremacía papal, rechaza la idea de la expiación ofrecida en la muerte de Cristo y, en general, según Jenkins, rechaza virtualmente toda la teología cristiana.
El cambio de los años 60
Los ataques contra la Iglesia católica no son algo nuevo en los Estados Unidos. Jenkins observa que el anticatolicismo del siglo XIX y de principios del XX se basaba principalmente en tensiones entre clases y etnias. El anticatolicismo actual, por el contrario, proviene de los cambios sociales radicales de los años 60. Estos cambios llevaron a que surgieran grupos de interés como las feministas o los activistas homosexuales que se oponen a la Iglesia fundamentalmente por motivos ideológicos.
Esta confrontación entre la Iglesia y la mentalidad liberal es un cambio que puede ser comparado a los años que precedieron a la década de los 60. Jenkins observa que los círculos católicos han sido fieles aliados del Partido Demócrata desde tiempos del New Deal en los años treinta. En muchos temas --sociales, bienestar, derechos civiles, inmigración, intervención gubernamental-- la Iglesia y el liberalismo fueron aliados.
Esta alianza comenzó a resquebrajarse en 1968, con la publicación de la encíclica «Humanae Vitae», que mantuvo la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción. Otra división mayor tuvo lugar con la decisión del Tribunal Supremo en 1973 que legalizaba el aborto. Las batallas que siguieron sobre el divorcio y el feminismo confirmaron la ruptura entre el liberalismo y la Iglesia.
Otro cambio, esta vez interno a la Iglesia, ha añadido leña al fuego de los ataques actuales. En el pasado, los católicos presentaban como un frente unido contra los prejuicios. Ahora, la división dentro de la Iglesia permite que muchas acusaciones tengan audiencia entre los católicos. Esto da a la retórica mayor credibilidad, y posteriormente implica a los medios en sus críticas. Además, los disidentes católicos en Estados Unidos, a diferencia de los que les precedieron, tienen más posibilidades de hacer públicas sus quejas.
Una inesperada alianza
La disensión pública de los católicos encuentra un aliado fácil en los medios liberales que, con frecuencia, son hostiles hacia la Iglesia y sus enseñanzas, observa Jenkins. Añadido a esto está el antagonismo surgido tras el Watergate de los medios de Estados Unidos hacia las instituciones en general. Y los medios pueden encontrar rápidamente ex monjas o ex sacerdotes dispuestos a respaldar sus ataques contra la autoridad.
El libro dedica un capítulo a analizar la hostilidad de las feministas hacia la Iglesia. «La idea de que la Iglesia es un enemigo mortal de las mujeres se acepta comúnmente en los medios de noticias y en la cultura popular», afirma Jenkins. De hecho, mientras la Iglesia discrepa del feminismo radical en algunos aspectos, «la postura católica no tiene nada de reaccionario u obscurantista, como la visión caricaturizada podría sugerir».
Sin embargo, el sacerdocio y la jerarquía reservados a los varones hacen de la Iglesia un blanco fácil para las feministas. Mientras la cólera feminista contra la Iglesia se enfoca con frecuencia en temas específicos, escribe Jenkins, «podemos también ver un elemento religioso inconfundible que desafía enérgicamente todo el fundamento de la Iglesia, y que con frecuencia proporciona una plataforma para el anticatolicismo abierto».
No sería completa la imagen del movimiento anticatólico sin analizar la reciente crisis sobre abusos sexuales atribuidos al clero. El escándalo «dio pie para la amplia expresión pública de un grotesco sentimiento anticatólico y anticlerical, así como para el renacimiento de todos los antiguos estereotipos».
A pesar de todos los casos demasiado verdaderos de abuso sexual del clero y de ocultación episcopal, Jenkins defiende que las críticas a la Iglesia fueron desproporcionadas y fueron usadas por los grupos de interés como una oportunidad para atacar aspectos fundamentales de las creencias católicas. «En la historia moderna, ninguna confesión ha sido atacada de manera tan sistemática, tan pública, y con tanto veneno», escribe. La cobertura de los medios, en ocasiones distorsionada e inexacta, dio la impresión de una institución inundada de escándalos, cuando de hecho los abusos implican a cerca del 2% de los sacerdotes.
Jenkins concluye advirtiendo que los sentimientos y el activismo anticatólico tardará en desaparecer. Ahora bien, los católicos son conscientes de las palabras de Jesús, que dijo: «Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros».
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El anticatolicismo es una forma de discriminación, hostilidad o prejuicio contra la Iglesia Católica Romana. El término también se aplica a la persecución de los católicos romanos.
http://es.wikipedia.org/wiki/Anticatolicismo
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El nuevo anticatolicismo. El último prejuicio aceptable.
http://www.vozcatolica.org/63/anticat.htm
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El anticatolicismo de moda
http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul286.htm
María, La Madre de Dios - José L. Fierro
Abril 17 del 2008
Sr. Director
EL HERALDO
Chihuahua, Chih.
El 13 de Abril escribe en esta sección el Sr. René Rodríguez Quezada, refiriéndose a la Virgen María, entre otros conceptos, lo siguiente:
“…María ha sido la mujer más favorecida de la historia, sin embargo, creo incorrecto el culto a María, se le rinde adoración y se le dice Madre de Dios, entonces pobres antecesores de María por que no hubo Dios para ellos, hasta que María tuvo uno…”
Las expresiones del Sr. Rodríguez Quezada dan un fuerte testimonio de que sí él alguna vez fue católico, su ignorancia en esta fe lo debe haber hecho pasar a una de las tantas sectas protestantes que son enemigas del culto de veneración que la Iglesia Católica rinde a la Virgen María y si ya nació protestante, con esto manifiesta también su gran desconocimiento de lo que es la doctrina católica acerca de la Virgen María.
No existe documento doctrinal católico alguno en los 20 siglos de existencia del catolicismo donde se exprese que la Virgen María dio origen a Dios, ni tampoco alguno donde se afirme que hay que rendirle culto de adoración. Si estoy equivocado, espero que el Sr. Rodríguez Q. me remita a alguno de ellos si existe.
Lo que sucede, que el Sr. Rodríguez, como muchos opositores a la fe católica, nos arman una doctrina que solamente existe en su mente protestante y luego malamente la atribuyen al catolicismo, logrando que algunos ignorantes en esto como él, crean esos sofismas.
En el siglo IV el hereje Nestorio trató de arrebatarle a la Virgen María el título más hermoso con que los cristianos la veneramos “Madre de Dios “ y fue condenado por el concilio de Efeso, reafirmándose en la sublime oración que todos conocemos: El Ave María que proclama a la Virgen como Madre de Dios. Las expresiones del Sr. Rodríguez, lo denuncian como un arriano del siglo XXI.
Cristo es una Persona Divina que se hizo Hombre en el seno purísimo de la Virgen María, por ello, la Iglesia a la V. María, por ser madre de esa persona Divina la reconoce como la Madre de Dios, por ser madre de una persona que es Dios: Jesucristo. No que Ella origine a Dios que es eterno.
Recuerdo una enseñanza sencilla de mi catequista acerca de este tema, ilustrada con un ejemplo que ella me manifestó:
Llega una persona a un domicilio a buscar al Ingeniero Pedro Pérez, él no estaba en ese momento, más su madre atiende a quien pregunta por él. La persona que lo busca le dice: ¿quién es Ud.? Ella le contesta, soy la madre del Ing. Pérez, la otra persona le replica: Ud. no puede ser la madre del Ing. Pérez por que Ud. “no lo convirtió en Ingeniero, sino la facultad de Ingeniería; Ud. sólo es madre de Pedro Pérez, no del Ingeniero…”. La señora le dice: Aunque yo no lo “hice” Ingeniero, por ser madre de la persona que es el Ing. Pérez, así se me reconoce, como madre del Ing. Pérez…”
Algo semejante sucede con la Virgen María, aunque Ella no “hizo a Dios “, sino que de Ella nació Jesucristo, Persona que es Dios, por ello le reconocemos como la Madre de Dios.
Santa Isabel, cuando recibe de visita a la Virgen María, refiriéndose a Ella le dice “¿De dónde a mi que la Madre de mi Señor, venga a mí… (Lc. 1, 41). En los labios de S. Isabel la palabra Señor se refiere a Dios…, entonces, es fácil entender que S. Isabel proclama a la Virgen María como Madre de Dios, lo que los arrianos que aún existen en el siglo XXI siguen negando.
Los católicos no adoramos a la Virgen María, el mayor testimonio de ello es en la hermosa oración del Ave María, se le invoca “ ruega por nosotros los pecadores…”, si se le pide que ruegue, es evidente que no es Dios o diosa alguna y en cada Ave María se bendice el fruto de su vientre, que es Jesús, por lo que todos los católicos principalmente al rezar el santo rosario, en cada misterio de éste, adoramos a Jesús y veneramos a la V. María.
El Arcángel Gabriel en la anunciación le dice a la Virgen María “Has encontrado gracia ante Dios (Lc. 1, 30), espero que algún día la Virgen María encuentre gracia ante quienes distorsionan su persona para negarle su título más hermoso “Madre de Dios”, que ni el mismo Lutero dejó de aplicarle hasta el día de su muerte.
Sr. Director
EL HERALDO
Chihuahua, Chih.
El 13 de Abril escribe en esta sección el Sr. René Rodríguez Quezada, refiriéndose a la Virgen María, entre otros conceptos, lo siguiente:
“…María ha sido la mujer más favorecida de la historia, sin embargo, creo incorrecto el culto a María, se le rinde adoración y se le dice Madre de Dios, entonces pobres antecesores de María por que no hubo Dios para ellos, hasta que María tuvo uno…”
Las expresiones del Sr. Rodríguez Quezada dan un fuerte testimonio de que sí él alguna vez fue católico, su ignorancia en esta fe lo debe haber hecho pasar a una de las tantas sectas protestantes que son enemigas del culto de veneración que la Iglesia Católica rinde a la Virgen María y si ya nació protestante, con esto manifiesta también su gran desconocimiento de lo que es la doctrina católica acerca de la Virgen María.
No existe documento doctrinal católico alguno en los 20 siglos de existencia del catolicismo donde se exprese que la Virgen María dio origen a Dios, ni tampoco alguno donde se afirme que hay que rendirle culto de adoración. Si estoy equivocado, espero que el Sr. Rodríguez Q. me remita a alguno de ellos si existe.
Lo que sucede, que el Sr. Rodríguez, como muchos opositores a la fe católica, nos arman una doctrina que solamente existe en su mente protestante y luego malamente la atribuyen al catolicismo, logrando que algunos ignorantes en esto como él, crean esos sofismas.
En el siglo IV el hereje Nestorio trató de arrebatarle a la Virgen María el título más hermoso con que los cristianos la veneramos “Madre de Dios “ y fue condenado por el concilio de Efeso, reafirmándose en la sublime oración que todos conocemos: El Ave María que proclama a la Virgen como Madre de Dios. Las expresiones del Sr. Rodríguez, lo denuncian como un arriano del siglo XXI.
Cristo es una Persona Divina que se hizo Hombre en el seno purísimo de la Virgen María, por ello, la Iglesia a la V. María, por ser madre de esa persona Divina la reconoce como la Madre de Dios, por ser madre de una persona que es Dios: Jesucristo. No que Ella origine a Dios que es eterno.
Recuerdo una enseñanza sencilla de mi catequista acerca de este tema, ilustrada con un ejemplo que ella me manifestó:
Llega una persona a un domicilio a buscar al Ingeniero Pedro Pérez, él no estaba en ese momento, más su madre atiende a quien pregunta por él. La persona que lo busca le dice: ¿quién es Ud.? Ella le contesta, soy la madre del Ing. Pérez, la otra persona le replica: Ud. no puede ser la madre del Ing. Pérez por que Ud. “no lo convirtió en Ingeniero, sino la facultad de Ingeniería; Ud. sólo es madre de Pedro Pérez, no del Ingeniero…”. La señora le dice: Aunque yo no lo “hice” Ingeniero, por ser madre de la persona que es el Ing. Pérez, así se me reconoce, como madre del Ing. Pérez…”
Algo semejante sucede con la Virgen María, aunque Ella no “hizo a Dios “, sino que de Ella nació Jesucristo, Persona que es Dios, por ello le reconocemos como la Madre de Dios.
Santa Isabel, cuando recibe de visita a la Virgen María, refiriéndose a Ella le dice “¿De dónde a mi que la Madre de mi Señor, venga a mí… (Lc. 1, 41). En los labios de S. Isabel la palabra Señor se refiere a Dios…, entonces, es fácil entender que S. Isabel proclama a la Virgen María como Madre de Dios, lo que los arrianos que aún existen en el siglo XXI siguen negando.
Los católicos no adoramos a la Virgen María, el mayor testimonio de ello es en la hermosa oración del Ave María, se le invoca “ ruega por nosotros los pecadores…”, si se le pide que ruegue, es evidente que no es Dios o diosa alguna y en cada Ave María se bendice el fruto de su vientre, que es Jesús, por lo que todos los católicos principalmente al rezar el santo rosario, en cada misterio de éste, adoramos a Jesús y veneramos a la V. María.
El Arcángel Gabriel en la anunciación le dice a la Virgen María “Has encontrado gracia ante Dios (Lc. 1, 30), espero que algún día la Virgen María encuentre gracia ante quienes distorsionan su persona para negarle su título más hermoso “Madre de Dios”, que ni el mismo Lutero dejó de aplicarle hasta el día de su muerte.
Mi cuerpo es mío... ¿?
¡Mi cuerpo es mío!
Por Francisco de Borja SANTAMARÍA
Arvo.net, 09.04.2008
http://www.arvo.net/documento.asp?doc=01220417d
A veces tienen lugar reuniones pintorescas. Hace unas semanas, por ejemplo, la prensa daba cuenta de una convención internacional de tatuajes. En declaraciones a la prensa, una invitada especial de la reunión, Isabel Varley, que, a sus setenta años, luce un cuerpo tatuado de pies a cabeza explicaba su visión de la cosa: “Es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”. La verdad es que afirmaciones como éstas se agradecen porque son una perla. Uno se había preguntado muchas veces qué le encontrará la peña a eso del tatuaje y el piercing, y, aunque lo dicho por esta setentona tatuada de pies a cabeza no sea una respuesta definitiva, alguna pista da. ¿Que a la gente no le gusta cómo va una tatuada? ¡Allá ellos! ¡Mi cuerpo es mío!
El afán de posesión no tiene límites y poseer el propio cuerpo nos produce una satisfacción indescriptible. Para el hombre, el propio cuerpo ha sido siempre un enigma y hay quien piensa que el mejor modo de desentrañar algo enigmático es dominarlo. En el caso que nos ocupa, se trata de demostrarle al propio cuerpo que uno es el que manda, por ejemplo, convirtiéndolo en un objeto de artesanía.
No muy lejos de este empeño por manejar el propio cuerpo está la moda del fitness y la wellness en el contexto de una nueva concepción de la belleza y la salud corporales. En un breve ensayo que publicaba hace unos meses Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra, el autor sostenía que se ha abierto paso una concepción moderna de la belleza corporal entendida como derecho. La belleza, como todo ahora, es algo que uno, si quiere, puede conseguir y no sólo eso, sino que también puede exigir, desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud define la salud como “completo bienestar físico, psíquico y social”. La “modernidad” del nuevo concepto de belleza y de salud estriba en no reconocer límites, es decir, en ponerla a disposición de la propia libertad. El dato quizá más significativo en este sentido sea el recurso a la cirugía estética, a la que, según cifras que aporta el artículo mencionado, cada año acuden en nuestro país 400.000 personas y doce millones en Estados Unidos. A mayor abundamiento, el autor aporta el dato de la existencia en China de más de un millón de clínicas y centros de belleza, la existencia en Alemania de 7.000 establecimientos de fitness al que acuden cinco millones y medio de usuarios o los 20.000 millones de dólares anuales que gastan los adolescentes estadounidenses en productos de belleza y cuidado del cuerpo.
Como explica Navas, tras la emancipación política y social, le ha llegado el turno al cuerpo. La supertatuada Varley, como hemos visto, lo dijo con claridad meridiana, “Es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”. Y ésa es, precisamente, la lógica interna de una relación “moderna” con el propio cuerpo. Ni providencia, ni destino, ni naturaleza: el hombre es el dueño único, no sólo de lo que hace a nivel personal o colectivo, sino del propio cuerpo.
En el manejo desmesurado de la belleza propia y del bienestar físico late, aunque no lo parezca a primera vista, el mismo esquema mental que justifica el recurso al aborto, los anticonceptivos, la fecundación in vitro, la clonación o los cambios de sexo a la carta; subyace en todo ello la idea de que el cuerpo no puede ser un impedimento para nuestras pretensiones. Para el hombre y la mujer actuales resulta incomprensible que lo que se desea tenga que pasar por el aro de las exigencias corporales. Una relación sexual no puede estar condicionada por la posibilidad de un embarazo, y el deseo de paternidad o maternidad no puede dejar de cumplirse por el hecho de que haya un problema de esterilidad. Los avances tecnológicos, por su parte, ayudan a crear la ilusión de que se puede hacer todo lo que se quiera. No sólo de que se puede hacer, sino de que no pasa nada por hacerlo.
Se trata de una contradicción más de nuestra cultura, condenada a moverse con registros antitéticos. A la vez que, tras la irrupción de la mentalidad ecológica, lo natural goza de un gran prestigio, mantenemos una relación con el propio cuerpo en la que prima la tecnología, a la que acudimos, no sólo para mantener la salud, sino para disponer a nuestro antojo de él. Procede aclarar ahora que una cosa es la medicina y otra muy distinta el abuso tecnológico del cuerpo. La medicina, aunque requiera cada vez más de una refinada tecnología, es tal porque ayuda o suple al organismo en su actividad natural o porque aminora el dolor. El abuso tecnológico, por el contrario, prescinde de que algo sea bueno o malo para el cuerpo y obvia los límites corporales. Una cosa es, por ejemplo, hacer una trasplante de corazón, mediante el que el organismo puede cumplir su función natural, y otra muy distinta hacerse una liposucción para sentirse más a gusto con la propia imagen.
La, llamemos, concepción tecnológica del cuerpo reside en plantear la relación con el propio organismo en términos despóticos: “es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”, Varley dixit. En este planteamiento, el cuerpo no merece ningún respeto, ni tiene un ser propio con el que nuestra libertad haya de entrar en diálogo. En definitiva, se trata de una visión cosificante del cuerpo, que queda reducido a algo externo a uno mismo.
Pero ¿qué importancia tiene todo esto? ¿No estaremos adentrándonos en una disquisición academicista? El asunto tiene más miga práctica de lo que pudiera parecer, porque, si el cuerpo es realmente algo más que la carcasa en la que viaja un yo libre y sin ataduras, una cosa de la que podemos disponer a nuestro gusto, el diálogo con él resulta decisivo para nuestra felicidad y para la de los demás, de modo que no es indiferente hacer o no un uso banal del sexo, ni es una bagatela abortar o no (ni para la criatura abortada, por su puesto, ni para su madre); igualmente, no es lo mismo ser concebido en un tubo de ensayo que venir al mundo en una unión amorosa, ni conocer que desconocer la identidad del padre o la madre biológicos; y tampoco es una tontería sufrir anorexia, vigorexia o alguna de las patologías ligadas a la obsesión por la imagen corporal. En fin, mi cuerpo es mío, ma non troppo.
Por Francisco de Borja SANTAMARÍA
Arvo.net, 09.04.2008
http://www.arvo.net/documento.asp?doc=01220417d
A veces tienen lugar reuniones pintorescas. Hace unas semanas, por ejemplo, la prensa daba cuenta de una convención internacional de tatuajes. En declaraciones a la prensa, una invitada especial de la reunión, Isabel Varley, que, a sus setenta años, luce un cuerpo tatuado de pies a cabeza explicaba su visión de la cosa: “Es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”. La verdad es que afirmaciones como éstas se agradecen porque son una perla. Uno se había preguntado muchas veces qué le encontrará la peña a eso del tatuaje y el piercing, y, aunque lo dicho por esta setentona tatuada de pies a cabeza no sea una respuesta definitiva, alguna pista da. ¿Que a la gente no le gusta cómo va una tatuada? ¡Allá ellos! ¡Mi cuerpo es mío!
El afán de posesión no tiene límites y poseer el propio cuerpo nos produce una satisfacción indescriptible. Para el hombre, el propio cuerpo ha sido siempre un enigma y hay quien piensa que el mejor modo de desentrañar algo enigmático es dominarlo. En el caso que nos ocupa, se trata de demostrarle al propio cuerpo que uno es el que manda, por ejemplo, convirtiéndolo en un objeto de artesanía.
No muy lejos de este empeño por manejar el propio cuerpo está la moda del fitness y la wellness en el contexto de una nueva concepción de la belleza y la salud corporales. En un breve ensayo que publicaba hace unos meses Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra, el autor sostenía que se ha abierto paso una concepción moderna de la belleza corporal entendida como derecho. La belleza, como todo ahora, es algo que uno, si quiere, puede conseguir y no sólo eso, sino que también puede exigir, desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud define la salud como “completo bienestar físico, psíquico y social”. La “modernidad” del nuevo concepto de belleza y de salud estriba en no reconocer límites, es decir, en ponerla a disposición de la propia libertad. El dato quizá más significativo en este sentido sea el recurso a la cirugía estética, a la que, según cifras que aporta el artículo mencionado, cada año acuden en nuestro país 400.000 personas y doce millones en Estados Unidos. A mayor abundamiento, el autor aporta el dato de la existencia en China de más de un millón de clínicas y centros de belleza, la existencia en Alemania de 7.000 establecimientos de fitness al que acuden cinco millones y medio de usuarios o los 20.000 millones de dólares anuales que gastan los adolescentes estadounidenses en productos de belleza y cuidado del cuerpo.
Como explica Navas, tras la emancipación política y social, le ha llegado el turno al cuerpo. La supertatuada Varley, como hemos visto, lo dijo con claridad meridiana, “Es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”. Y ésa es, precisamente, la lógica interna de una relación “moderna” con el propio cuerpo. Ni providencia, ni destino, ni naturaleza: el hombre es el dueño único, no sólo de lo que hace a nivel personal o colectivo, sino del propio cuerpo.
En el manejo desmesurado de la belleza propia y del bienestar físico late, aunque no lo parezca a primera vista, el mismo esquema mental que justifica el recurso al aborto, los anticonceptivos, la fecundación in vitro, la clonación o los cambios de sexo a la carta; subyace en todo ello la idea de que el cuerpo no puede ser un impedimento para nuestras pretensiones. Para el hombre y la mujer actuales resulta incomprensible que lo que se desea tenga que pasar por el aro de las exigencias corporales. Una relación sexual no puede estar condicionada por la posibilidad de un embarazo, y el deseo de paternidad o maternidad no puede dejar de cumplirse por el hecho de que haya un problema de esterilidad. Los avances tecnológicos, por su parte, ayudan a crear la ilusión de que se puede hacer todo lo que se quiera. No sólo de que se puede hacer, sino de que no pasa nada por hacerlo.
Se trata de una contradicción más de nuestra cultura, condenada a moverse con registros antitéticos. A la vez que, tras la irrupción de la mentalidad ecológica, lo natural goza de un gran prestigio, mantenemos una relación con el propio cuerpo en la que prima la tecnología, a la que acudimos, no sólo para mantener la salud, sino para disponer a nuestro antojo de él. Procede aclarar ahora que una cosa es la medicina y otra muy distinta el abuso tecnológico del cuerpo. La medicina, aunque requiera cada vez más de una refinada tecnología, es tal porque ayuda o suple al organismo en su actividad natural o porque aminora el dolor. El abuso tecnológico, por el contrario, prescinde de que algo sea bueno o malo para el cuerpo y obvia los límites corporales. Una cosa es, por ejemplo, hacer una trasplante de corazón, mediante el que el organismo puede cumplir su función natural, y otra muy distinta hacerse una liposucción para sentirse más a gusto con la propia imagen.
La, llamemos, concepción tecnológica del cuerpo reside en plantear la relación con el propio organismo en términos despóticos: “es mi cuerpo y puedo hacer lo que quiera con él”, Varley dixit. En este planteamiento, el cuerpo no merece ningún respeto, ni tiene un ser propio con el que nuestra libertad haya de entrar en diálogo. En definitiva, se trata de una visión cosificante del cuerpo, que queda reducido a algo externo a uno mismo.
Pero ¿qué importancia tiene todo esto? ¿No estaremos adentrándonos en una disquisición academicista? El asunto tiene más miga práctica de lo que pudiera parecer, porque, si el cuerpo es realmente algo más que la carcasa en la que viaja un yo libre y sin ataduras, una cosa de la que podemos disponer a nuestro gusto, el diálogo con él resulta decisivo para nuestra felicidad y para la de los demás, de modo que no es indiferente hacer o no un uso banal del sexo, ni es una bagatela abortar o no (ni para la criatura abortada, por su puesto, ni para su madre); igualmente, no es lo mismo ser concebido en un tubo de ensayo que venir al mundo en una unión amorosa, ni conocer que desconocer la identidad del padre o la madre biológicos; y tampoco es una tontería sufrir anorexia, vigorexia o alguna de las patologías ligadas a la obsesión por la imagen corporal. En fin, mi cuerpo es mío, ma non troppo.
Los mormones, ¿quiénes son?
11 de Abril #2008
En honor a San Estanislao (Siglo XI) Obispo y mártir.
Señor
Director del Listín Diario
Vía correo electrónico
Ciudad,
Ref.: “Los mormones”
Distinguido señor Director:
“Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel… Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.” (Apoc. VII, 4-9)
Luego de saludarle cordialmente, he querido escribirle a fin de suministrarle esta información fidedigna que he obtenido en la Web sobre la agrupación religiosa de referencia, como nuestra humilde contribución a complementar la información dada a conocer recientemente en ese medio, y que ha sido motivo de una comunicación publicada en ese diario ayer, La iglesia de Jesucristo de los últimos días pide corregir información.
La confusa situación seudo-religiosa que impera en el mundo entero, y nuestra nación no es la excepción, apenas comienza a airarse en los medios locales. Nos enteramos de algunos casos aislados aquí y allí, que ya nos alertan del malestar que produce la enorme cantidad de agrupaciones que cohabitan esta tierra nuestra –originalmente tan católica- que hoy es imposible evitar porque nos llega la información de todos lados, una situación que no escapa a la atención del menos avispado.
Mucho le agradeceré poner la presente en manos del más acucioso investigador en esa casa editora, a fin de que se prepare un estudio pormenorizado sobre el fenómeno, y se nos sirva como acostumbra una organización informativa como la que usted se digna en dirigir.
Sin otro particular por el momento, aprovecho para suscribirme a sus órdenes siempre.
Atentamente,
Mario R. Saviñón
Pd. “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio.” ( 2 Tim. IV, 2-5)
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LOS MORMONES, ¿quiénes son?
Los vemos por la calle, de dos en dos (como dice el Evangelio), bien vestidos, con corbata y correctamente peinados, con su mochila negra al hombro y un gáfete en el pecho. Son inconfundibles: son mormones visitando casa por casa difundiendo sus ideas. Algunos son evidentemente norteamericanos aunque no faltan los nacionales ya "convertidos" en mormones.
Sus templos, que vemos por todas partes, también son inconfundibles: igualitos, muy limpios, funcionales y sencillos (excepto los de San Juan de Aragón, y las Lomas en la calle de Sierra Guadarrama, que son monumentales) totalmente distintos de los templos católicos, parte de nuestra cultura.
¿Quién los fundó? ¿Cuál es su historia? ¿En qué creen?
HISTORIA DE LOS MORMONES
Aunque conocida vulgarmente como Iglesia Mormona, su nombre oficial es el de "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días" y fue fundada por José Smith, natural del Estado de Vermont, en los Estados Unidos de Norteamérica en 1830.
Cuenta él mismo, cómo a la edad de 14 años, tuvo una visión en la que fue advertido de no adherirse a ninguna religión, pues Dios, por medio de él, quería restablecer el Evangelio que ya no era observado por ninguna de las religiones existentes.
Al cabo de siete años, hacia 1827, se le apareció el ángel Moroni, hijo de Mormón, último profeta de los americanos que en un tiempo habían sido cristianos. Moroni le encargó que buscara un libro escrito por su padre en planchas de oro y que se encontraba en el Cerro Cumora, en el Estado de New York. Sin dilación Smith fue al lugar indicado, y efectivamente, en una caja de piedra, encontró el maravilloso libro de Mormón.
Pero hubo una seria dificultad: el libro estaba escrito en un idioma ininteligible, mezcla de hebreo, griego y egipcio antiguos. José Smith, pobre labriego que con dificultad leía y escribía el inglés y en aquel entonces de tan solo 21 años, no supo qué hacer.
Pero el problema fue resuelto de una manera prodigiosa, pues junto al libro encontró un peto, una espada y dos talismanes que los mormones llaman Urim y Tumim, aunque no saben bien en qué consistían, pero que por lo visto eran una especie de anteojos milagrosos con los cuales Smith pudo leer y traducir sin dificultad el libro de Mormón a la lengua de Shakespeare.
No pudo, sin embargo, traducirlo todo porque de pronto el ángel Moroni se llevó en una caja de oro macizo, el peto, la espada, los talismanes y de paso el libro de Mormón, dejándonos así sin ninguna evidencia capaz de comprobar y hacer creíble esta fantástica historia.
Lo que tuvo tiempo de traducir, sin embargo, es todo un tomo de 631 páginas de letra menuda, dividido como la Biblia en capítulos y versículos, cosa bien extraña pues ni los profetas del Antiguo Testamento ni los Evangelistas se preocuparon jamás en hacer semejante cosa.
Seguramente José Smith fue una persona muy original y con mucho atractivo, porque tuvo muchos seguidores seguramente atraídos por la poligamia y con ellos estableció su primera iglesia en Lafayette, Estado de Nueva York, declarando que el primitivo Evangelio quedaba restablecido "con todos sus carismas y poderes". Procuró luego enviar misioneros a varias partes, considerando a todos los que no querían admitir sus doctrinas como "gentiles", nombre con el que todavía llaman los mormones a los que no profesan su credo.
En 1831 se trasladaron de Lafayette, primero a Kirtland, Ohio y luego a Jackson County, de donde fueron echados violentamente por los lugareños, escandalizados por sus doctrinas y costumbres. Se establecieron entonces con algún éxito en Navuoo, Illinois y fue ahí en 1843 donde Smith declaró haberle sido revelado que la poligamia debía ser una de las doctrinas fundamentales de la nueva iglesia; esto y otros desmanes alborotaron a los habitantes de los pueblos cercanos a tal grado que en un motín fueron linchados Smith y su hermano Hiram, que se encontraban ya presos en la cárcel de Cartago III. Esto sucedió el 27 de junio de 1844.
Ciertamente no fueron linchados por predicar el Evangelio.
A la muerte de José Smith, el presidente del consejo de los 12 apóstoles, Brigham Young, fue escogido como jefe de profeta; los que no quisieron reconocerlo se adhirieron a un hijo de Smith, formando la "Reorganizaed Church of Jesus Christ of Latter Days Saints" que aún existe pero sin haber logrado gran desarrollo.
El mismo año de 1844, Brigham Young, para huir de la enemistad de los "gentiles", organizó una emigración general de casi todos los mormones, desde Illinois, hasta Salt Lake City, Utah, región entonces muy poco poblada; allí durante más de 30 años, ejerció un poder casi absoluto y con una energía indómita, organizó la iglesia; pobló aquellas desiertas regiones y envió misioneros por todos los Estados Unidos y aún fuera de ellos. Murió en 1877 dejando nada menos que 27 viudas y 56 hijos.
Para terminar la historia de los mormones, diremos que cuando en el año de 1872, el territorio de Utah entró a formar parte de la Unión Norteamericana, donde la poligamia es ilegal, muchos mormones tuvieron que abandonar, al menos oficialmente o en apariencia las doctrinas y la práctica de la poligamia y los que no quisieron renunciar a sus esposas, emigraron a otros países, entre ellos México, dividiéndose en otras tantas ramas del mormonismo.
Los emigrantes consideran apóstatas a los que, obedeciendo las leyes americanas renunciaron a la poligamia, y a su vez éstos últimos consideran apóstatas a los emigrantes por conservar a sus mujeres.
EL LIBRO DE MORMON
Por supuesto afirman los mormones que el Libro de Mormón, compuesto por 15 libros, es divinamente inspirado por la sencilla razón de que no contiene nada que esté en contradicción con la Biblia y lo que es más, ayuda a su debida interpretación y aclara muchas doctrinas de la Biblia que se encuentran oscurecidas y cambiadas en las versiones que circulan en las iglesias, tanto por traducciones deficientes como por "la necedad de los hombres".
Creen que este libro fué escrito por el misterioso personaje llamado Mormón, porque él mismo lo dice y creen que fue un profeta inspirado por Dios. Pero en realidad es totalmente falso que el libro de Mormón aclare o explique nada de la Biblia.
DE QUE TRATA EL LIBRO DE MORMON
El libro pretende darnos la historia de América desde los más remotos tiempos. Cuando Dios confundió las lenguas en la torre de Babel, suceso que José Smith sitúa en el año 2200 antes de Cristo, nos informa que vinieron a América los primeros habitantes que él llama jareditas. A estos dedica un libro entero de los 15 que componen la obra, porque los restantes, en realidad la parte más sustancial del libro, se ocupan de los israelitas que hacia el año 600 emigraron de Jerusalén en tiempo del rey Sedecías, el último rey que ahí gobernó antes de la destrucción de la ciudad por los ejércitos de Nabucodonosor.
Estos judíos emigrados oprimieron a los jareditas y pronto se dividieron en dos ramas: una la buena, la de los nefitas y otra revolucionaria y turbulenta, de los lamanitas. Estos fueron castigados por Dios que hizo que su piel se volviese cobriza y oscura: son los indios americanos, los pieles rojas del norte y posiblemente los indios de todo el continente. El relato abarca desde el año 600 antes de Cristo hasta el 421 después de El, es decir, un amplio espacio de diez siglos de historia y revelación.
Los nefitas, hombres temerosos de Dios, que por esta razón permanecieron blancos, fueron más tarde destruídos por los lamanitas, no sin que antes uno de sus últimos reyes, Mormón, escribiera en sus célebres planchas de oro los libros, crónicas y revelaciones de su pueblo.
Moroni, hijo de Mormón y último historiador nefita, selló los anales sagrados y los escondió par los fines del Señor en 421 d.C. y fue hasta 1827 cuando el mismo Moroni los entregó a José Smith.
CRISTO Y LA IGLESIA
Es curiosísimo lo que el libro de Mormón dice acerca de Jesucristo y de la Iglesia que fundó.
Debido a las profecías de Samuel el lamanita, muchos se convirtieron a Cristo antes de que éste naciera. Se describen también las señales que se vieron en América cuando nació y las terribles cosas que sucedieron cuando su muerte: huracanes. Terremotos, fuegos y destrucciones.
Jesús vino a América en los días que transcurrieron entre su Resurrección y su Ascención, para enseñarles a bautizar, aunque ya muchos eran cristianos antes de Cristo, Jesucristo llamó a doce discípulos americanos y los constituyó apóstoles. Les predicó el Sermón de la Montaña e instituyó el sacramento del pan y del vino ante una gran multitud, distribuyéndolo hasta que se sintieron satisfechos.
Dio el nombre a su iglesia y concedió a cada uno de los doce el deseo de su corazón, pidiéndole a tres de ellos permanecer en este mundo hasta que el Señor venga en su gloria, donde continúan ejerciendo su ministerio en la actualidad mediante cambios en sus personas.
Según algunos críticos, el libro de Mormón sería un fraude o un plagio de la obra de otro autor. Podría ser la ampliación libre de una obra novelesca y de mucha imaginación compuesta por Salomón Spaulding, un ministro retirado que se dedicó a escribir novelas con fondo bíblico, semejantes al libro de Mormón. ¿Robó José Smith de algún modo un manuscrito de Spauldin y lo hizo suyo como libro de Mormón?. Al menos así lo afirma John Spaulding, hermano de Salomón y Martha, su esposa.
Sus teorías acerca de las tribus de América pudo haberlas tomado de tradiciones que circulaban entonces respecto a la llegada de hombres blancos a este Continente antes que Colón. Spaulding por ejemplo, habla de que los romanos vinieron al Continente, aunque sin ningún fin religioso.
LOS IDIOMAS DEL LIBRO
Expertos en idiomas antiguos han examinado con detenimiento los caracteres que se publican en la historia escrita por José Smith y han declarado que no tiene que ver con el egipcio, el caldeo, asirio, árabe o alguna otra lengua oriental.
ANACRONISMOS
Es bien sabido que el nombre de Jehová fue inventado por los masoretas 1000 años después de Cristo, debido a que en el destierro en Babilonia los hebreos habían perdido la pronunciación exacta de los caracteres "YHWH". El nombre correcto de Dios es Yahvé puesto que así lo pronunciaron siempre los samaritanos que nunca estuvieron en Babilonia.
Así pues, el uso de la palabra Jehová en el libro de Mormón, supuestamente compuesto en 421, es una prueba más de que se trata de un invento de Smith y no de un libro entregado por un ángel.
DOCTRINAS DE LOS MORMONES
Lo primero que hay que notar es que los Mormones, a diferencia de las demás denominaciones protestantes, que siguiendo el dogma luterano de tomar como base de la fe tan solo la Biblia, admiten también como libro inspirado (lo cual ya es una herejía) el libro de Mormón, y también otros redactados con posterioridad por sus presidentes. Estos son "El libro la Doctrina y las Alianzas" publicado en 1835, que contiene supuestamente revelaciones hechas a José Smith; y también "La perla preciosa", "El símbolo Segundo de la Fe" escritos por Brigham Young, etc.
De todos estos libros han sacado doctrinas y prácticas esotéricas (secretas) que como lo hace notar muy atinadamente el pastor protestante E. Laird Mills, tienen mucho cuidado en ocultar a los "gentiles", que solo tienen acceso a ciertos artículos de su religión.
El primer Símbolo de Fe de los Mormones fue redactado por el fundador José Smith en 1830. Constaba de10 artículos a los cuales Young no tuvo empacho en añadir otros 3.
Vamos a reproducir a continuación lo que los mormones presentan como "artículos de fe" y en donde para empezar notaremos cómo no saben distinguir entre Dogma y Moral e ignoran lo que son los Sacramentos, ya que mezclan todo sin ninguna lógica y están plagados de errores que iremos mencionando
DOGMAS:
1er. Artículo. "Nosotros creemos en Dios, en el Eterno Padre y en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo".
Afirman creer en la Santísima Trinidad, pero su creencia es de lo más peregrina ya que dicen que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno porque tienen un "mismo propósito", usando conceptos por demás extraños. También afirman que tanto el Padre como el Hijo tienen un cuerpo como el nuestro, de carne y hueso y Brigham Young afirmaba que "Adán es nuestro Dios, el único Dios con el cual los hombres nos hemos de entender".
Acerca de Nuestro Señor Jesucristo, tienen enseñanzas de lo más absurdas. Afirman que Jesucristo, después de su Resurrección, vino a América y que es nada menos que el legendario personaje conocido con el nombre de Quetzalcóatl. Para probar la "verdad" de este aserbo, les basta con lo siguiente: "las obras y vida de este hombre barbado y blanco, corresponden de tal manera a las de Jesucristo, que solo podemos llegar a la conclusión de que se trata de la misma persona". ("El Mormonismo" por Antonio W. Ivins.)
2º. Artículo. "Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados y no por la transgresión de Adán".
Evidentemente los mormones están negando la realidad del pecado original, de tantas maneras tratado en las cartas de San Pablo.
3er. Artículo. "Creemos que por la expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio".
Nótese como los mormones no creen, como la inmensa mayoría de los protestantes, que el hombre se salva por la Fe sola, sino por las obras.
4º Artículo. "Creemos que dichas ordenanzas son: 1-Fe en nuestro Señor Jesucristo. 2-Arrepentimiento. 3-Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados. 4-Imposición de las manos para comunicar el don del Espíritu Santo".
También aquí los mormones se apartan de las demás iglesias protestantes al afirmar que por la imposición de las manos se comunica al Espíritu Santo, cosa que los protestantes no aceptan. La Iglesia Católica, de acuerdo con la Sagrada Escritura, lo realiza en el Sacramento de la Confirmación.
5º Artículo. "Creemos que cualquier hombre debe ser llamado por Dios por profecía y por la imposición de las manos, por aquellos que tienen autoridad para predicar el Evangelio y administrar sus ordenanzas".
Los mormones creen, pues, que para predicar el Evangelio se requiere recibir autorización de los que ya la tienen.
6º Artículo. "Creemos en la misma organización que existía en la primitiva Iglesia, esto es: Apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc…"
¿Cómo es posible que alguien llame a esto "Artículo de Fe"?.
7º. Artículo. "Creemos en el don de lenguas, profecías, revelaciones, visiones, sanidad, interpretación de lenguas, etc…"
Estas creencias se dan en otras denominaciones cristianas y aún en algunos sectores de la Iglesia Católica, pero ciertamente son asuntos secundarios y no ameritan ser parte de un "Credo".
8º. Artículo. "Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios en tanto que está traducida correctamente, pero también creemos que el libro de Mormón es Palabra de Dios".
Esto está en flagrante contradicción con la misma Biblia que nos advierte que nadie debe añadir nada a lo ya escrito. Con el Libro del Apocalipsis se cierra la revelación. San Juan afirma en 22,18: "Yo por mi parte declaro a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: a quien se atreva a añadirle algo, Dios añadirá sobre él todas las plagas descritas en este libro" y por lo tanto la Iglesia Católica como los protestantes han rechazado los libros llamados "Apócritos" que son documentos posteriores ciertamente interesantes y piadosos pero no inspirados por Dios como lo es la Biblia.
Por supuesto que la Biblia debe ser traducida correctamente, pero ¿quién determina la calidad de dicha traducción? Abundan las traducciones "piratas" como la de los Testigos de Jehová, que descaradamente alteran los términos a su conveniencia. La Iglesia Católica, que tiene veinte siglos de experiencia traduciendo, imprimiendo y difundiendo la Palabra de Dios, exige a cualquier edición lo que llamamos el "Imprimátur" que es la autorización oficial para su impresión. Es como el control de calidad, que tratándose de la Palabra de Dios, debe ser mucho muy estricto.
Para más abundancia, el libro de Mormón contiene cosas totalmente falsas, como por ejemplo que en sus tiempos había caballos en América y conocían el cemento para sus construcciones, cosa que no se ha encontrado en ninguna ruina arqueológica de América.
Cuando se presentan a los mormones estas objeciones, afirman que han encontrado fósiles de caballos en América y restos de carreteras de cemento, pero ¿en qué museo se encuentran dichos fósiles? ¿dónde están los restos de aquellas carreteras de cemento.
9º. Artículo. "Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que ahora está revelando y todas las demás cosas que revelará en lo sucesivo y cuyos grandes e importantes asuntos pertenecen al reino de Dios".
En otras palabras, no habrá límite a la imaginación y a la ficción. Todo esto está en flagrante contradicción, como ya hemos dicho, de que la revelación terminó con el Apocalipsis de San Juan, último de los Apóstoles.
10º. Artículo. "Creemos en el sentido literal de la congregación del pueblo de Israel y en la restauración de las diez tribus. Que Sión será edificada sobre este Continente. Que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, la cual será renovada y transformada en un paraíso de gloria".
Es nada menos que "el sueño Americano", la teoría del "Destino Manifiesto" sublimada y llevada al terreno religioso: Jesucristo gobernando al mundo entero, por supuesto desde los Estados Unidos de Norteamérica, probablemente desde Salt Lake City o al menos desde Washington.
Los tres Artículos añadidos por Brigham Young:
11º. Artículo. "Nosotros declaramos el derecho de adoración al Ser Supremo según los dictámenes de nuestra conciencia y permitimos a todos los hombres el mismo derecho, dejando que lo adoren donde quieran y como puedan".
Si así creen, ¿por qué entonces se esfuerzan tanto en arrastrar a sus filas a los católicos?
12º. Artículo. "Creemos que debemos estar sujetos a los reyes, presidentes, legisladores y magistrados del país a donde Dios nos llama a ramificar su Santa Iglesia, obedeciendo, honrando y sosteniendo la ley".
Este artículo no puede ni debe aplicarse a la letra, a pesar de que San Pablo dice que "toda potestad viene de Dios" (Rom.13,1). San Pedro, más prudente (1 Pe.2,13), pide sumisión "a los gobernadores como puestos por Dios para castigo de malhechores y alabanza de los buenos" ya que muy a menudo los gobiernos no cumplen con estas funciones, sino que de hecho han sido en muchísimas ocasiones, enemigos de Dios y de cualquier Religión, no solamente dictando leyes completamente equivocadas e injustas, sino persiguiendo a muerte a los creyentes como sucedió en México en la época Cristera y en los países dominados por el comunismo.¿Cómo obedecer, honrar y sostener tales regímenes?
13o.Artículo. "Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres".
Realmente esto no puede ser llamado artículo de Fe, sino un conato de reglas morales. Los Mormones por lo visto no saben distinguir entre Dogma y Moral.
LA MORAL DE LOS MORMONES
Hablar de la moral de los mormones no es cosa fácil, pues como ya hemos visto, sus trece artículos de Fe, de los que tan orgullosos se muestran, son todo un barullo de Dogmas, Moral y prácticas religiosas. Para complicar más las cosas, han cambiado sus ordenanzas según los tiempos, lugares y circunstancias. Cuándo en el año de 1844 se establecieron en Salt Lake City, formaron una especie de sociedad mutualista en la que se ayudaban realmente de una manera extraordinaria, pero muy pronto dieron comienzo las desavenencias y la causa, ¡quién lo creyera!, fueron las mujeres.
Siendo al principio abiertamente polígamos, cualquiera pensaría que aquel que tenía 8 o 10 mujeres, ya no codiciaría más pero fue todo lo contrario: les pasaba lo mismo que a aquellos que tienen grandes riquezas, que mientras más tienen, desean más y más. Por algo dice la Biblia: "La ambición del hombre no tiene límite".
Apenas una niña se desarrollaba como mujer, era objeto del deseo de varios mormones entre los cuales tenía forzosamente que elegir uno y de no ser así, daba lugar a que se pelearán por ella y si ella se resistía, llegaban a agredirla a ella y a su familia cometiendo crímenes que por lo general quedaban sin castigo. Todo esto fue el tema de un artículo del Selecciones del Readers Digest de abril de 1959, pero que por no tener mayor constancia, nos abstenemos de reproducir.
Las cosas cambiaron en el año de 1872, cuando Utah ingresó a la federación Norteamericana, que en sus leyes prohibe la poligamia dando nacimiento a la "Iglesia del Primogénito de la Plenitud de los Ultimos Tiempos" que siguió siendo polígama y tuvo que emigrar, estableciéndose en los estados méxicanos de Sonora y Chihuahua.
Aquello que según José Smith había sido una revelación divina y un dogma, fue dejado a un lado, al menos en apariencia, para no perder privilegios temporales en la Unión Americana.
LOS MORMONES Y LOS SACRAMENTOS.
Realmente los mormones no tienen Sacramentos ya que no tienen el Sacerdocio instituido por Jesucristo en sus Apóstoles.
El relato de cómo José Smith se creyó sacerdote, es sensacional: él y su amigo Oliverio Cowdery fueron a bautizarse mutuamente y dice: "yo le bauticé primero y luego él me bautizó a mí. Después de lo cual puse mis manos sobre su cabeza y le conferí el Sacerdocio de Aarón y luego él puso sus manos sobre mí y me confirió el mismo sacerdocio".
La candidez del relato nos hace pensar en dos niños jugando "a ser padrecitos". ¿Cómo puede nadie conferir un sacerdocio que no tiene?
Pero la cosa no termina ahí. Distinguen los mormones dos clases de sacerdocio: el de Aarón y el de Melquisedec. He aquí la forma como dice Smith que recibieron él y Cowdery el de Melquisedec: "en el año de 1830 volvieron a la tierra tres Apóstoles de Cristo: Pedro, Santiago y Juan, les impusieron las manos y los ordenaron sacerdotes según el orden de Melquisedec". Así de simple.
Partiendo, pues, de la base de que los mormones al no tener sacerdocio válido no pueden tener reales sacramentos, describiremos los ritos que acostumbran. Llaman "sacramento" al bautismo y "ordenanzas" al resto.
EL BAUTISMO MORMON.
Afirman los mormones que el Bautismo es necesario para la salvación y sin embargo caen en el error de no admitir sean bautizados los niños. Además el Bautismo debe ser realizado por inmersión y por lo tanto es inválido el conferido por la Iglesia Católica, olvidando que en el día de Pentecostés fueron bautizadas 3000 personas y que en Jerusalén no hay río para hacerlo por inmersión. San Pablo bautizó a familias enteras en sus propias casas, evidentemente por simple aspersión.
Pretenden los mormones que desde la muerte de los Apóstoles, o poco después, se perdió el verdadero sacerdocio, hasta que fue restablecido por Smith como hemos relatado y que por lo tanto todos los bautismos efectuados en ese tiempo fueron inválidos. Sin embargo, los amigos y descendientes de los difuntos que recibieron ese bautismo inválido pueden ser bautizados en su lugar y aseguran que ese bautismo por poder, es aceptado y ratificado en el cielo.
Realizan pues, los mormones, muchísimos bautismos por los difuntos cada año, pagando una suma muy elevada por ello (lo que explica, entre otras cosas, el porqué tiene tanto dinero la iglesia mormona) y llevan un impresionante registro computarizado de millones de difuntos "bautizados" de esa manera.
Pretenden autorizar esta clase de bautismos en una cita de San Pablo, que en realidad lo que afirma no es la validez de ese rito sino la verdad de la resurrección: "Si no fuera así, ¿qué ganarían los que se hacen bautizar por los muertos? Si los muertos no resucitan en absoluto, ¿por qué entonces se hacen bautizar por ello?" (1 Cor. 15,29)
LA CENA DEL SEÑOR
Los mormones no tienen ni idea de lo que significa la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en las especies eucarísticas y para colmo de males, como tienen prohibido absolutamente el consumo de bebidas alcohólicas, realizan lo que llaman Cena del Señor compartiendo galletas y agua "porque así les fue ordenado de lo alto".
EL MATRIMONIO "CELESTIAL"
Llaman los mormones "Matrimonio Celestial" al que según ellos debe durar en la otra vida por toda la eternidad. Todo matrimonio realizado sin la debida autoridad, queda disuelto con la muerte por lo que es preciso contraerlo con "autoridad divina", esta ceremonia sella la unión en la tierra y en el cielo, de manera que seguirán siendo marido y mujer, para siempre. Y sí, como sucede, tuvieron varias mujeres, no hay problema así será por toda la eternidad.
Siendo el matrimonio una "ordenanza", es esencial para ir a la gloria celestial. No reconocen, por tanto el celibato, ni consagrado a Dios en la vida religiosa, ni como una opción vital.
En su catecismo estudian los mormones la siguiente pregunta: "¿Son muchos los dioses?" y se responden: "Sí, son muchos y estos dioses continúan multiplicándose en el otro mundo por medio de sus esposas celestes, mujeres que fueron selladas a ellos en este mundo".
Esta ceremonia de "sellar" el matrimonio solo puede realizarse en el templo de Salt Lake City, acompañada de ritos secretos en los cuales no puede participar ningún "gentil". Olvidan, evidentemente, las palabras de Jesucristo que declaró a los judíos que "Después de la resurrección ni los hombres tomarán mujeres ni las mujeres tomarán maridos, sino que serán como ángeles de Dios en el Cielo". (Mt.22,29-30).
EL SACERDOCIO MORMON
Los mormones no hacen distinción entre la Confirmación y el Sacerdocio. Pero sí distinguen dos clases de él: el menor, de Aarón, que trata de las cosas temporales y el mayor o de Melquisedec, para las espirituales.
Por lo visto el sacerdocio de Aarón les ha funcionado muy bien. El 4 de agosto de 1997 la revista TIME publicó algunas cifras que nos hablan de la riqueza de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días.
Es suyo el Rancho ganadero más grande del mundo ubicado cerca de Orlando, Fla. y lleva el nombre de Desert Cattle and Citrus Ranch. Tiene nada menos que 126,000 hectáreas, valuado en $850 millones de dólares.
Gracias a su política de exigir a sus adeptos el 10 por ciento de sus entradas brutas, percibieron en 1996 la asombrosa cantidad de 5,200 millones de dólares. Esto los coloca un poco debajo de Unión Carbide en el escalafón de empresas financieras a nivel mundial, muy por encima de otras transnacionales famosas.
Sus ganancias son invertidas principalmente en agricultura, medios de comunicación, compañías de seguros, turismo y propiedades inmuebles como hoteles, centros culturales, etc.
LA "GLORIA" SEGÚN LOS MORMONES
Muy interesante es su doctrina acerca de la Gloria, ya que distinguen tres clases de ella: la celestial, la terrestre y la ¡telestial!
La mejor es la celestial, a la que solo acceden aquellos que han cumplido con todos sus deberes y ordenanzas. Se entra a ella por el matrimonio que es ordenanza esencial como hemos visto. Ahí no tienen cabida los solteros.
El segundo grado es la terrestre, que es un gloria inferior, reservada a los que no cumplieron bien todas sus leyes y mandamientos.
La telestial (buen invento) es aún inferir a la terrestre y ahí van los malvados pero no los "hijos de la perdición" que son los que habiendo conocido el Evangelio y recibido la manifestación de Dios, lo han negado. Estos últimos van al infierno, pero son muy pocos, pues según los mormones, pueden contarse con los dedos de las manos.
Respecto de los Católicos, enseñan los mormones que sí podemos salvarnos, lo que hace incomprensible su afán de convertirnos en mormones.
La Doctrina Católica comparada con las enseñanzas mormonas.
LA BIBLIA.
Catolicismo: Es la única Palabra Revelada.
Mormones: No es la única; hay otras y seguirá habiéndolas.
DIOS
Catolicismo: Dios es la Santísima Trinidad: un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Adán fue el primer hombre creado por Dios.
Mormones: Dios era antes hombre, y los hombres pueden llegar a ser dioses. Adán es Dios.
CRISTO
Catolicismo: Jesucristo es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, hecho hombre por obra del Espíritu Santo en el vientre purísimo de la siempre Virgen María. Jesús nunca se casó.
Mormones: Cristo es un hombre como José Smith, concebido de la unión del Padre Adán con María y tuvo varias mujeres como Martha y María Magdalena.
LA IGLESIA
Catolicismo: Jesucristo fundó una sola Iglesia para siempre a partir de los Apóstoles, teniendo a San Pedro como cabeza. La sucesión Apostólica en los Papas y Obispos, ha sido ininterrumpida como lo demuestra la Historia. La Iglesia es Una, Santa, Católica(Universal) y Apostólica y permanecerá hasta el fin de los tiempos.
Mormones: Como los Apóstoles le fallaron a Cristo, la Iglesia desapareció y la refundó definitivamente en los Estados unidos en 1870 con José Smith a la cabeza. La pero Iglesia es "por supuesto", la Católica.
EL HOMBRE
Catolicismo: Creado por Dios a su imagen y semejanza, cayó en el pecado original que heredamos todos. El Bautismo borra dicho pecado y nos restituye a la Vida de la Gracia, participando de la Vida Divina, haciéndonos hijos de Dios por adopción.
La poligamia es absolutamente antievangélica y contraria a los derechos humanos de la mujer.
Mormones: No existe el pecado original. Las almas antes de entrar en un cuerpo, andan vagando y se les salva dándoles el cuerpo. La poligamia es de derecho divino. El "matrimonio sellado" es para toda la eternidad, aunque sea con muchas mujeres. Los negros proceden de Caín (racismo puro) y no pueden tener puestos de dirigencia en la iglesia mormona. Los indios de raza cobriza se volverán blancos y rubios. (racismo puro).
BAUTISMO.
Catolicismo: Conviene bautizar a los niños cuanto antes para que gocen de la Vida Divina y sean ya hijos de Dios. No es necesario que sea por inmersión. Los muertos ya han sido juzgados por Dios y no podemos bautizarnos por ellos.
Mormones: No hay que bautizar a los infantes. El bautismo debe ser por inmersión y ya que los bautismos hechos por la Iglesia Católica y demás iglesias protestantes, han sido inválidos, hay que bautizarse por los difuntos para salvarlos.
EUCARISTIA.
Catolicismo: Jesucristo está real, verdadera y sustancialmente presente en las especies consagradas, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Mormones: Jesucristo no está presente ni en el pan ni en el agua con que celebran la "Cena del Señor".
EL INFIERNO.
Catolicismo: Existe y es eterno.
Mormones: No es eterno, o sea, no es infierno.
Otros sitios con valiosa información sobre este grupo:
Los mormones según www.conoze.com
Los mormones fundamentalistas según www.wikipedia.org
Lor mormones según www.corazones.org
Los mormones según www.churchforum.org
Los mormones según www.antesdelfin.com
En honor a San Estanislao (Siglo XI) Obispo y mártir.
Señor
Director del Listín Diario
Vía correo electrónico
Ciudad,
Ref.: “Los mormones”
Distinguido señor Director:
“Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel… Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.” (Apoc. VII, 4-9)
Luego de saludarle cordialmente, he querido escribirle a fin de suministrarle esta información fidedigna que he obtenido en la Web sobre la agrupación religiosa de referencia, como nuestra humilde contribución a complementar la información dada a conocer recientemente en ese medio, y que ha sido motivo de una comunicación publicada en ese diario ayer, La iglesia de Jesucristo de los últimos días pide corregir información.
La confusa situación seudo-religiosa que impera en el mundo entero, y nuestra nación no es la excepción, apenas comienza a airarse en los medios locales. Nos enteramos de algunos casos aislados aquí y allí, que ya nos alertan del malestar que produce la enorme cantidad de agrupaciones que cohabitan esta tierra nuestra –originalmente tan católica- que hoy es imposible evitar porque nos llega la información de todos lados, una situación que no escapa a la atención del menos avispado.
Mucho le agradeceré poner la presente en manos del más acucioso investigador en esa casa editora, a fin de que se prepare un estudio pormenorizado sobre el fenómeno, y se nos sirva como acostumbra una organización informativa como la que usted se digna en dirigir.
Sin otro particular por el momento, aprovecho para suscribirme a sus órdenes siempre.
Atentamente,
Mario R. Saviñón
Pd. “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio.” ( 2 Tim. IV, 2-5)
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LOS MORMONES, ¿quiénes son?
Los vemos por la calle, de dos en dos (como dice el Evangelio), bien vestidos, con corbata y correctamente peinados, con su mochila negra al hombro y un gáfete en el pecho. Son inconfundibles: son mormones visitando casa por casa difundiendo sus ideas. Algunos son evidentemente norteamericanos aunque no faltan los nacionales ya "convertidos" en mormones.
Sus templos, que vemos por todas partes, también son inconfundibles: igualitos, muy limpios, funcionales y sencillos (excepto los de San Juan de Aragón, y las Lomas en la calle de Sierra Guadarrama, que son monumentales) totalmente distintos de los templos católicos, parte de nuestra cultura.
¿Quién los fundó? ¿Cuál es su historia? ¿En qué creen?
HISTORIA DE LOS MORMONES
Aunque conocida vulgarmente como Iglesia Mormona, su nombre oficial es el de "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días" y fue fundada por José Smith, natural del Estado de Vermont, en los Estados Unidos de Norteamérica en 1830.
Cuenta él mismo, cómo a la edad de 14 años, tuvo una visión en la que fue advertido de no adherirse a ninguna religión, pues Dios, por medio de él, quería restablecer el Evangelio que ya no era observado por ninguna de las religiones existentes.
Al cabo de siete años, hacia 1827, se le apareció el ángel Moroni, hijo de Mormón, último profeta de los americanos que en un tiempo habían sido cristianos. Moroni le encargó que buscara un libro escrito por su padre en planchas de oro y que se encontraba en el Cerro Cumora, en el Estado de New York. Sin dilación Smith fue al lugar indicado, y efectivamente, en una caja de piedra, encontró el maravilloso libro de Mormón.
Pero hubo una seria dificultad: el libro estaba escrito en un idioma ininteligible, mezcla de hebreo, griego y egipcio antiguos. José Smith, pobre labriego que con dificultad leía y escribía el inglés y en aquel entonces de tan solo 21 años, no supo qué hacer.
Pero el problema fue resuelto de una manera prodigiosa, pues junto al libro encontró un peto, una espada y dos talismanes que los mormones llaman Urim y Tumim, aunque no saben bien en qué consistían, pero que por lo visto eran una especie de anteojos milagrosos con los cuales Smith pudo leer y traducir sin dificultad el libro de Mormón a la lengua de Shakespeare.
No pudo, sin embargo, traducirlo todo porque de pronto el ángel Moroni se llevó en una caja de oro macizo, el peto, la espada, los talismanes y de paso el libro de Mormón, dejándonos así sin ninguna evidencia capaz de comprobar y hacer creíble esta fantástica historia.
Lo que tuvo tiempo de traducir, sin embargo, es todo un tomo de 631 páginas de letra menuda, dividido como la Biblia en capítulos y versículos, cosa bien extraña pues ni los profetas del Antiguo Testamento ni los Evangelistas se preocuparon jamás en hacer semejante cosa.
Seguramente José Smith fue una persona muy original y con mucho atractivo, porque tuvo muchos seguidores seguramente atraídos por la poligamia y con ellos estableció su primera iglesia en Lafayette, Estado de Nueva York, declarando que el primitivo Evangelio quedaba restablecido "con todos sus carismas y poderes". Procuró luego enviar misioneros a varias partes, considerando a todos los que no querían admitir sus doctrinas como "gentiles", nombre con el que todavía llaman los mormones a los que no profesan su credo.
En 1831 se trasladaron de Lafayette, primero a Kirtland, Ohio y luego a Jackson County, de donde fueron echados violentamente por los lugareños, escandalizados por sus doctrinas y costumbres. Se establecieron entonces con algún éxito en Navuoo, Illinois y fue ahí en 1843 donde Smith declaró haberle sido revelado que la poligamia debía ser una de las doctrinas fundamentales de la nueva iglesia; esto y otros desmanes alborotaron a los habitantes de los pueblos cercanos a tal grado que en un motín fueron linchados Smith y su hermano Hiram, que se encontraban ya presos en la cárcel de Cartago III. Esto sucedió el 27 de junio de 1844.
Ciertamente no fueron linchados por predicar el Evangelio.
A la muerte de José Smith, el presidente del consejo de los 12 apóstoles, Brigham Young, fue escogido como jefe de profeta; los que no quisieron reconocerlo se adhirieron a un hijo de Smith, formando la "Reorganizaed Church of Jesus Christ of Latter Days Saints" que aún existe pero sin haber logrado gran desarrollo.
El mismo año de 1844, Brigham Young, para huir de la enemistad de los "gentiles", organizó una emigración general de casi todos los mormones, desde Illinois, hasta Salt Lake City, Utah, región entonces muy poco poblada; allí durante más de 30 años, ejerció un poder casi absoluto y con una energía indómita, organizó la iglesia; pobló aquellas desiertas regiones y envió misioneros por todos los Estados Unidos y aún fuera de ellos. Murió en 1877 dejando nada menos que 27 viudas y 56 hijos.
Para terminar la historia de los mormones, diremos que cuando en el año de 1872, el territorio de Utah entró a formar parte de la Unión Norteamericana, donde la poligamia es ilegal, muchos mormones tuvieron que abandonar, al menos oficialmente o en apariencia las doctrinas y la práctica de la poligamia y los que no quisieron renunciar a sus esposas, emigraron a otros países, entre ellos México, dividiéndose en otras tantas ramas del mormonismo.
Los emigrantes consideran apóstatas a los que, obedeciendo las leyes americanas renunciaron a la poligamia, y a su vez éstos últimos consideran apóstatas a los emigrantes por conservar a sus mujeres.
EL LIBRO DE MORMON
Por supuesto afirman los mormones que el Libro de Mormón, compuesto por 15 libros, es divinamente inspirado por la sencilla razón de que no contiene nada que esté en contradicción con la Biblia y lo que es más, ayuda a su debida interpretación y aclara muchas doctrinas de la Biblia que se encuentran oscurecidas y cambiadas en las versiones que circulan en las iglesias, tanto por traducciones deficientes como por "la necedad de los hombres".
Creen que este libro fué escrito por el misterioso personaje llamado Mormón, porque él mismo lo dice y creen que fue un profeta inspirado por Dios. Pero en realidad es totalmente falso que el libro de Mormón aclare o explique nada de la Biblia.
DE QUE TRATA EL LIBRO DE MORMON
El libro pretende darnos la historia de América desde los más remotos tiempos. Cuando Dios confundió las lenguas en la torre de Babel, suceso que José Smith sitúa en el año 2200 antes de Cristo, nos informa que vinieron a América los primeros habitantes que él llama jareditas. A estos dedica un libro entero de los 15 que componen la obra, porque los restantes, en realidad la parte más sustancial del libro, se ocupan de los israelitas que hacia el año 600 emigraron de Jerusalén en tiempo del rey Sedecías, el último rey que ahí gobernó antes de la destrucción de la ciudad por los ejércitos de Nabucodonosor.
Estos judíos emigrados oprimieron a los jareditas y pronto se dividieron en dos ramas: una la buena, la de los nefitas y otra revolucionaria y turbulenta, de los lamanitas. Estos fueron castigados por Dios que hizo que su piel se volviese cobriza y oscura: son los indios americanos, los pieles rojas del norte y posiblemente los indios de todo el continente. El relato abarca desde el año 600 antes de Cristo hasta el 421 después de El, es decir, un amplio espacio de diez siglos de historia y revelación.
Los nefitas, hombres temerosos de Dios, que por esta razón permanecieron blancos, fueron más tarde destruídos por los lamanitas, no sin que antes uno de sus últimos reyes, Mormón, escribiera en sus célebres planchas de oro los libros, crónicas y revelaciones de su pueblo.
Moroni, hijo de Mormón y último historiador nefita, selló los anales sagrados y los escondió par los fines del Señor en 421 d.C. y fue hasta 1827 cuando el mismo Moroni los entregó a José Smith.
CRISTO Y LA IGLESIA
Es curiosísimo lo que el libro de Mormón dice acerca de Jesucristo y de la Iglesia que fundó.
Debido a las profecías de Samuel el lamanita, muchos se convirtieron a Cristo antes de que éste naciera. Se describen también las señales que se vieron en América cuando nació y las terribles cosas que sucedieron cuando su muerte: huracanes. Terremotos, fuegos y destrucciones.
Jesús vino a América en los días que transcurrieron entre su Resurrección y su Ascención, para enseñarles a bautizar, aunque ya muchos eran cristianos antes de Cristo, Jesucristo llamó a doce discípulos americanos y los constituyó apóstoles. Les predicó el Sermón de la Montaña e instituyó el sacramento del pan y del vino ante una gran multitud, distribuyéndolo hasta que se sintieron satisfechos.
Dio el nombre a su iglesia y concedió a cada uno de los doce el deseo de su corazón, pidiéndole a tres de ellos permanecer en este mundo hasta que el Señor venga en su gloria, donde continúan ejerciendo su ministerio en la actualidad mediante cambios en sus personas.
Según algunos críticos, el libro de Mormón sería un fraude o un plagio de la obra de otro autor. Podría ser la ampliación libre de una obra novelesca y de mucha imaginación compuesta por Salomón Spaulding, un ministro retirado que se dedicó a escribir novelas con fondo bíblico, semejantes al libro de Mormón. ¿Robó José Smith de algún modo un manuscrito de Spauldin y lo hizo suyo como libro de Mormón?. Al menos así lo afirma John Spaulding, hermano de Salomón y Martha, su esposa.
Sus teorías acerca de las tribus de América pudo haberlas tomado de tradiciones que circulaban entonces respecto a la llegada de hombres blancos a este Continente antes que Colón. Spaulding por ejemplo, habla de que los romanos vinieron al Continente, aunque sin ningún fin religioso.
LOS IDIOMAS DEL LIBRO
Expertos en idiomas antiguos han examinado con detenimiento los caracteres que se publican en la historia escrita por José Smith y han declarado que no tiene que ver con el egipcio, el caldeo, asirio, árabe o alguna otra lengua oriental.
ANACRONISMOS
Es bien sabido que el nombre de Jehová fue inventado por los masoretas 1000 años después de Cristo, debido a que en el destierro en Babilonia los hebreos habían perdido la pronunciación exacta de los caracteres "YHWH". El nombre correcto de Dios es Yahvé puesto que así lo pronunciaron siempre los samaritanos que nunca estuvieron en Babilonia.
Así pues, el uso de la palabra Jehová en el libro de Mormón, supuestamente compuesto en 421, es una prueba más de que se trata de un invento de Smith y no de un libro entregado por un ángel.
DOCTRINAS DE LOS MORMONES
Lo primero que hay que notar es que los Mormones, a diferencia de las demás denominaciones protestantes, que siguiendo el dogma luterano de tomar como base de la fe tan solo la Biblia, admiten también como libro inspirado (lo cual ya es una herejía) el libro de Mormón, y también otros redactados con posterioridad por sus presidentes. Estos son "El libro la Doctrina y las Alianzas" publicado en 1835, que contiene supuestamente revelaciones hechas a José Smith; y también "La perla preciosa", "El símbolo Segundo de la Fe" escritos por Brigham Young, etc.
De todos estos libros han sacado doctrinas y prácticas esotéricas (secretas) que como lo hace notar muy atinadamente el pastor protestante E. Laird Mills, tienen mucho cuidado en ocultar a los "gentiles", que solo tienen acceso a ciertos artículos de su religión.
El primer Símbolo de Fe de los Mormones fue redactado por el fundador José Smith en 1830. Constaba de10 artículos a los cuales Young no tuvo empacho en añadir otros 3.
Vamos a reproducir a continuación lo que los mormones presentan como "artículos de fe" y en donde para empezar notaremos cómo no saben distinguir entre Dogma y Moral e ignoran lo que son los Sacramentos, ya que mezclan todo sin ninguna lógica y están plagados de errores que iremos mencionando
DOGMAS:
1er. Artículo. "Nosotros creemos en Dios, en el Eterno Padre y en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo".
Afirman creer en la Santísima Trinidad, pero su creencia es de lo más peregrina ya que dicen que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno porque tienen un "mismo propósito", usando conceptos por demás extraños. También afirman que tanto el Padre como el Hijo tienen un cuerpo como el nuestro, de carne y hueso y Brigham Young afirmaba que "Adán es nuestro Dios, el único Dios con el cual los hombres nos hemos de entender".
Acerca de Nuestro Señor Jesucristo, tienen enseñanzas de lo más absurdas. Afirman que Jesucristo, después de su Resurrección, vino a América y que es nada menos que el legendario personaje conocido con el nombre de Quetzalcóatl. Para probar la "verdad" de este aserbo, les basta con lo siguiente: "las obras y vida de este hombre barbado y blanco, corresponden de tal manera a las de Jesucristo, que solo podemos llegar a la conclusión de que se trata de la misma persona". ("El Mormonismo" por Antonio W. Ivins.)
2º. Artículo. "Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados y no por la transgresión de Adán".
Evidentemente los mormones están negando la realidad del pecado original, de tantas maneras tratado en las cartas de San Pablo.
3er. Artículo. "Creemos que por la expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio".
Nótese como los mormones no creen, como la inmensa mayoría de los protestantes, que el hombre se salva por la Fe sola, sino por las obras.
4º Artículo. "Creemos que dichas ordenanzas son: 1-Fe en nuestro Señor Jesucristo. 2-Arrepentimiento. 3-Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados. 4-Imposición de las manos para comunicar el don del Espíritu Santo".
También aquí los mormones se apartan de las demás iglesias protestantes al afirmar que por la imposición de las manos se comunica al Espíritu Santo, cosa que los protestantes no aceptan. La Iglesia Católica, de acuerdo con la Sagrada Escritura, lo realiza en el Sacramento de la Confirmación.
5º Artículo. "Creemos que cualquier hombre debe ser llamado por Dios por profecía y por la imposición de las manos, por aquellos que tienen autoridad para predicar el Evangelio y administrar sus ordenanzas".
Los mormones creen, pues, que para predicar el Evangelio se requiere recibir autorización de los que ya la tienen.
6º Artículo. "Creemos en la misma organización que existía en la primitiva Iglesia, esto es: Apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc…"
¿Cómo es posible que alguien llame a esto "Artículo de Fe"?.
7º. Artículo. "Creemos en el don de lenguas, profecías, revelaciones, visiones, sanidad, interpretación de lenguas, etc…"
Estas creencias se dan en otras denominaciones cristianas y aún en algunos sectores de la Iglesia Católica, pero ciertamente son asuntos secundarios y no ameritan ser parte de un "Credo".
8º. Artículo. "Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios en tanto que está traducida correctamente, pero también creemos que el libro de Mormón es Palabra de Dios".
Esto está en flagrante contradicción con la misma Biblia que nos advierte que nadie debe añadir nada a lo ya escrito. Con el Libro del Apocalipsis se cierra la revelación. San Juan afirma en 22,18: "Yo por mi parte declaro a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: a quien se atreva a añadirle algo, Dios añadirá sobre él todas las plagas descritas en este libro" y por lo tanto la Iglesia Católica como los protestantes han rechazado los libros llamados "Apócritos" que son documentos posteriores ciertamente interesantes y piadosos pero no inspirados por Dios como lo es la Biblia.
Por supuesto que la Biblia debe ser traducida correctamente, pero ¿quién determina la calidad de dicha traducción? Abundan las traducciones "piratas" como la de los Testigos de Jehová, que descaradamente alteran los términos a su conveniencia. La Iglesia Católica, que tiene veinte siglos de experiencia traduciendo, imprimiendo y difundiendo la Palabra de Dios, exige a cualquier edición lo que llamamos el "Imprimátur" que es la autorización oficial para su impresión. Es como el control de calidad, que tratándose de la Palabra de Dios, debe ser mucho muy estricto.
Para más abundancia, el libro de Mormón contiene cosas totalmente falsas, como por ejemplo que en sus tiempos había caballos en América y conocían el cemento para sus construcciones, cosa que no se ha encontrado en ninguna ruina arqueológica de América.
Cuando se presentan a los mormones estas objeciones, afirman que han encontrado fósiles de caballos en América y restos de carreteras de cemento, pero ¿en qué museo se encuentran dichos fósiles? ¿dónde están los restos de aquellas carreteras de cemento.
9º. Artículo. "Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que ahora está revelando y todas las demás cosas que revelará en lo sucesivo y cuyos grandes e importantes asuntos pertenecen al reino de Dios".
En otras palabras, no habrá límite a la imaginación y a la ficción. Todo esto está en flagrante contradicción, como ya hemos dicho, de que la revelación terminó con el Apocalipsis de San Juan, último de los Apóstoles.
10º. Artículo. "Creemos en el sentido literal de la congregación del pueblo de Israel y en la restauración de las diez tribus. Que Sión será edificada sobre este Continente. Que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, la cual será renovada y transformada en un paraíso de gloria".
Es nada menos que "el sueño Americano", la teoría del "Destino Manifiesto" sublimada y llevada al terreno religioso: Jesucristo gobernando al mundo entero, por supuesto desde los Estados Unidos de Norteamérica, probablemente desde Salt Lake City o al menos desde Washington.
Los tres Artículos añadidos por Brigham Young:
11º. Artículo. "Nosotros declaramos el derecho de adoración al Ser Supremo según los dictámenes de nuestra conciencia y permitimos a todos los hombres el mismo derecho, dejando que lo adoren donde quieran y como puedan".
Si así creen, ¿por qué entonces se esfuerzan tanto en arrastrar a sus filas a los católicos?
12º. Artículo. "Creemos que debemos estar sujetos a los reyes, presidentes, legisladores y magistrados del país a donde Dios nos llama a ramificar su Santa Iglesia, obedeciendo, honrando y sosteniendo la ley".
Este artículo no puede ni debe aplicarse a la letra, a pesar de que San Pablo dice que "toda potestad viene de Dios" (Rom.13,1). San Pedro, más prudente (1 Pe.2,13), pide sumisión "a los gobernadores como puestos por Dios para castigo de malhechores y alabanza de los buenos" ya que muy a menudo los gobiernos no cumplen con estas funciones, sino que de hecho han sido en muchísimas ocasiones, enemigos de Dios y de cualquier Religión, no solamente dictando leyes completamente equivocadas e injustas, sino persiguiendo a muerte a los creyentes como sucedió en México en la época Cristera y en los países dominados por el comunismo.¿Cómo obedecer, honrar y sostener tales regímenes?
13o.Artículo. "Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres".
Realmente esto no puede ser llamado artículo de Fe, sino un conato de reglas morales. Los Mormones por lo visto no saben distinguir entre Dogma y Moral.
LA MORAL DE LOS MORMONES
Hablar de la moral de los mormones no es cosa fácil, pues como ya hemos visto, sus trece artículos de Fe, de los que tan orgullosos se muestran, son todo un barullo de Dogmas, Moral y prácticas religiosas. Para complicar más las cosas, han cambiado sus ordenanzas según los tiempos, lugares y circunstancias. Cuándo en el año de 1844 se establecieron en Salt Lake City, formaron una especie de sociedad mutualista en la que se ayudaban realmente de una manera extraordinaria, pero muy pronto dieron comienzo las desavenencias y la causa, ¡quién lo creyera!, fueron las mujeres.
Siendo al principio abiertamente polígamos, cualquiera pensaría que aquel que tenía 8 o 10 mujeres, ya no codiciaría más pero fue todo lo contrario: les pasaba lo mismo que a aquellos que tienen grandes riquezas, que mientras más tienen, desean más y más. Por algo dice la Biblia: "La ambición del hombre no tiene límite".
Apenas una niña se desarrollaba como mujer, era objeto del deseo de varios mormones entre los cuales tenía forzosamente que elegir uno y de no ser así, daba lugar a que se pelearán por ella y si ella se resistía, llegaban a agredirla a ella y a su familia cometiendo crímenes que por lo general quedaban sin castigo. Todo esto fue el tema de un artículo del Selecciones del Readers Digest de abril de 1959, pero que por no tener mayor constancia, nos abstenemos de reproducir.
Las cosas cambiaron en el año de 1872, cuando Utah ingresó a la federación Norteamericana, que en sus leyes prohibe la poligamia dando nacimiento a la "Iglesia del Primogénito de la Plenitud de los Ultimos Tiempos" que siguió siendo polígama y tuvo que emigrar, estableciéndose en los estados méxicanos de Sonora y Chihuahua.
Aquello que según José Smith había sido una revelación divina y un dogma, fue dejado a un lado, al menos en apariencia, para no perder privilegios temporales en la Unión Americana.
LOS MORMONES Y LOS SACRAMENTOS.
Realmente los mormones no tienen Sacramentos ya que no tienen el Sacerdocio instituido por Jesucristo en sus Apóstoles.
El relato de cómo José Smith se creyó sacerdote, es sensacional: él y su amigo Oliverio Cowdery fueron a bautizarse mutuamente y dice: "yo le bauticé primero y luego él me bautizó a mí. Después de lo cual puse mis manos sobre su cabeza y le conferí el Sacerdocio de Aarón y luego él puso sus manos sobre mí y me confirió el mismo sacerdocio".
La candidez del relato nos hace pensar en dos niños jugando "a ser padrecitos". ¿Cómo puede nadie conferir un sacerdocio que no tiene?
Pero la cosa no termina ahí. Distinguen los mormones dos clases de sacerdocio: el de Aarón y el de Melquisedec. He aquí la forma como dice Smith que recibieron él y Cowdery el de Melquisedec: "en el año de 1830 volvieron a la tierra tres Apóstoles de Cristo: Pedro, Santiago y Juan, les impusieron las manos y los ordenaron sacerdotes según el orden de Melquisedec". Así de simple.
Partiendo, pues, de la base de que los mormones al no tener sacerdocio válido no pueden tener reales sacramentos, describiremos los ritos que acostumbran. Llaman "sacramento" al bautismo y "ordenanzas" al resto.
EL BAUTISMO MORMON.
Afirman los mormones que el Bautismo es necesario para la salvación y sin embargo caen en el error de no admitir sean bautizados los niños. Además el Bautismo debe ser realizado por inmersión y por lo tanto es inválido el conferido por la Iglesia Católica, olvidando que en el día de Pentecostés fueron bautizadas 3000 personas y que en Jerusalén no hay río para hacerlo por inmersión. San Pablo bautizó a familias enteras en sus propias casas, evidentemente por simple aspersión.
Pretenden los mormones que desde la muerte de los Apóstoles, o poco después, se perdió el verdadero sacerdocio, hasta que fue restablecido por Smith como hemos relatado y que por lo tanto todos los bautismos efectuados en ese tiempo fueron inválidos. Sin embargo, los amigos y descendientes de los difuntos que recibieron ese bautismo inválido pueden ser bautizados en su lugar y aseguran que ese bautismo por poder, es aceptado y ratificado en el cielo.
Realizan pues, los mormones, muchísimos bautismos por los difuntos cada año, pagando una suma muy elevada por ello (lo que explica, entre otras cosas, el porqué tiene tanto dinero la iglesia mormona) y llevan un impresionante registro computarizado de millones de difuntos "bautizados" de esa manera.
Pretenden autorizar esta clase de bautismos en una cita de San Pablo, que en realidad lo que afirma no es la validez de ese rito sino la verdad de la resurrección: "Si no fuera así, ¿qué ganarían los que se hacen bautizar por los muertos? Si los muertos no resucitan en absoluto, ¿por qué entonces se hacen bautizar por ello?" (1 Cor. 15,29)
LA CENA DEL SEÑOR
Los mormones no tienen ni idea de lo que significa la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en las especies eucarísticas y para colmo de males, como tienen prohibido absolutamente el consumo de bebidas alcohólicas, realizan lo que llaman Cena del Señor compartiendo galletas y agua "porque así les fue ordenado de lo alto".
EL MATRIMONIO "CELESTIAL"
Llaman los mormones "Matrimonio Celestial" al que según ellos debe durar en la otra vida por toda la eternidad. Todo matrimonio realizado sin la debida autoridad, queda disuelto con la muerte por lo que es preciso contraerlo con "autoridad divina", esta ceremonia sella la unión en la tierra y en el cielo, de manera que seguirán siendo marido y mujer, para siempre. Y sí, como sucede, tuvieron varias mujeres, no hay problema así será por toda la eternidad.
Siendo el matrimonio una "ordenanza", es esencial para ir a la gloria celestial. No reconocen, por tanto el celibato, ni consagrado a Dios en la vida religiosa, ni como una opción vital.
En su catecismo estudian los mormones la siguiente pregunta: "¿Son muchos los dioses?" y se responden: "Sí, son muchos y estos dioses continúan multiplicándose en el otro mundo por medio de sus esposas celestes, mujeres que fueron selladas a ellos en este mundo".
Esta ceremonia de "sellar" el matrimonio solo puede realizarse en el templo de Salt Lake City, acompañada de ritos secretos en los cuales no puede participar ningún "gentil". Olvidan, evidentemente, las palabras de Jesucristo que declaró a los judíos que "Después de la resurrección ni los hombres tomarán mujeres ni las mujeres tomarán maridos, sino que serán como ángeles de Dios en el Cielo". (Mt.22,29-30).
EL SACERDOCIO MORMON
Los mormones no hacen distinción entre la Confirmación y el Sacerdocio. Pero sí distinguen dos clases de él: el menor, de Aarón, que trata de las cosas temporales y el mayor o de Melquisedec, para las espirituales.
Por lo visto el sacerdocio de Aarón les ha funcionado muy bien. El 4 de agosto de 1997 la revista TIME publicó algunas cifras que nos hablan de la riqueza de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días.
Es suyo el Rancho ganadero más grande del mundo ubicado cerca de Orlando, Fla. y lleva el nombre de Desert Cattle and Citrus Ranch. Tiene nada menos que 126,000 hectáreas, valuado en $850 millones de dólares.
Gracias a su política de exigir a sus adeptos el 10 por ciento de sus entradas brutas, percibieron en 1996 la asombrosa cantidad de 5,200 millones de dólares. Esto los coloca un poco debajo de Unión Carbide en el escalafón de empresas financieras a nivel mundial, muy por encima de otras transnacionales famosas.
Sus ganancias son invertidas principalmente en agricultura, medios de comunicación, compañías de seguros, turismo y propiedades inmuebles como hoteles, centros culturales, etc.
LA "GLORIA" SEGÚN LOS MORMONES
Muy interesante es su doctrina acerca de la Gloria, ya que distinguen tres clases de ella: la celestial, la terrestre y la ¡telestial!
La mejor es la celestial, a la que solo acceden aquellos que han cumplido con todos sus deberes y ordenanzas. Se entra a ella por el matrimonio que es ordenanza esencial como hemos visto. Ahí no tienen cabida los solteros.
El segundo grado es la terrestre, que es un gloria inferior, reservada a los que no cumplieron bien todas sus leyes y mandamientos.
La telestial (buen invento) es aún inferir a la terrestre y ahí van los malvados pero no los "hijos de la perdición" que son los que habiendo conocido el Evangelio y recibido la manifestación de Dios, lo han negado. Estos últimos van al infierno, pero son muy pocos, pues según los mormones, pueden contarse con los dedos de las manos.
Respecto de los Católicos, enseñan los mormones que sí podemos salvarnos, lo que hace incomprensible su afán de convertirnos en mormones.
La Doctrina Católica comparada con las enseñanzas mormonas.
LA BIBLIA.
Catolicismo: Es la única Palabra Revelada.
Mormones: No es la única; hay otras y seguirá habiéndolas.
DIOS
Catolicismo: Dios es la Santísima Trinidad: un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Adán fue el primer hombre creado por Dios.
Mormones: Dios era antes hombre, y los hombres pueden llegar a ser dioses. Adán es Dios.
CRISTO
Catolicismo: Jesucristo es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, hecho hombre por obra del Espíritu Santo en el vientre purísimo de la siempre Virgen María. Jesús nunca se casó.
Mormones: Cristo es un hombre como José Smith, concebido de la unión del Padre Adán con María y tuvo varias mujeres como Martha y María Magdalena.
LA IGLESIA
Catolicismo: Jesucristo fundó una sola Iglesia para siempre a partir de los Apóstoles, teniendo a San Pedro como cabeza. La sucesión Apostólica en los Papas y Obispos, ha sido ininterrumpida como lo demuestra la Historia. La Iglesia es Una, Santa, Católica(Universal) y Apostólica y permanecerá hasta el fin de los tiempos.
Mormones: Como los Apóstoles le fallaron a Cristo, la Iglesia desapareció y la refundó definitivamente en los Estados unidos en 1870 con José Smith a la cabeza. La pero Iglesia es "por supuesto", la Católica.
EL HOMBRE
Catolicismo: Creado por Dios a su imagen y semejanza, cayó en el pecado original que heredamos todos. El Bautismo borra dicho pecado y nos restituye a la Vida de la Gracia, participando de la Vida Divina, haciéndonos hijos de Dios por adopción.
La poligamia es absolutamente antievangélica y contraria a los derechos humanos de la mujer.
Mormones: No existe el pecado original. Las almas antes de entrar en un cuerpo, andan vagando y se les salva dándoles el cuerpo. La poligamia es de derecho divino. El "matrimonio sellado" es para toda la eternidad, aunque sea con muchas mujeres. Los negros proceden de Caín (racismo puro) y no pueden tener puestos de dirigencia en la iglesia mormona. Los indios de raza cobriza se volverán blancos y rubios. (racismo puro).
BAUTISMO.
Catolicismo: Conviene bautizar a los niños cuanto antes para que gocen de la Vida Divina y sean ya hijos de Dios. No es necesario que sea por inmersión. Los muertos ya han sido juzgados por Dios y no podemos bautizarnos por ellos.
Mormones: No hay que bautizar a los infantes. El bautismo debe ser por inmersión y ya que los bautismos hechos por la Iglesia Católica y demás iglesias protestantes, han sido inválidos, hay que bautizarse por los difuntos para salvarlos.
EUCARISTIA.
Catolicismo: Jesucristo está real, verdadera y sustancialmente presente en las especies consagradas, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Mormones: Jesucristo no está presente ni en el pan ni en el agua con que celebran la "Cena del Señor".
EL INFIERNO.
Catolicismo: Existe y es eterno.
Mormones: No es eterno, o sea, no es infierno.
Otros sitios con valiosa información sobre este grupo:
Los mormones según www.conoze.com
Los mormones fundamentalistas según www.wikipedia.org
Lor mormones según www.corazones.org
Los mormones según www.churchforum.org
Los mormones según www.antesdelfin.com
Criando vagos
Artículo del Psiquiatra César Mella
Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela.
Se levantan irritados pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono o conectados a la Internet.
No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con 'arreglar algo en el hogar'.
Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles 'defectos' a sus padres a los cuales acusan a diario de que 'están pasaos'.
No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo.
Hay que darles su 'semanal' o mesada de la que se quejan a diario porque 'eso no me alcanza'.
Si son universitarios siempre inventan unos paseos de fin de semana que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo o habiendo fumado un pito de marihuana.
Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles.
Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 14 y los 24 años y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza.
¿En que estamos fallando?
Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevábamos al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o teníamos un pequeño salario en la Iglesia en donde ayudábamos a oficiar la Misa cada madrugada.
Lo que le pasó a nuestra generación es que elaboramos un discurso que no dio resultado:
'¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé!'.
Nunca conocieron la escasez, se criaron desperdiciando, a los 10 años ya habían ido a Disney World dos veces cuando nosotros a los 20 no sabíamos lo que era tener un pasaporte.
El 'dame' y el 'cómprame' siempre fue generosamente complacido y ellos se convirtieron en habitantes de una pensión con todo incluido que luego queríamos que fuera un hogar.
Al final se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa 'se les aprieta' en su nueva vida.
Los que tienen hijos pequeños pónganlos los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos. Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar.
También desde temprano deben aprender a lavar, planchar, cocinar para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles.
La música metálica, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó.
Estamos compelidos a revisar por los resultados si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto que el cuido de nuestros hijos queda en manos de las domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante.
Ojala que este mensaje llegue a los que tienen 'muchachos chiquitos' pues ya los abuelos pagaron la transición.
Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela.
Se levantan irritados pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono o conectados a la Internet.
No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con 'arreglar algo en el hogar'.
Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles 'defectos' a sus padres a los cuales acusan a diario de que 'están pasaos'.
No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo.
Hay que darles su 'semanal' o mesada de la que se quejan a diario porque 'eso no me alcanza'.
Si son universitarios siempre inventan unos paseos de fin de semana que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo o habiendo fumado un pito de marihuana.
Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles.
Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 14 y los 24 años y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza.
¿En que estamos fallando?
Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevábamos al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o teníamos un pequeño salario en la Iglesia en donde ayudábamos a oficiar la Misa cada madrugada.
Lo que le pasó a nuestra generación es que elaboramos un discurso que no dio resultado:
'¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé!'.
Nunca conocieron la escasez, se criaron desperdiciando, a los 10 años ya habían ido a Disney World dos veces cuando nosotros a los 20 no sabíamos lo que era tener un pasaporte.
El 'dame' y el 'cómprame' siempre fue generosamente complacido y ellos se convirtieron en habitantes de una pensión con todo incluido que luego queríamos que fuera un hogar.
Al final se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa 'se les aprieta' en su nueva vida.
Los que tienen hijos pequeños pónganlos los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos. Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar.
También desde temprano deben aprender a lavar, planchar, cocinar para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles.
La música metálica, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó.
Estamos compelidos a revisar por los resultados si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto que el cuido de nuestros hijos queda en manos de las domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante.
Ojala que este mensaje llegue a los que tienen 'muchachos chiquitos' pues ya los abuelos pagaron la transición.
A imagen de la Madre Patria
Abortando a gogó
A continuación reproducimos una colaboración del escritor Juan Manuel de Prada aparecida en el diario ABC (135), en la que se muestra la desgracia y el cinismo de una sociedad que se acostumbra a la eliminación impune de los más débiles mediante la práctica del aborto.
Un programa emitido recientemente por la televisión pública danesa demuestra que en un matadero infantil barcelonés se están perpetrando abortos a mansalva. El abortero que regenta este pingüe negocio declaraba sin empacho a la periodista danesa utilizada como cebo en el reportaje, encinta de siete meses: «Lo primero que haremos será provocar un ataque al corazón del feto, que así nacerá muerto. No hay problema».
Dos años atrás, ya el dominical británico «The Sunday Telegraph» publicaba un reportaje donde se denunciaba que en el citado matadero se estaban perpetrando abortos a granel, so pretexto de «evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada».
Tanto el programa danés como el reportaje del semanario británico demostraban que las clientes del matadero no están expuestas a ningún grave peligro; son, simplemente, mujeres que abortan por irreflexión, por pura inhumanidad, algunas veces incitadas por motivos irracionales, por una enajenación de la voluntad que los aborteros barceloneses incitan y estimulan.
Como María, una valenciana de cuarenta años que en el año 2000 acudió a este matadero, solicitando que le fuese practicado un aborto, porque el hijo que esperaba era varón, y ella deseaba tener una niña. No importó que tanto ella como el niño gestante estuviesen completamente sanos; en lugar de disuadirla de tan aberrante capricho, el abortero consumó el crimen, aprovechándose de la ofuscación de María, quien tras despertar de la anestesia cobró conciencia de la bestialidad que acababa de perpetrarse.
Por supuesto, tan aberrantes crímenes poseen siempre un móvil crematístico. A la postre, se está demostrando que el aborto, amén de un repugnante delito contra la vida de los más indefensos (a quienes el Derecho debería ofrecer una protección reforzada), es también un muy lucrativo negocio en el que se arriesga la salud de las mujeres del modo más inescrupuloso.
La plataforma ciudadana HazteOir.org acaba de presentar una denuncia ante la Fiscalía general del Estado, denunciando las prácticas del citado matadero, pero ya podemos imaginarnos que su destino será el sobreseimiento; y el matadero seguirá lucrándose sin impedimento, incluso es posible que se organicen manifestaciones de apoyo a los aborteros, como se han organizado para apoyar a quienes tan caritativamente mandaban al otro barrio a los enfermos del hospital de Leganés. España seguirá siendo la «reserva abortista de Europa», según feroz y sarcástica acuñación de Ignacio Ruiz Quintano.
Pero si la comisión a mansalva de abortos es un crimen abyecto, mucho más abyecta aún resulta la anuencia sorda de una sociedad capaz de convivir con ese oprobio. Llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a las fosas comunes del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos de horror ante las matanzas de los campos de exterminio. Sólo que las cifras del aborto serán, para entonces, mucho más abultadas y estremecedoras.
Aquellas hecatombes del pasado fueron, además, perpetradas a espaldas de la sociedad; la hecatombe del aborto se perpetra con la complicidad tácita de la sociedad, que prefiere volver el rostro a otro lado cuando se trata de defender la vida más inerme, que incluso acepta el aborto como un remedio benéfico.
Denunciar esta barbarie, genocida en el más puro sentido de la palabra, se ha convertido en motivo de proscripción y desprecio; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir cínicamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus efluvios malignos. Pero aquí los únicos efluvios que los progresistas persiguen son los del tabaco.
Algún día nuestros hijos escupirán sobre nuestras tumbas, asqueados del tamaño de nuestra abyección. Mientras tanto, en los mataderos infantiles se sigue trabajando a destajo.
A continuación reproducimos una colaboración del escritor Juan Manuel de Prada aparecida en el diario ABC (135), en la que se muestra la desgracia y el cinismo de una sociedad que se acostumbra a la eliminación impune de los más débiles mediante la práctica del aborto.
Un programa emitido recientemente por la televisión pública danesa demuestra que en un matadero infantil barcelonés se están perpetrando abortos a mansalva. El abortero que regenta este pingüe negocio declaraba sin empacho a la periodista danesa utilizada como cebo en el reportaje, encinta de siete meses: «Lo primero que haremos será provocar un ataque al corazón del feto, que así nacerá muerto. No hay problema».
Dos años atrás, ya el dominical británico «The Sunday Telegraph» publicaba un reportaje donde se denunciaba que en el citado matadero se estaban perpetrando abortos a granel, so pretexto de «evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada».
Tanto el programa danés como el reportaje del semanario británico demostraban que las clientes del matadero no están expuestas a ningún grave peligro; son, simplemente, mujeres que abortan por irreflexión, por pura inhumanidad, algunas veces incitadas por motivos irracionales, por una enajenación de la voluntad que los aborteros barceloneses incitan y estimulan.
Como María, una valenciana de cuarenta años que en el año 2000 acudió a este matadero, solicitando que le fuese practicado un aborto, porque el hijo que esperaba era varón, y ella deseaba tener una niña. No importó que tanto ella como el niño gestante estuviesen completamente sanos; en lugar de disuadirla de tan aberrante capricho, el abortero consumó el crimen, aprovechándose de la ofuscación de María, quien tras despertar de la anestesia cobró conciencia de la bestialidad que acababa de perpetrarse.
Por supuesto, tan aberrantes crímenes poseen siempre un móvil crematístico. A la postre, se está demostrando que el aborto, amén de un repugnante delito contra la vida de los más indefensos (a quienes el Derecho debería ofrecer una protección reforzada), es también un muy lucrativo negocio en el que se arriesga la salud de las mujeres del modo más inescrupuloso.
La plataforma ciudadana HazteOir.org acaba de presentar una denuncia ante la Fiscalía general del Estado, denunciando las prácticas del citado matadero, pero ya podemos imaginarnos que su destino será el sobreseimiento; y el matadero seguirá lucrándose sin impedimento, incluso es posible que se organicen manifestaciones de apoyo a los aborteros, como se han organizado para apoyar a quienes tan caritativamente mandaban al otro barrio a los enfermos del hospital de Leganés. España seguirá siendo la «reserva abortista de Europa», según feroz y sarcástica acuñación de Ignacio Ruiz Quintano.
Pero si la comisión a mansalva de abortos es un crimen abyecto, mucho más abyecta aún resulta la anuencia sorda de una sociedad capaz de convivir con ese oprobio. Llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a las fosas comunes del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos de horror ante las matanzas de los campos de exterminio. Sólo que las cifras del aborto serán, para entonces, mucho más abultadas y estremecedoras.
Aquellas hecatombes del pasado fueron, además, perpetradas a espaldas de la sociedad; la hecatombe del aborto se perpetra con la complicidad tácita de la sociedad, que prefiere volver el rostro a otro lado cuando se trata de defender la vida más inerme, que incluso acepta el aborto como un remedio benéfico.
Denunciar esta barbarie, genocida en el más puro sentido de la palabra, se ha convertido en motivo de proscripción y desprecio; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir cínicamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus efluvios malignos. Pero aquí los únicos efluvios que los progresistas persiguen son los del tabaco.
Algún día nuestros hijos escupirán sobre nuestras tumbas, asqueados del tamaño de nuestra abyección. Mientras tanto, en los mataderos infantiles se sigue trabajando a destajo.
El mito sobre el sexo seguro
Por Lourdes Casares de Félix
León ha sido sede del X Congreso Nacional sobre VIH / SIDA . El objetivo del mismo es ampliar el conocimiento sobre este padecimiento a través de trabajos de investigación e intervención que se han realizado a nivel nacional. Esto incluye la labor preventiva y de educación. En lo que respecta a estas áreas, cabe mencionar que se hace una gran promoción a los jóvenes sobre la efectividad del uso del condón para que “vivan su sexualidad” con “seguridad”. Esta palabrita infiere que no podrá haber embarazo, ni Sida, ni enfermedades de transmisión sexual. Pero ¿qué tan ciertas son todas esas garantías que se prometen?
En el 2002 El Population Action International elaboró un estudio sobre la resistencia de los preservativos y declaró como conclusión que: “la mala calidad rara vez es causa del fallo de un preservativo. La garantía es de “casi” un cien por ciento, “siempre” que su utilización sea la correcta.”
Este “casi” cien por ciento de efectividad se reduce además cuando se considera que el material de los condones es artificial. El látex con el que están fabricados tiene que mantenerse en temperatura media entre 10 y 25 grados para no perder sus propiedades. Después de su elaboración en la fábrica, es común que se transporte a temperaturas arriba de 35 grados en verano y en invierno debajo de 10. Posteriormente se almacena en lugares donde la temperatura no está controlada hasta llegar a la bolsa de un pantalón o cartera en espera de uso.
La prueba de control de calidad del condón se lleva a cabo en el laboratorio donde los grados de temperatura están controlados. Obviamente el resultado de pruebas de error es mínimo y la calidad garantizada. Si las pruebas se hicieran después del recorrido que tiene un condón y afuera del laboratorio, los resultados quizás serían otros.
Otro problema es la necesidad de saber utilizarlo bien y otro más es que existe la posibilidad de que el virus pueda filtrarse a través de los poros del látex. El preservativo disminuye la transmisión de los virus de algunas enfermedades pero no así en las de origen bacteriano ya que con el solo roce de genitales se contagian.
Entonces ¿por qué el engaño del sexo seguro? La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha realizado campañas de prevención con el condón pero la conclusión de 1999 es que no han sido de gran utilidad. Los estudiosos del tema no conocen los resultados de 2004 y sospechan que no se han publicado porque han aumentado las tasas. Un médico brasileño hizo un estudio con 250 parejas, en las que uno de ellos estaba infectado y debían usar preservativo para evitar la transmisión. El 23% se contagió a pesar de haber empleado el condón.
Entre las campañas de hoy se encuentra una con el futbolista Ronaldo que dice: “Juega sin riesgo, con el Sida no te la juegues. Protégete”(con condón). Aparte de trivializar la relación sexual convirtiéndola en juego, engaña a los jóvenes haciéndoles pensar que no se contagiarán. El condón reduce pero no elimina el riesgo. Una mejor alternativa se aprecia en uno de los anuncios que utilizó Uganda para bajar las tasas de Sida exitosamente: Se ve la cara de un chico que dice “¡Es mi futuro! Yo quiero ser ingeniero. El sexo puede esperar.”
Desgraciadamente, al parecer, los intereses políticos y económicos pueden más ya que a nivel nacional no se ve un esfuerzo por imitar el exitoso método de Uganda promoviendo el “saber esperar” y la fidelidad, en vez de esto se perpetúa el terrible engaño del sexo seguro en vez de hacer una campaña de sexo inteligente donde la inteligencia orienta y encauza las tendencias sexuales.
Nota: el único sexo seguro, es el realizado dentro del matrimonio fiel de por vida. Lo demás es mentira.
León ha sido sede del X Congreso Nacional sobre VIH / SIDA . El objetivo del mismo es ampliar el conocimiento sobre este padecimiento a través de trabajos de investigación e intervención que se han realizado a nivel nacional. Esto incluye la labor preventiva y de educación. En lo que respecta a estas áreas, cabe mencionar que se hace una gran promoción a los jóvenes sobre la efectividad del uso del condón para que “vivan su sexualidad” con “seguridad”. Esta palabrita infiere que no podrá haber embarazo, ni Sida, ni enfermedades de transmisión sexual. Pero ¿qué tan ciertas son todas esas garantías que se prometen?
En el 2002 El Population Action International elaboró un estudio sobre la resistencia de los preservativos y declaró como conclusión que: “la mala calidad rara vez es causa del fallo de un preservativo. La garantía es de “casi” un cien por ciento, “siempre” que su utilización sea la correcta.”
Este “casi” cien por ciento de efectividad se reduce además cuando se considera que el material de los condones es artificial. El látex con el que están fabricados tiene que mantenerse en temperatura media entre 10 y 25 grados para no perder sus propiedades. Después de su elaboración en la fábrica, es común que se transporte a temperaturas arriba de 35 grados en verano y en invierno debajo de 10. Posteriormente se almacena en lugares donde la temperatura no está controlada hasta llegar a la bolsa de un pantalón o cartera en espera de uso.
La prueba de control de calidad del condón se lleva a cabo en el laboratorio donde los grados de temperatura están controlados. Obviamente el resultado de pruebas de error es mínimo y la calidad garantizada. Si las pruebas se hicieran después del recorrido que tiene un condón y afuera del laboratorio, los resultados quizás serían otros.
Otro problema es la necesidad de saber utilizarlo bien y otro más es que existe la posibilidad de que el virus pueda filtrarse a través de los poros del látex. El preservativo disminuye la transmisión de los virus de algunas enfermedades pero no así en las de origen bacteriano ya que con el solo roce de genitales se contagian.
Entonces ¿por qué el engaño del sexo seguro? La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha realizado campañas de prevención con el condón pero la conclusión de 1999 es que no han sido de gran utilidad. Los estudiosos del tema no conocen los resultados de 2004 y sospechan que no se han publicado porque han aumentado las tasas. Un médico brasileño hizo un estudio con 250 parejas, en las que uno de ellos estaba infectado y debían usar preservativo para evitar la transmisión. El 23% se contagió a pesar de haber empleado el condón.
Entre las campañas de hoy se encuentra una con el futbolista Ronaldo que dice: “Juega sin riesgo, con el Sida no te la juegues. Protégete”(con condón). Aparte de trivializar la relación sexual convirtiéndola en juego, engaña a los jóvenes haciéndoles pensar que no se contagiarán. El condón reduce pero no elimina el riesgo. Una mejor alternativa se aprecia en uno de los anuncios que utilizó Uganda para bajar las tasas de Sida exitosamente: Se ve la cara de un chico que dice “¡Es mi futuro! Yo quiero ser ingeniero. El sexo puede esperar.”
Desgraciadamente, al parecer, los intereses políticos y económicos pueden más ya que a nivel nacional no se ve un esfuerzo por imitar el exitoso método de Uganda promoviendo el “saber esperar” y la fidelidad, en vez de esto se perpetúa el terrible engaño del sexo seguro en vez de hacer una campaña de sexo inteligente donde la inteligencia orienta y encauza las tendencias sexuales.
Nota: el único sexo seguro, es el realizado dentro del matrimonio fiel de por vida. Lo demás es mentira.
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